viernes, 19 de septiembre de 2008

Guía práctica para conocer el Uruguay – Episodio XIV: El tránsito en Montevideo

En los episodios IV y X de esta mismísima Guía, me referí a dos medios de transporte público de la capital de la República: el ómnibus y el taxi. En ocasión del capítulo referido al automóvil equipado con taxímetro, el Santi tiró como sugerencia, dedicar algún capítulo a los vehículos particulares y a los carritos de los hurgadores. Si bien en esos momentos yo me encontraba tapada de trabajo, inmediatamente hice caso a su sugerencia y me largué a escribir esto que ahora estás leyendo, estimado guiado.
A primera pensada a una se le ocurre que el tránsito en Montevideo es caótico. Pero decir que el tránsito en esta ciudad es caótico es faltar a la verdad. El tránsito es caótico en Calcuta, en donde hay millones y millones de personas, y miles y miles de vacas que andan por las calles como si tal cosa. En Montevideo el tránsito es muy caótico, no debido al número de habitantes (que haciendo fuerza llega al millón y medio escaso), sino porque se sabe que el lema de nosotros los montevideanos -que en mi modesta opinión, debería figurar en el escudo de la ciudad- es "por qué hacer algo bien, si podemos hacerlo mal, e incluso, peor".
Montevideo cuenta con avenidas, bulevares, calles, callejuelas y hasta algún camino de tierra, sobre todo en la periferia. No siempre la señalización es clara, y hay calles que se chocan abruptamente contra un paredón, para renacer, tal vez, más adelante; hay calles flechadas que cambian de dirección, calles que hacen curvas inesperadas, calles que cambian de nombre, nombres que cambian de calle... El concepto de “paralelas” no forma parte del acervo cultural de nuestros urbanistas. Pero el asunto realmente complicado no es el de las calles, sino el de la gente que las transita, ya sea en calidad de peatón, ciclista o conductor de carro, moto, auto, camioneta, taxi, ómnibus o camión. Sólo falta el viejito aquel de la película de David Lynch
1 que viajaba en una cortadora de césped, o capaz que yo no lo he visto, pero por ahí anda.
Enfoquémonos, por poner un caso, en los ciclistas. La bicicleta, sin duda alguna, constituye un medio de transporte económico, no contaminante y beneficioso para la salud, aunque ser ciclista en Montevideo equivale a correr delante del toro en Pamplona durante los sanfermines. Resulta que hay muy pocas bici-sendas, y las que hay están transitadas por cualquiera, excepto por ciclistas, porque basta que pavimenten un sendero y pongan señales de bici-senda, para que inmediatamente se llene de gente que se pasea con cochecitos de bebé, o con ocho perros o que salió a estrenar su flamante prótesis de cadera. Por lo tanto, los ciclistas andan zigzagueando entre los ómnibus y camiones, sin luces y sin casco, claro está, porque igual la culpa de todo la tienen los peatones o los conductores de coches, que no los ven venir. Una vez, hace unos años, yo me bajaba tranquilamente de un ómnibus cuando fui embestida por un intrépido ciclista se largó nomás así como venía por el espacio que quedaba entre el ómnibus y el cordón de la vereda. Por supuesto que la culpa fue mía, por apearme sin mirar para atrás. La culpa de que él se cayera, claro, porque se necesita mucho más que un ciclista embalado para derribar los 50 kg escasos que yo pesaría por aquel entonces.
Los carritos son otra historia. Se trata de vehículos de diferente tamaño, movidos a tracción a sangre, ya sea por un cristiano, o por un caballo. Son utilizados por los hurgadores, o recicladores, que recorren la ciudad buscando cuanto objeto les resulte útil o vendible, y cargándolo todo en sus carros: papeles, cartones, chapas, envases de plástico o vidrio, ropa, colchones, juguetes, herramientas, bolsas, muebles viejos, artefactos de todo pelo, y, claro está, comida. La capacidad de un carro es infinita; no importa cuán lleno esté, siempre tiene lugar para una silla con tres patas más. La capacidad muscular de quien tira del carrito es asombrosa, porque allá va el pobre tipo cinchando de su carro, cuesta arriba por algún repecho... Los más pudientes tienen carros grandes, tirados por caballos tan exhaustos y malcomidos como sus propietarios. Lo que no le puede faltar a ningún hurgador es un perro, que allá va, con su trotecito atravesado, siguiendo a su dueño a sol y a sombra.
Los motociclistas son otra especie interesante; los hay que manejan motitos de 50 cc que la única diferencia que tienen con las bicicletas es que hacen ruido y contaminan el aire, hasta los barbados motoqueros de campera de cuero que parecen salidos de la película “Busco mi destino”
2 . No importa qué moto monten: todos creen que la suya es una Harley Davidson y que la calle Colonia es la Ruta 66, en perticular los hell angels que hacen repartos de correspondencia o de pizza, a una velocidad que ni siquiera se justificaría en caso de incendio. Es obligatorio usar casco, cosa que se cumple en la mayoría de los casos, particularmente de día; por la noche, los ruidosos centauros suelen preferir andar con la cabellera al viento, y a veces, hasta de a tres, que no sé cómo se las arreglan para caber en el asiento. En las zonas periféricas suele haber "picadas" por la noche, para beneplácito de los vecinos, porque no debe de haber ningún sonido más parecido a un arrullo que el de dos o más motos de corriendo a 200 km por hora (y a veces seguidas por un patrullero que va a 80).
El panorama más diverso, probablemente, sea el de los automóviles particulares, porque la fauna automotriz montevideana -aunque tal vez sea más correcto hablar de uruguaya- es de lo más variopinta. Conviven los últimos modelos que todavía tienen la pintura fresca, con los primeros llegados al país a comienzos del siglo pasado, y habría que fijarse bien si todavía no circula algún prototipo diseñado por Karl Benz en persona. Es así que conviven el Peugeot 407 full con el fusca del año 70, los modelos de la Europa del Este de los 90 con algún Golden Rocket del 56, los Fiat 600 y las Izetas con los Ford Falcon, las citronetas del 70 con los Audi actuales, y por supuesto, los Fiat Uno y los Volkswagen Gol de todos los años... Eso sí, no importa la marca, el modelo, el año ni el estado de conservación –o de deterioro- del velocípedo: todos se creen Lewis Hamilton, aún los veteranos que sacan el Simca 1000 los domingos y se pasean a 35 Km por hora.
Para manejar taxis, ambulancias, ómnibus y camiones, se requiere entrenamiento especial y libreta profesional, lo que, según entiendo, equivale a sacar patente de corso; los conductores se convierten así en dueños de los siete asfaltos, pero es justo reconocer que, sin pedir nada a cambio, vierten su crítica constructiva acerca de las habilidades de los demás conductores, así como no dudan en brindarles sugerencias, consejos e instrucciones a quienes lo necesitan, que son todos los otros.
Un espectáculo maravilloso –y gratuito- lo constituyen los ómnibus interdepartamentales, que como se dirigen a otras partes del país, manejan en plena ciudad como si estuvieran ya en la carretera, no sea cosa que después no agarren el ritmo. Así es que Avenida Italia, 8 de Octubre, Garzón, por sólo citar algunas avenidas, sirven de pista de entrenamiento para estos bólidos, o tal vez sería más correcto decir, de pista de despegue.
Pese a que se supone que éste es un país bastante alfabetizado, ocurre que muchos conductores no entienden las señales de “Pare”, “Ceda el paso” y similares, así como ocurre con los peatones, que tampoco distinguen el anuncio de “Cruce” del de “No cruce” en los semáforos. Un dato curioso es que Montevideo es una de las ciudades del mundo con mayor número de daltónicos, que no perciben los colores de las luces del semáforo, y lo que es aún más raro, las rayas blancas de las cebras. Aunque tal vez no se trate de un problema particular de los montevideanos, porque a juzgar por las matrículas de los autos que se ven por la ciudad, un gran número de vehículos procede de otras partes del país; imagino que vienen por múltiples razones a la capital, porque jamás se me ocurriría pensar que un conciudadano llevara su coche a matricular a otro lugar, sólo porque es más barata la patente de rodados, líbranos Ford de semejante idea.

