lunes 1 de febrero de 2010
Nobody told me nada
sábado 16 de enero de 2010
Acerca de la necesidad de convertirme en propietaria de una parrilla
sábado 9 de enero de 2010
Acuérdate de no olvidarte
sábado 2 de enero de 2010
La Biblia y el Calefón
sábado 19 de diciembre de 2009
No son ellos, soy yo
Ahora bien, me está pasando desde hace unos cuantos años que no entiendo algunas pautas publicitarias. Así nomás, no entiendo qué carajo me quieren vender, o no entiendo si los creativos se piensan de verdad que con ese mensaje pelotudo me van a tentar al consumo del producto. Una vez, hablando al respecto con mi amiga Bea que trabaja en una agencia de publicidad, me dijo algo así como que si el mensaje no me llega, es porque el producto -o la campaña- no está dirigido a mí. Ni que decir que ahí me quedé más tranquila: el problema no son ellos, soy yo.
sábado 12 de diciembre de 2009
La más friki (o al menos, eso me creía yo)
Nuestro amigable vecino Peter Parker, que desde su blog MVD 1138 nos mantiene informados acerca de las novedades del frikiverso[i] tenía allí un stand, así que pensé que bien podría darme una vuelta. Ya en la parada del ómnibus -esta vez era el 128, informo a los seguidores de mis andanzas en el 409- me encontré con un alumno del Nocturno, ávido consumidor de manga[ii], animé[iii] , novelas y películas de ciencia ficción y aventuras, que lucía orgullosamente su remera de Watchmen (sospecho que no se la saca desde el pre-estreno de la película)[iv]. Evidentemente también se dirigía a Continuará, así que fuimos juntos.
Al llegar, la casona parecía un colegio surrealista a la hora de salida: docenas de adolescentes vestidos y maquillados de las formas más extravagantes poblaban la vereda y los jardines. Armándome de coraje, respiré hondo, saqué mi entrada y me abrí camino entre caballeros de Age of Empires[v], pitufos, hadas, ninjas y decenas de personajes que no logré -ni lograré- identificar. Ah, también había algunos seres extrañísimos con remera, pantalón vaquero, championes y nada de maquillaje... al menos yo tuve la precaución de ir maquillada.
El patio posterior de la casona estaba atestado de personas que seguían con atención a los intérpretes del karaoke, admiraban disfraces ajenos, lucían los propios, explicaban de qué estaban disfrazados, intercambiaban datos y piques, y hacían cuanta actividad pueda hacer una muchedumbre integrada fundamentalmente por adolescente en un espacio abierto y a la luz del día.
Finalmente, logré hacerme paso hasta la entrada, también atestada de gente que revolvía bateas con revistas de historietas, miraba muñecos de acción, jugaba videojuegos o a las cartas (no, m'hijo, no jugaban al truco sino al magic, que en vez de sota de bastos tiene dragones y criaturas de los pantanos). Lo que más me impactó fue el intenso aroma a espíritu adolescente que impregnaba el aire, por lo que ni bien gané la escalera subí por ella en procura de alturas más aireadas y menos olorosas. Afortunadamente, el stand que compartían Peter y Nicolás Peruzzo[vi] se encontraba en el piso superior, estratégicamente ubicado junto a un balcón que permitía respirar sin agobios.
Una vez realizados los saludos, comencé a recorrer las instalaciones de la planta alta, entre vampiros, Narutos, pitufos, catgirls (sí, sí, chicas gato, en el sentido literal y/o metafórico, depende) Frutillitas y decenas de personajes del manga japonés que jamás reconoceré (los narutos son fáciles de identificar por los pelopinchos y la vincha con la chapa en la frente, en donde lucen el espiral del aspirante a ninja).
¿Qué había en los diferentes stands? Revistas de historietas, novelas gráficas, novelas tradicionales, tatuadores, ropa, maquetas, posters, muñecos de acción, muñecos de tela, videojuegos, acesorios, talleres de dibujo... Algunos de los puestos eran temáticos (como el estupendo “Cartón Milenario”, atendido por la Princesa Leia, o el de Star Trek, atendido por el Capitán Kirk en persona), y otros eran más generales.
