sábado, 2 de enero de 2010

La Biblia y el Calefón



Según la primera acepción del Diccionario de la Real Academia, una feria es un “mercado de mayor importancia que el común, en paraje público y días señalados”. Ah, bueno, debe ser la primera vez que respetamos el significado de algo, porque por estos lares somos muy dados a decirles de una determinada manera a cosas que en realidad se llaman de un modo totalmente diferente.



En Montevideo hay ferias en distintas partes de la ciudad, que se desarrollan semanalmente, según cronograma preestablecido. Las ferias están reguladas por la intendencia Municipal, con la misma eficiencia con la que se regula casi todo en este país: un montón de feriantes tienen un sitio asignado, están registrados, pagan impuestos, y otro montón no hacen nada de eso, pero allí están.


Las ferias más célebres -por muy distintas razones- son la de Tristán Narvaja, la de Villa Biarritz y la de Piedras Blancas, y en los últimos años, ha ganado fama la del Parque Rodó, y en muchos barrios también se organizan ferias que no serán tan renombradas, pero gozan de cierto prestigio zonal.


Ahora bien, yo no soy asidua de ninguna feria, ni tengo desarrollada una cultura de feria; décadas atrás abastecía mi biblioteca en Tristán Narvaja y me vestía en Villa Biarritz, pero reconozco que hace mucho que no voy a ninguna de las dos.


La cuestión es que, a raíz de necesitar una parrilla nueva para mi parrillero -el por qué de la necesidad ameritaría una crónica completa- decidí ir a la feria de los domingos en La Teja, en el entendido que allí podría hacerme del requerido bien. La feria "oficial" se instala en la avenida Manuel Herrera y Obes, desde Carlos María Ramírez hasta tal vez el infinito, porque nunca la recorrí toda hasta el final. La feria "no oficial" se instala en las calles perpendiculares y paralelas, llegando a cubrir una superficie igual o mayor a la de Manhattan, con Central Park y todo.


La calle principal de la feria consta -o constaba originalmente- de dos filas de puestos bien establecidos en los que se venden frutas, hortalizas, pescado, fiambres, huevos, productos lácteos, mermeladas, ropa exterior e interior, zapatos, productos de limpieza, plantas y algunos artículos más. La feria extraoficial, en cambio, está formada por puestitos de lo más variopinto, y es allí que se comercializa de todo, igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches*.


Los puestos informales en general consisten en un trozo de tela -que bien puede ser una frazada, una loneta, una alfombra vieja, da igual, extendido sobre la vereda o la calle- sobre la que se exhibe directamente la mercadería o los letreros que la anuncian: hay veces que por el tamaño del objeto a vender, o por la imposibilidad de su traslado, sólo se ofrece con un cartel: “Heladera como nueva, tantos pies cúbicos”. Hay otros puestos que arman mesas plegables, o colocan tablas sobre caballetes, o juntan un par de cajones de verduras que luego recubren con un mantel. ¿Qué venden? O más bien ¿qué ofrecen los vendedores informales? Bien... ropa y zapatos –nuevos o usados- discos piratas, videojuegos, devedés, videos en VHS (¡Sí!!! Desde los documentales de Didavisión a películas de Chuck Norris de la década del ’80), hornallas, anteojos de receta, ajos, discos de vinilo, juguetes, libros usadísimos, herramientas, dentaduras postizas, revistas de historietas descoloridas, lavarropas usados, frascos vacíos, vasos de licuadora, ristras de ajos, mochilas, arandelas, escobas, burletes, autopartes, espejos, televisores blanco y negro, productos de limpieza de fabricación casera, cotorritas, bicicletas... y parrillas! Un mismo “puesto” puede ofrecer ramitos de cedrón o de carqueja, un par de zapatos ligeramente chuecos, unas revistas Burda con la moda de 1971 y tres tarros de cocina descascarados marcados “Arroz”, “Yerba” y “Sal gruesa”. Otros, en cambio, se dedican a un rubro específico: ropa de niño o videojuegos para Play Station piratas. Por supuesto no soy quién para dudar de la procedencia de algunos de los tan variados bienes muebles que se ofrecen, faltaba más, en particular las autopartes y afines. Eso sí, cuando mi amiga Bea fue rapiñada hace un par de años, decidió que tenía que recuperar algunos de los objetos robados, como los anteojos o la radio del auto, y allá se fue a la feria de La Teja, y consiguió ambos: la radio se la re-compró a un precio irrisorio, y los anteojos se los trajo nomás, derecho viejo, luego de dejar de lado su afabilidad característica y amenazar al vendedor con quién sabe qué maldición legal.