Y con esto termina el décimocuarto capítulo de esta novela por entregas titulada “Nunca quise conocer Uruguay pero después de leer esto, se me fueron las ganas”.



1 “The Straight Story” (“Una historia sencilla”), 1999
2 “Easy rider” (1969): escrita, e interpretada por Dennis Hopper y Peter Fonda, y dirigida por el primero

14 comentarios:

juan pascualero dijo...

Genial como de costumbre. Faltaría agregar que el alto índice de fallecimientos por enfermedades cardíacas le debe mucho al tránsito capitalino sin mencionar los accidentes. Besos.-

andal13 dijo...

Juan: Ahora que decís esto, me doy cuenta de una ausencia imperdonable... me olvidé de las ambulancias!!!!!!!

VUELVO AL SUR.. dijo...

Interesantísimo el relato¡¡
Cuando estuve en Montevideo, el año pasado, vi esos famosos carritos tirados a caballo (los hurgadores).
Es simpatiquisimo lo que cuentas, aunque sea, dentro de todo, la realidad de ustedes. No deja de ser romántico el relato para quienes tenemos que imaginar las cosas desde aquí.
Un saludo

Martín dijo...

Es una pesadilla. Yo no soy muy fanático de manejar, y la verdad que el tránsito montevideano no me ayuda.

Me gusta a veces, tarde en la noche, que puedo andar más relajado, sin pensar si el auto de al lado está muy cerca, si el de adelante va a frenar de golpe, o esperando a ver si el ómnibus se corre al carril de la derecha de una buena vez.

Justo hoy (en realidad ayer) estaba todo cortado en el centro, y era un caos. Suerte que había paro de ómnibus! Enserio, con la flota completa en la calle, hubiera sido todavía peor...

andal13 dijo...

Vuelvo al Sur: imagino que el tránsito en Ciudad de México debe de figurar en la categoría "caótico"... claro, para que fuera "muy caótico" allí harían falta muuuuuchos más montevideanos al volante!!!