En el patio posterior se organizaron varias actividades, de las cuales presencié sólo el karaoke: chicas y chicos vestidos como personajes de animé que cantaban en perfecto japonés -o disimulaban muy bien-, pero también hubo twister en masa (el twister es ese juego que se practica sobre una alfombra que tiene circunferencias de colores, y donde los participantes por turnos deben poner la mano derecha sobre la circunferencia amarilla, luego el pie izquierdo sobre la circunferencia azul, y así hasta que quede hecho un nudo... imagino que al jugarlo entre un montón de personas daría como resultado final algo similar al monumento "El Entrevero" de la Plaza Fabini). También había un torneo de Soft Combat, combate en el que los "guerreros" se enfrentan armados con unos cotonetes gigantes; juegos de preguntas y respuestas, toques de bandas, sorteos de todo tipo, y concursos de cosplays, que en mi opinión es lo más atractivo. ¿Y qué es un cosplay? El término es un neologismo en inglés que mezcla "costume" (disfraz, vestimenta) y "play" (actuación y también juego, en el sentido lúdico, y no en el timbero). Entre los cosplayers –o sea, tipos y tipas disfrazados- había de todo: vampiros, personajes de Super Mario Bros., el propio Terminator, la princesa Leia, ninjas... y cuanto etcétera pueda imaginarse. Cabe señalar que el cosplay tiene más gracia si es casero, es decir, el propio participante confeccionó el traje con sus manitas laboriosas. No sé quién se llevó el premio al mejor cosplay; seguramente Peter nos ilumine al respecto (destaco que él estaba disfrazado de sí mismo, en un cosplay de lo más convincente).
Ahora bien, honestamente, creí que el premio a “lo más friki” del Continuará me lo iba a llevar yo: una señora que mínimamente duplicaba -cuando no triplicaba- la edad de la mayoría de los asistentes, vestida con un estilo que podría calificarse de boho-chic (pantalón vaquero, zapatos de taco, remera con detalle de puntillas y collar artesanal) realmente llamaba la atención, lo digo con toda inmodestia... pero el punto me lo mató un individuo que no sólo osó ir vestido de “hombre común”, sino que se presentó... ¡con termo y mate! Claro, ante semejante despliegue de rareza, el premio se lo llevó él.
Creo que el año que viene me animaré a ir otra vez. Eso sí, estamos gestionando con Peter, Nicolás, Arlequín y Hiedra Venenosa (todos ellos adultos) la distribución gratuita de desodorantes, o en su defecto, iremos con máscara antigás, a ver si el espíritu adolescente nos impacta un poco menos en las fosas nasales.
Y aquí les dejo algunas fotos:



Ni idea a quién representa, pero cantaba muy bien[ii] Manga, historieta japonesa. No confundir con la parte de la vestimenta que cubre los miembros superiores, que casualmente, se llama igual.
[iii] Más o menos lo mismo, pero animado.
[iv] Por más datos, buscar en este mismísimo blog el artículo “El día que perdí mi frikinidad”
[v] La Era de los Imperios, serie de videojuegos de corte histórico
[vi] Excelente creador de historietas; no dejen de visitar http://ninfacomics.blogspot.com/
sábado 5 de diciembre de 2009
Desesperada
Por eso, hacer una larga cola para un trámite o viajar 50 minutos en un ómnibus para ir de A hasta B, son instancias en las que podría llegar al borde del ataque de nervios, cual chica Almodóvar, si no fuera porque cargo con una mochila llena de actividades que pueden ser realizadas en espacios públicos: corregir tareas, leer, o escribir esto mismísimo que estás leyendo, por citar algunas.
Ahora bien, la espera impuesta en la sala de espera de un médico, tiene el agregado de que una va allí a esperar que la atiendan, en circunstancias que habitualmente no son particularmente gratas. Sin embargo, algunas personas parecen encontrar allí un ámbito de socialización sanitaria que estoy muy lejos de comprender.
Ni que hablar de la sala de espera del ginecólogo, que suele conjuntar una fauna de lo más particular, y evidentemente femenina, salvo por uno o dos maridos que en cumplimiento del débito conyugal, se encuentran allí con signos de una incomodidad tal que parece que están sufriendo cólicos menstruales o las primeras contracciones del trabajo de parto.