Tanto los feriantes formales como los informales, suelen emplear diferentes estrategias de marketing: desde pizarrones escritos con los precios de los productos, frutas exhibidas de formas atractivas, o el antiquísimo pregón, por lo que a medida que una va pasando sus tímpanos vibran al estentóreo son de “estarrajalescuá”, que como todo el mundo sabe, quiere decir que están rebajadas las escobas.


Los compradores y los paseantes también tienen diferentes actitudes: está el ama de casa que hace sus compras en determinados puestos fijos y va con su carro con un derrotero prefijado: verdulería, frutería, pescadería, almacén, productos de granja, y aprovecha para ponerse al día con los feriantes y los vecinos; están los especialistas que buscan artículos específicos, que pueden ser herramientas o revistas de cómics, y van directamente a esos puestos sin mirar nada más; están aquellos que toman la feria como si fuera un paseo por un parque arbolado, van en familia, con termo y mate, y por supuesto, el infaltable cochecito de bebé, que se tranca en todos los puestos, se engancha con los carritos cargados de acelgas y rabanitos de las doñas, y en definitiva no compran nada pero joden a todos.


Cada tanto cae un inspector a ver si está todo en regla, y es allí que algún puesto informal de discos piratas se desvanece en el aire, o se produce alguna corrida propia de película policial de clase B, de esas que van tirando carros de naranjas y corriendo percheros cargados de ropa que invariablemente son empujados un chino u otro oriental similar.


Por supuesto que mi visita a la feria del domingo fue brevísima: detesto las aglomeraciones y eso de andar cuidando la billetera a dos manos, porque si hay algo en las ferias que abunda, además de duraznos a buen precio, son los pungas. Eso sí, al fin di con el señor que vendía parrillas.


Pero esa es otra historia.
uuuu



*Verso de “Cambalache”, tango de Enrique Santos Discépolo de 1934.

22 comentarios:

Santi el de Los Divagues dijo...

bué
aquí estoy
primeriando
qué cosa, como no cambia nada esa feria.
hace como 20 años compré una parrilla seguramente al mismo señor.
no me acuerdo de la calle, pero era una de esas transversales a Herrera y Obes que iban a morir al Paso Molino o casi.
Fijate que yo soy de la Unión, pero me dijeron: "parrilla, lo que se dice parrilla, en la de La Teja"
Quedé curioso de lo que le pasó a tu anterior parrilla.
Un abrazo.

andal13 dijo...

Santi:
Ah, capaz que sí... Un parrillún me hizo este hombre (la que tenía a la venta era muy grande para mi parrillero). La pregunta no es qué le pasó a mi anterior parrilla, sino "¿Existió una anterior parrilla?"
¡Jijiji!

VUELVO AL SUR.. dijo...

Saludos, Andrea y Santi. Muy interesante artículo. Aquí en Mexico existen ferias similares, pero se llaman ferias de pulga o simplemente pulgas... (Voy a la pulga a ver si encuentro una llanta para mi auto) Hay unas muy conocidas en la ciudad de México donde vas a comprar una cosa y regresas con la novedad de que te han robado otras.... (Aqui decimos: te quitan los calcetines sin quitarte los zapatos)..
Un buen año para todos.

andal13 dijo...

Vuelvo:
Ah, aquí son una mezcla de mercado de frutas y verduras, con mercado de pulgas. Y sí, ni qué hablar que seguramente vuelvas a tu casa con algo más y con algo menos!

Fernando Terreno dijo...

Veo que estás atendiendo tu puesto desde temprano. La lectura de tu artículo me sugirió que este asunto de los bloses (como les decís vos) tiene algo de las ferias que describís.

Recuerdo una vez, en nuestro debut por la de Tristán Narvaja, que un tipo vendía un Mirlo de Mozambique o algo así, en U$S 1200. Podrá parecerte caro, pero incluía el espíritu de Miriam Makeba y de Cesária Evora que habían sido reducidos de modo que entraran en el bicharraco...
Otro vendía una Dama Alada, de esas que traían los Rolls Royce sobre la parrilla o el radiador. No la compré, no por cuestiones de precio -pedía U$S 180-, sino porque el Silver Cloud de Tía Maruja era dos años más nuevo...

