La ciudad de Salta ofrece muchos atractivos para los visitantes, pero mi idea no era hacer turismo urbano, sino recorrer la provincia. Dos días libres, dos opciones… una de ellas era visitar Cachi, y la otra, ya la veremos en una futura crónica.
La elección de la música de hoy, en parte estaba cantada: no podía faltar “La flor del cardón” en la versión de Los Chalchaleros, dado que para ir de Salta a Cachi se atraviesa el Parque Nacional de los Cardones:
La otra canción podría decirse que no la elegí yo: pocos días antes de partir, en el programa “En el camino” del canal argentino TN, Mario Markic planteó el tema de "Las musas inspiradoras del folklore"; la última de las musas fue Eulogia Tapia, "La pomeña", que inspirara a Cuchi Leguizamón y a Manuel J. Castilla. Si bien no iba a visitar la localidad de La Poma, tampoco iba a andar tan lejos, así que decidí ponerla también.
Hay varias versiones de “La pomeña”, y al final opté por esta versión de Pedro Aznar con Suna Rocha y Lito Vitale, porque me pareció lindísima:
Temprano en la mañana del sábado, pasó a buscarnos por el hotel la camioneta que habíamos contratado para que nos llevara a Cachi a un grupo de intrépidos montañistas; el problema que se planteaba era que en pocas horas más, la Selección argentina se jugaba todos los boletos ante la alemana, así que tanto el conductor como el guía y los pasajeros, estábamos un poco ansiosos. Acordamos de ajustar los tiempos y las visitas en función del partido, y así dejamos la ciudad de Salta.
La ruta a Cachi va serpenteando entre las montañas, en medio de un paisaje impresionante: la Cuesta del Obispo -cuyo nombre original parece que era "Cuesta de la dormida del Obispo", dado que en 1622 Monseñor Cortázar pernoctó allí - sorprende en cada curva con su belleza, que se iba iluminando con los primeros rayos del sol de la mañana. Si bien veníamos viajando entre montañas desde hacía varios días, los paisajes siempre eran diferentes, y siempre bellos.
Apenas un hilo de agua... seguramente en verano será un caudaloso torrente
El sol comienza a pintar las montañas
El imponente paisaje de la Cuesta del Obispo
Cada tantos quilómetros, la ruta da lugar a espacios abiertos en donde se puede parar, para contemplar el paisaje, estirar las piernas o fumar (de “ir al baño” ni hablemos, que los arbustos no pasan de unos pocos cm de altura!) En una de esas paradas, de la nada salió un muchacho con una mesita, sobre la cual colocó artesanías: colgantes, caravanas y otras chucherías hechas por él mismo con materiales naturales. Le preguntamos que de dónde había salido –no era lugareño- y nos señaló su carpita, parapetada en la ladera de la montaña! Iba recorriendo el país con su mochila y sus artesanías. Ni que hablar que las féminas presentes le compramos casi toda la producción, porque parece ser que no soy la única que tiene el sí fácil para los collares artesanales. Eso sí, tan contenta quedé con mi collar con espinas de cardón entrelazadas, que me olvidé de sacarle una foto al artesano solitario, que era de lo más simpático.
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Esas líneas no son rayas en la montaña... ¡Es la ruta! Observen el ómnibus que viene bajando la cuesta.
Lo que aparece en primer plano, abajo a la derecha es una apacheta: un montículo de piedras (ofrenda para la Pachamama)
Seguimos viaje, y cerca del mediodía llegamos a la pintoresca ciudad de Cachi. La ciudad parecía fantasma; los habitantes seguramente estaban pendientes del partido, que Argentina iba perdiendo. Al final, no lograría dar vuelta el resultado, lamentablemente.
A la izquierda, el Museo Pío Pablo Díaz, desde la sombra del campanario
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La bellísima plaza principal de Cachi
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Construcciones coloniales, e inmaculadamente blancas
En el entretiempo, los habitantes de Cachi se dejaron ver
Visitamos el Museo Arqueológico Pío Pablo Díaz, que reúne muestras de las diferentes culturas que han poblado los Valles Calchaquíes en los últimos 10.000 años. La visita representó una sorpresa más que grata, debido a la riqueza de las colecciones, y el esmero y el cuidado con que están presentadas. El edificio del museo en sí mismo es una coquetería.
Urnas funerarias
Parte de la colección
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Una pintura mural con escenas del pasado de Cachi
Una original idea: un muro revestido con petroglifos
Tras recorrer la ciudad, quisimos a almorzar; el guía nos sugirió ir hasta Payogasta, en donde se encuentra Sala de Payogasta, una posada con restaurante. La verdad fue que el lugar resultó excepcionalmente bello, y la comida y el vino, excelentes. Y si no recuerdo mal, fue la única comida durante el viaje que no incluyó empanadas!
Vista de parte de las instalaciones de la posada
El vehículo que nos llevó de Cachi a Payogasta
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El telar en el que se confeccionan las espectaculares bufandas y pashminas que luego venden en la tienda (¡Sáquenme de acá antes de que me endeude de por vida!)
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El patio interior de la posada
Vista desde el ventanal del comedor... ¡Guau! (Casi me como el vidrio, que sí había, debo confesar...)
La prueba de la "no-empanada": ¡Comí un tamal! El precio del almuerzo fue muchísimo más razonable de lo que yo me hubiera imaginado (y de lo que yo cobraría si fuera la dueña del lugar, jijiji!)
Tras pasar un rato de lo más agradable recorriendo las instalaciones, volvimos a la camioneta y a recorrer el hermoso paisaje, atravesando la Recta del Tin Tin (no, nada que ver con las Aventuras de Tintín): es un tramo de la ruta que corre bien derechita a lo largo de varios quilómetros. Desde allí se divisa el imponente nevado de Cachi, que supera los 6.000 m de altura, y se recorre parte del Parque Nacional Los Cardones, en donde hay numerosos ejemplares de... ¡cardones! Ah... pensar que me había emocionado cuando descubrí el primer cardón de mi vida unos pocos días atrás, saliendo de Tafí del Valle...
El nevado de Cachi; más cerquita, unos cardones, como para ir llevando
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No me canso de admirar los colores de las rocas
¿Creían que era broma? Noooo, hay un Parque Nacional para homenajear a estas simpáticas -y numerosísimas- cactáceas
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Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve... etcétera
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"...crucificado en mis penas,
como abrazáu a un rencor..."
Tras la emocionante experiencia de abrazar un cardón, volvimos a Salta.
El final del viaje estaba próximo...
Pero aún queda otra crónica.