Cuando me llega el momento de la visita anual a mi ginecóloga, allá voy bien provista de deberes para corregir, o del libro más gordo que encontré en mi biblioteca, o del ogo (esta última vez, llevé un fajo de deberes Y el ogo, y cuando terminé de corregir me puse a escribir algo acerca de lo que es esperar en las salas de espera del ginecólogo) pero ni aún así puedo abstraerme de la charla que se genera, de la cual suelen ser partícipes dos o tres señoras mayores, y la o las embarazadas de turno. Es así que una se entera de cuántas semanas está esa perfecta desconocida, de si es el primero, de si es nena o varón, y de cómo fueron todos y cada uno de los embarazos, partos o cesáreas de las demás pacientes. Por otra parte, se enumerarán las virtudes y defectos -si los tuviere- del médico que estamos esperando, se defenestrará a tal otro ginecólogo, se hará un análisis crítico acerca de los mejores lugares para hacerse la mamografía o el Papanicolau, alguna señora contará con el más morboso lujo de detalles la histerectomía a la que fue sometida hace ocho años, con la idea de deslumbrar al auditorio, hasta que otra que se la hizo el mes pasado le mate el punto porque no va a comparar las técnicas de antes con las de ahora.
Por supuesto no todas las (im)pacientes participan del simposio de ginecología y obstetricia; están las que como yo llevan su novela, la revista de palabras cruzadas o el reproductor de mp3 y se ponen a escuchar música ajenas (o no tanto) a la charla, pero siempre hay al menos una o dos mujeres que cometieron la imprudencia de no llevar nada para hacer, y que no sólo no tienen interés en conocer cuántos puntos le dieron en la episiotomía a la señora de musculosa violeta, sino que les espanta saber tanto detalle.Particularmente me preocupan aquellas mujeres que son hipocondríacas, o ni tanto, pero que no toleran mención alguna a cirugías o a procedimientos invasivos, y se tienen que bancar la charla como quien soporta una autopsia en vivo y sin anestesia, y las jovencitas que van por primera vez a un ginecólogo, con un poco de vergüenza o hasta temor, y se encuentran con esa especie de antesala de un infierno lleno de DIUs, colposcopías, espéculos y menopausias. Más de una de ellas seguramente saldrá de allí con la firme decisión de realizarse un cambio de sexo, sólo para no tener que volver a la sala de espera de un ginecólogo nunca más en la vida.
No se me ocurre cómo hacer para evitar estas jam sessions ginecológicas... ¿Poner una mampara y dividir la sala de espera en dos para “entusiastas del ateneo médico” por un lado y “ni loca que estuviera escucharía el relato de tu salpingoclasia” por otro?
Se reciben ideas.
Epílogo
Como ni Hipócrates ni Galeno quieren cosas chanchas, después de escribir lo anterior fui castigada: el domingo, cuando volvía en el 147 luego de ejercer mi derecho al voto, escuchando en mi aparatito de mp3 las peripecias de la jornada electoral, se sentó a mi lado una señora con bastón y así de gorda que me dejó como estampada contra la pared del ómnibus, y sin importarle en lo más mínimo mi pretendido aislamiento sonoro y electoral, pasó a relatarme con el más innecesario lujo de detalles los problemas que le acarrea la úlcera varicosa, con la correspondiente y más innecesaria aún exhibición del vendaje...
domingo 29 de noviembre de 2009
A Don José
"A Don José" - Los Olimareños (en vivo)
...
Comienza el festejo: un vecino, cañita voladora en mano, emula a la estatua de la libertad ....
Las columnas del alumbrado público no quisieron estar ausentes
sábado 14 de noviembre de 2009
Tarde y mal
Estimados lectores: habitualmente actualizo los sábados a las 8:00 de la mañana, pero últimamente estoy faltando a la cita sabatina. El trabajo y otras actividades que realizo, me impiden cumplir en tiempo y forma con ustedes (y conmigo, porque me gusta muchísimo escribir para el blog).
Ahora bien, como les digo una cosa, les digo la otra: se me ocurrió una idea (bah, se le ocurrió a Goliardo) y empecé a desarrollarla, pero no tuve tiempo de hacer la debida investigación (sí, parecerá mentira, pero para cada entrada leo mucho material y me informo bastante), y en un determinado momento, la idea original derivó para un lado completamente distinto, y se desvirtuó, y terminó siendo cualquier otra cosa, que es lo que leerán a continuación (si quieren... están advertidos!).
Ah... La entrada de hoy tiene un color absolutamente local y actual.