NO quiero olvidarme de lo más importante, que es el asunto ese del parrillero. Sería muy interesante comprobar su correcto funcionamiento "in situ", para lo cual me ofrezco para el duro trabajo de probador... Sin cargo, por supuesto.

Un abrazo
Fernando

andal13 dijo...

Fernando:
¡Me imagino que no habrás desperdiciado la ganga y te habrás comprado el avechucho! Lo del cuchuflete que va en el auto, lo entiendo... no vas a andar mezclando épocas.
Qué pena que no viniste ayer... las corvinas a las brasas quedaron buenísimas.

Martín dijo...

No me gustan mucho las ferias, la verdad.

Hace unas semanas fui al Parque Rodo, que estaba la feria esa que hacen a fin de año, con artesanias, libros y cosas afines, y esa si estuvo bastante buena.

Lo de los carritos de bebe es una gran verdad, pero tienen eso, que como van con niños chicos, uno no tiene permiso social para molestarse.

Lo que me preocupa es... alguna vez estuvieron no rebajadas las escobas? Mmmmm...

andal13 dijo...

Martín:
Estoy totalmente de acuerdo contigo; por eso evito ir a la feria y si tengo que ir, evito llevar la Ballester Molina, porque no está bien visto dispararles a las viejas con carritos cargados de acelgas ni a los progenitores que llevan a sus bebés en cochecitos!
También estuve en Ideas + (la feria de libros y artesanías del Parque Rodó); es otra cosa, claro (capaz que hasta me animo a hacer una entrada sobre ella).

media luna dijo...

¡Feliz Año Andrea y compañía! A mi me encantan esas ferias que describes. Me sobra la lechuga y las verduras en general. No me gusta comprar comida en puestos, aunque reconozco que en algunos puestos, los tomates, las patatas, y las hortalizas en general son mejores que en el super porque son de huerta directa. Pero a mi lo que me gusta es husmear entre los cacharros viejos, y no tan viejos. Como bien dice el diccionario de la Real Academia, aquí se llama feria a esos mercados de mayor importancia que el común. Las ferias suelen ir acompñadas del adjetivo "importantes" dependiendo del sector. Puede ser la feria del mueble, del libro, de máquinaria industrial, de informática, de actividades deportivas, etc, etc, etc. Suelen celebrarse en recintos cerrados y no hay nada de puestos ilegales. Todo lo demás que describes, aquí se llaman mercadillos, y por supuesto, luego está "el rastro", que es típico del domingo por la mañana y ocupa varios barrios de Madrid. Y desde luego me encanta visitar los distintos rastros de las ciudades que visito. Siento como si ahí pudiera tomarse el pulso a la gente del lugar.
En mi pueblo ponen un mercadillo todos los viernes. Ahora incluso se están modernizando algunos puestos y ya puedes pagar con tarjeta de crédito incluso.
Un beso grande.

lara dijo...

A mi me encantan las ferias, sólo que trato de ir temprano para no ver tanta gente. Si veo que voy a salir a las once ni voy.
Me gusta Tristán Narvaja y las ferias del barrio; a la Biarritz o al Parque Rodo voy por necesidad de vestimenta, pero siempre está llenísima de gente y además muchos puestos venden exactamente lo mismo, se ve que traen la ropa del mismo lugar.
Yo fui a Ideas+ este año, sinceramente me gustó másla "sucursal" que tenían en la cuadra del costado. Serà que las dos veces que fui estaba colmada y no pude ver mucho, pero la verdad me aburrió un poco: las joyas todas minimalistas, los libros desordenados y sin mostrar cosas especiales, cosas así. Pero seguiré yendo fielmente todos los añosporque igual siempre hay cosas ineteresantes por ahi.

Corvina a las brasas? Andrea, te quiero conocer, me invitarías a tu casa? jejeje

Abrazos!

andal13 dijo...

Media Luna:
Ah, tuve la ocasión de recorrer el rastro un domingo invernal (bueno, en parte, porque es enooorme). La feria de Tristán Narvaja se le parece en cierta medida, sólo que es más "compacta".
Las hortalizas suelen ser de la huerta, nomás, pero eso se encuentra frecuente en diversos puestos en los barrios.

Lara:
Bien, yo ya pasé esa esta de "recorredora de ferias"; ahora voy sólo por necesidad (y cuántas veces en la vida puede una necesitar una parrilla?)
Pude recorrer Ideas + tranquila, pero fui tempranísimo (algunos puestos recién estaban armándose...) Sí concuerdo que había cosas "repetidas", pero también vi cosas muy lindas (me abstuve de comprar nada, excepto unos libros de historietas uruguayas).