Martín: es que disfrutar de manejar en Montevideo en las horas pico, denota una psicopatía importante!!!
Por ejemplo, intentar estacionar en Pocitos un sábado a las 22 horas, es una experiencia que pone a prueba la salud mental del más estable y equilibrado de los mortales.
Bueno, te digo en confidencia, que yo ni siquiera manejo...

Le Santi dijo...

Hola Andrea:

Mirá, te llamo para decirte que tu posteo está demás...esperá, esperá que este hijo de puta se me tiró para la izquierda sin prender el señalero la c... de su madre!!! Bué, sigo, está buenísima la entrada, aunque es más bien desde el punto de vista del peatón... pará otro poquito ¡vó, vieja de mierda, que esto sea una cebra no te habilita a tomarte dos días para cruzar!!! má sí, yo arranco, rroarrr!!!... Ay!! la roja, puta madre!!! ¿Freno o no freno? Sí, freno.Hiiii!! Crash!!! Ta pará Andrea, así no se puede, saco la moto que está enredada en el caño de escape, despego al motociclista del parabrisas trasero y después te llamo. No sé pa qué tengo celular si después no lo podés usar...

andal13 dijo...

Santi: ¡¡¡Mirá para adelante!!! ¿No ves que nos vamos a matar por tu culpa????

Más bien que está escrito desde el lado del peatón y del pasajero del transporte público... a lo más que llego es a manejar bicicleta y caballo, y ambos vehículos con reparos!!!!

FLACA dijo...

¡Perfecto!....sólo faltaron las puteadas de la Flaca cuando circula en el viejo Amazon. Ya no se puede ni andar. Un besote.

mArXelLa dijo...

Andrea hermosa! estoy de regreso ya, la verdad es que la vida me trae vuelta loca de un lado para el otro, precisamente en el tránsito de la Ciudad de México! Ahora que tenga tiempo me pongo al día en lo que no he leído, pero te dejo un abrazo y un beso enorme!

andal13 dijo...

Flaca: me niego a creer que una lady com tú profiera alguna clase de improperio mientras maneja...!!! A lo sumo será algo así como "¡Oh, cielos, qué horror...!"

Marxella: apareciste!!! Te extrañábamos un montón... Es que venir conduciendo desde México hasta aquí lleva su tiempo, claro!

SUSANA dijo...

Ahhhhhhhhhhhh!!!! Me quedo más tranquila, manejaría como en Mendoza!

"No existe tráfico peor que el de Mendoza" es una frase que debería estar en la Biblia.

Buenísimo Andre, me he divertido mucho mientras te leía...pensé que te habías inspirado en mis pagos!

Besitossssssssssssss!!!!!

andal13 dijo...

Susana: bueno, imaginate el tránsito mendocino, pero con calles que no van todas parejitas y cuadriculaditas... sino que tienen vocación de laberinto!!!!
Vení a manejar por acá cuando quieras... ¡¡¡los demás conductores te tratarán con la misma exquisita amabilidad con la que se tratan entre sí!!!!

Edgardo dijo...

Y yo que creí que en Buenos Aires el transito era simplemente un caos, veo ahora que, como bien aclaras, lo de su ciudad es realmente alarmante (lo digo por la cantidad de habitantes, porque aquí somos cinco millones y ahí un millón y monedas). Creo que todos somos demasiados maleducados, solo nos importa lo que nos pase a nosotros y que los demás (incluido normas de transito, leyes, ordenanzas municipales, etc.) se pueden ir allí donde el sol no pega nunca y morir de espanto. Una pena, se ve que en todos lados vamos apurados a ninguna parte, en todos lados somos egoistas y en todos lados somos malos ciudadanos.

Creo que deberías haber hablado de los cortes de calles por manifestaciones (varías) y los famosos piquetes (que no son manifestaciones, son otra cosa, aunque son parecidas no tienen nada que ver en esencia) de los piqueteros. Todas vías de denuncia validas (y que en la mayoría de los casos apruebo) pero que hacen la vida mas difícil de todos, en todos los casos. Eso también entorpece el transito. Ni hablar cuando los cortes de calles se juntan con el arreglo del pavimento por parte del municipio, el estado nacional o vaya uno a saber quien y no hay por donde andar.

Nunca soporte las bocinas de los autos.

Como siempre un fantástico informe para esta sucesión de entregas que no hacen otra cosa que quitarme las ganas de viajar a Montevideo (y cada día mas, ja, ja, ja).

Te dejo un beso grande.

HologramaBlanco

andal13 dijo...

Edgardo: lo que aún no han logrado hacer los conductores de ómnibus de Montevideo es lo que hacen los colectiveros en Buenos Aires: doblar las equinas en dos ruedas!!! Pero imagino que se debe a que los ómnibus son más grandes que los micros, y no porque no lo intenten!!!
Lo de las manifestaciones y cortes no es tan frecuente últimamente, pero tenés razón, a veces provocan desvíos y una termina conociendo sitios de la ciudad que hubieran permanecido en el anonimato de no ser por los manifestantes!