El sábado pasado, en la entrada correspondiente a ese día me referí a los orígenes de Halloween, esta celebración entre importada e impuesta que en nuestro país soportamos unos cuantos y disfrutan algunos niños y no tan niños, porque también se celebra en discotecas y fiestas privadas, porque hay adultos que se prenden de cualquier excusa para ponerse un disfraz o para sacarse la ropa. Resulta que en realidad es una festividad antiquísima de los celtas con hondo sentido religioso, que ni siquiera se llama así y que no tiene nada que ver con calabazas desdentadas ni con pedir caramelos que te pueden dejar tan desdentado como las calabazas. ¿A qué iba? Ah, sí, decía que en esa entrada, Goliardo dejó un comentario interesantísimo en el que planteaba que ya que los brothers de los Estados Unidos nos imponen sus festividades (amén de imponernos sus hamburguesas, sus marines y sus teorías y prácticas económicas), lo que deberíamos hacer nosotros es adaptarlas a nuestras costumbres y tradiciones, que también las tenemos, no vayan a creer.
Ahora bien, Goliardo planteaba algunas ideas de lo más creativas, pero dándoles un toque argentino, como es natural; ahora bien, los uruguayos y los argentinos compartimos gran parte de la historia y de la cultura, pero no somos países idénticos, así que pensé en "orientalizar" su propuesta para celebrar el "Jalogüín".
Para empezar, los elementos autóctonos de nuestra cultura son escasísimos, en parte porque Rivera allá por 1831 se tomó la molestia de exterminar prácticamente a los nativos de estas tierras, cosa de marcar el inicio de la vida democrática del país con un genocidio, vayan aprendiendo otros presidentes que lo único que hacen es preocuparse por la salud, la educación o la economía de sus presididos. Además, nuestros indígenas dejaron pocos testimonios de sus festividades, aunque sí varios de sus rituales fúnebres, pero no es cuestión de celebrar el Jalogüín con un entierro en un cerrito.[1]
Ahora bien, los colonizadores españoles, los nativos africanos traídos al país como esclavos, los nativos que sobrevivieron a la matanza y los inmigrantes que fueron llegando de todas partes del mundo, fueron creando esta mezcolanza étnica y cultural que somos nosotros, así que elementos para darle color al guiso del Jalogüín no nos van a faltar. Elementos identitarios como el candombe, la murga, las tortas fritas grandes, redondas y chatas con agujero, el mal fútbol, el deporte mayoritario de la queja y la política, bien podrán darle el toque vernáculo a la festividad foránea.
Se me ocurre que entre todos podemos ir tirando algunas ideas, cosa de ir organizando con tiempo el próximo Jaolgüín, que como es propio en Uruguay, “con tiempo” se entiende el día antes.
Por mi parte, propongo algunas sugerencias para los disfraces infantiles, diseñados para que los niños asusten a los vecinos cuyas casas visiten con el objetivo de aprovisionarse de golosinas, y lo hago siguiendo la más arraigada tradición política, que viene desde lo más profundo de nuestra historia, es decir, la era transcurrida desde la campaña electoral de las Elecciones Internas de junio de 2009 a la fecha:
* En los barrios de Carrasco y Punta Gorda, indudablemente se impone el disfraz del Pepe, con los accesorios imprescindibles de la banda presidencial y la perra de tres patas; las niñas, claro está, podrán disfrazarse de Lucía Topolanski con su doble corona de Senadora y Primera Dama.
*En los mismos barrios, si se trata de dos hermanitos, una nena y un varón, podrán utilizar el disfraz de Marina Arismendi, en versión “caperucita roja acompañada por el lobo atorrante”.
*En una versión personalizada, ir a la casa del Cuqui disfrazado de Ley Seca.
*O golpear la puerta del Guapo, disfrazado del Cuqui ganador de las Internas.
*Por el contrario, en los barrios de hondo arraigo obrero como el Cerro, La Teja, o la Curva de Maroñas, los niños se disfrazarán de “Bruce Willis” Cuqui, y aterrorizarán a los vecinos con unas simpáticas motosierras.
*Golpear la puerta de la casa del diputado Borsari disfrazado de mujer rubia; otra posibilidad es el disfraz de coronel cubano.
*Visitar estudios de radio o redacciones de semanarios con disfraz de Jorge Batlle acusando de complot del tupamaraje a cuanta cosa se mueva o esté quieta. Cabe señalar que este disfraz que ya no asusta a nadie, por lo que se recomienda a los padres que no lo confeccionen para sus hijos.
Dejen sus sugerencias (que sin dudas serán muchísimo mejores que las mías) en los comentarios.
sábado 7 de noviembre de 2009
De sábados, ritos, espíritus errantes y caramelos
El sábado pasado no actualicé, como pudo ver y apreciar cualquiera que haya asomado sus ojos por este blog. Exceso de trabajo y de cansancio me impidieron cumplir con el ritual de actualización sabatina. Para peor, tenía toneladas de escritos para corregir, así que ni siquiera podía aspirar a una actualización tardía: di prioridad al trabajo y a la siesta, que con las dificultades que tengo para dormir, es casi un trabajo más.
Y hablando de rituales sabatinos, el sábado pasado fue 31 de octubre (vaya novedad, seguramente si no lo leés acá ni te enterabas) fecha en la que se celebra Halloween, una tradición con hondas raíces folclóricas... en las Islas Británicas.
No debe de haber tradición más alejada de la cultura uruguaya, rioplatense y sudamericana que la festividad de Halloween, si exceptuamos alguna festividad de Burkina Faso, tal vez. Sin embargo, desde hace algunos años, escapar a los gurises disfrazados pidiendo golosinas, a la decoración en naranja y negro del Universo conocido y zonas aledañas y a las calabazas de plástico con problemas dentales es absolutamente imposible.
Cuando comenzó a celebrarse el Halloween en Montevideo, yo había pensado pegar en la puerta de mi casa algún cartel alusivo a la horda imperialista que nos invade, y mándense mudar tuitos a la puta, pero en seguida comprendí que para un individuo de 5 años al que disfrazarse y comer caramelos le resulta la máxima felicidad, y para quien los conceptos de invasión cultural, capitalismo salvaje y maldición de Malinche le son levemente desconocidos, el cartel carecería por completo de significado, así que pasé de oponerme tenazmente al festejo a comprar caramelos y repartirlos a cuanto chiquilín tocara el timbre ese día[1].
Ahora bien, mi idea de esta entrada va para un lado bien distinto, y es tratar de entender qué corno se está festejando cada 31 de octubre, y que me perdone Juan Pascualero por usarle el instrumento sin su permiso[2].
mmm
La cuestión se origina –según parece- en las Islas Británicas hace unos dos mil quinientos o tres mil años, siglo más, siglo menos, cuando esas tierras, al igual que otras regiones europeas, estaban habitadas por pueblos celtas. Para esta gente, el día comenzaba al caer la noche, y el año, al llegar las noches largas del invierno. Se me dirá que el invierno comienza en el solsticio que anda allá por el 21 de diciembre, y sí, cómo no, pero las horas de luz en latitudes altas comienzan a ir escaseando bastante antes, y en noviembre, a las 4 de la tarde ya es noche cerrada en Escocia, sin ir más lejos (si vamos más lejos, estaríamos hablando de tradiciones islandesas, y no es el caso). Es así que el año comenzaba el 1º de noviembre, pero como el día comenzaba al atardecer, en realidad empezaba en lo que para nosotros sería la noche del 31 de octubre. Allí tenía lugar la festividad más importante del año: el Samhain, que se pronuncia algo así como “sagüin”, pero téngase en cuenta que yo hablo gaélico del interior. Samhain aparentemente significa “el fin del verano”, y esa fecha también marcaba el fin de la cosecha y el fin del año. La gente se despedía de la mitad cálida y luminosa del año, y se preparaba para la mitad fría y oscura.
El fin de un año y el comienzo de uno nuevo sigue siendo en la actualidad motivo de fiestonga y comilona corrida, aún cuando para nosotros es simplemente pasar de un día de calor a otro día igual de caluroso y con suerte, lleno de mosquitos ávidos de picar a cuanto humano adormecido por los vapores alcohólicos encuentre a su paso, que también el mosquito tiene derecho a alcanzar un estado artificial de alegría, como cualquiera de nosotros. Ahora bien, si a eso le sumamos que durante unos meses la gente no iba a poder asomar la nariz por cuestiones climáticas y oscurantistas, imagínense lo que sería la partuza por aquellos lares.
Días previos, se guardaban las cosechas y la gente se aprovisionaba convenientemente para pasar el invierno; se recogía el ganado, y se sacrificaban los animales que presentaban signos de debilidad, para evitarles la muerte segura –pero lenta- que les ocasionaría el frío. Llegado el día de la fiesta, se apagaban todos los fuegos, y los druidas –sacerdotes y hombres sabios- encendían un nuevo fuego purificador. Al fuego se arrojaban huesos de los animales sacrificados –y quién te dice que en épocas pretéritas no cayera sacrificado también algún enemigo- y dicen las malas lenguas (o los malos lingüistas) que la palabra “bonfire” (fogata, en inglés) se originaría de esa costumbre (de “bone”, hueso, y “fire”, fuego), pero seguramente sea más un deseo que una verdad documentada.
Luego, las personas se llevarían parte de ese fuego sagrado a sus hogares, transportándolos en unos faroles improvisados con cráneos de animales... que derivarían luego en raíces de Brassica napobrassica (que como todo el mundo sabe, son nabos) tallados como si fueran cráneos. ¿Calabazas talladas? Difícil que el chancho chifle; habría que esperar a que los británicos desembarcaran en América muchísimos siglos después y descubrieran el fruto de la Cucurbita maxima, que como todo el mundo sabe, es la calabaza, y más tiempo pasaría para que aquellos farolitos craneanos terminaran siendo una calabaza de plástico que se puede encontrar en las góndolas de cualquier supermercado de Belvedere o de la Curva de Maroñas.
Ahora bien, los celtas creían que en ese día que marcaba el límite entre un año y el siguiente, entre la luz y la oscuridad, el límite que separaba este mundo y el del más allá, se volvía difuso. Es así que entre la gente que andaba vivita y coleando, se paseaban los espíritus de los muertos... y de los que aún no habían nacido. Entonces, para no confundirse, la gente viva –en todos los sentidos del término- se disfrazaba... con pieles y cabezas de animales, así como preparaba comidas especiales para congraciarse con la muchachada incorpórea, que habría perdido el cuerpo pero no las ganas de comer. De ahí a ponerse un disfraz comprado o confeccionado por una mamá laboriosa y salir a manguear caramelos, hay tres mil años de pasos.
Terminada la fiesta, todo el mundo se iba para su casa con el fuego nuevo, y según se dice, con un fuego renovado también en el sentido metafórico, porque parece que la fiesta seguía de puertas adentro, ya que se consideraba de buen augurio concebir en esa fecha, y habría que revisar la tasa de natalidad de los meses de julio y agosto de la época, pero no sé que queden documentos del Registro Civil de allá.
Posteriormente, la llegada de los romanos a las Islas Británicas, hizo que los rituales celtas se mezclaran con los rituales romanos, pero que también se mantuvieran, aunque modificados; la llegada del Cristianismo puso fin a esas celebraciones paganas, con tanto éxito que 1.500 años después, se sigue festejando el Samhain en todo el mundo occidental y cristiano, como si tal cosa.
Lo que sí logró hacer la Iglesia de Roma fue cambiarle el nombre a la fiesta: se marcó el 1º de noviembre como el Día de Todos los Santos, o sea All Hallows, y aparentemente de la expresión All Hallows Eve (víspera de todos los santos) derivaría el término “Halloween”.
La mixtura de tradiciones, los siglos, las migraciones, terminaron con/fundiendo la religión con la hechicería, la práctica de ritos ancestrales con la brujería, la invocación de los espíritus con el culto a la muerte, y probablemente la religión del amor y el perdón terminó confundiendo los sagrados fuegos celtas con los fuegos inquisitoriales, y más de uno habrá ardido en la hoguera sólo por festejar el comienzo del año en otra fecha.
En los siglos XVI y XVII, con la llegada de los británicos a América del Norte, vino también la antigua tradición celta a este continente; la posterior conquista y colonización que hiciera el país de la Coca-Cola, los vaqueros Levi’s y los misiles Patriot del resto de la Tierra -y de la Luna-, hizo que el Samhain, tres mil años después y modificadísimo al punto de ser casi irreconocible, llegara a la puerta de mi casa.
Y por aquí voy dejando esta crónica, así puedo terminar de comerme los caramelos que me sobraron del sábado pasado, y darles motivo de queja a mi nutricionista y mi odontóloga, que bien que tienen también su cuota de brujas.
kkkk
[1] No puedo dejar de citar la entrada que hizo la Flaca en su blog el año pasado, en el que ella plantea –con su particular estilo- algo similar: http://lodelaflaca.blogspot.com/2008/11/truco-o-trato.html
[2] Juan Pascualero, asiduo de este blog y propietario del blog “El cuchillo del herrero”, es cornista de profesión, o sea que a él, el corno le importa muchísimo.






