Camarandante dijo...

Hola Andrea!!!

Está bueno tu relato, siempre me diviertes. Es muy bueno como pintas las cosas con tu escritura.
Me quedo esperando la otra historia, la de la parrilla.

Beso

andal13 dijo...

Camarandante:
Me alegra que te haya gustado.
Bueno, en breve contaré la historia de la parrilla (aunque si se me siguen sumando invitados, tendré que conseguirme una mucho más grande!)

Edgardo dijo...

Las ferias son un espacio donde todo va a parar y de donde puede salir cualquier cosa (como una suerte de sombrero de mago mezclado con caja de Pandora y agujero negro dentro del cajón de la mesita de luz de Dios). En estos lugares uno encuentra de todo, lamentablemente con los años, las crisis, la globalización, los “trucho” estos lugares han ido aumentando su tamaño y la oferta de productos.

Da miedo y fascina entrar en estos mini centros culturales y materiales, donde se consigue pescado fresco y zapatillas nike a un cuarto de su valor real (en ninguno de los dos casos se sabe muy bien la procedencia de los productos) pero se compran, venden, permutan igual. El trueque en ocasiones es aceptado, pero el dinero “constante y sonante” es el que manda.

De los pungas no nos salvamos en ningún lugar, pero donde haya aglomeración de personas, los carteristas tienen muchas más posibilidades.

Hace mil que no pasaba por acá (y por casi ningún lugar, apenas si subía las entradas cada vez más espaciado en mi blog), pero estoy tratando de volver (y este fin de semana voy bien con el tema de recuperar el tiempo perdido y los puentes).

Quiero decirte Feliz Año Nuevo, ojala este año cumpla tus expectativas y te regale la mayor cantidad de deseos concretados posibles. Que sea un año positivo donde crezcas como persona y como eslabón de la larga cadena humana. No hay dudas de que sos una persona maravillosa, por lo tanto te mereces lo mejor. Brindo con vos, te mando este abrazo fuerte y un beso sincero y cariñoso.

Ojala este año aprendamos a ser mejores personas, aprendamos a no cometer tantos errores, a repetir tantas estupideces, ojala tengamos la fuerza suficiente (y sino la inventamos) para modificar el mundo en el que vivimos, del que somos partes y responsables.

HologramaBlanco

Proyecto María Castaña dijo...

Aquí en Argentina hay ferias más o menos estables que pueden ser de comestibles o de artesanías. Por lo general están en las ciudades con sus carpitas bien puestas y pagadas al municipio. Lo que es idéntico a las ferias uruguayas son los vendedores ambulantes que pululan en cualquier pueblo -como el mío- o ciudad. Ellos siempre están fuera de la ley, ocupan parte de las veredas y ofrecen todo tipo de mercaderías que, en mi inocencia, supongo chinas pero muy bien pueden ser robadas. Como están a dos pasos de mi cotidiano caminar, ayer por ejemplo, fui al supermercado de la esquina de mi casa, salí, y, a la media cuadra, le compré a la vendedora ambulante un llavero, unos colines para el pelo, una tijera y una Harry Potter 6 trucho. Casi me llevo la bombacha rosada de la suerte para empezar el 2010 pero no me dio el efectivo. O sea, en un puesto de venta ambulante, como en las ferias uruguayas, se puede conseguir de todo. Ah, algo que nunca falta en ninguno: especias: pimentón, orégano, nuez moscada. Como citás, el Cambalache de Discepolín.

(Leyendo tus comentarios veo que vas a tener un buen aprendizaje cultural de cómo son las ferias en España, México y Argentina).

andal13 dijo...

Edgardo:
No te disculpes, estamos todos muy ocupados... o muy remolones!
Confío más en la procedencia del pescado que en el de los championes (traducción al uruguayo de zapatillas) Nike, y qué decir que el origen de las autopartes no me deja duda alguna!
Cuando la crisis económica del 2002, se habían popularizado las ferias "alternativas" de trueque, pero ahora la mercadería la cambian sólo por dinero efectivo (vale regatear, claro!).
Muy buen año para vos también.


María Castaña:
¡Cómo dejaste pasar la ganga de la bombacha rosada, m'hija! Andá a saber la serie de calamidades que se desatan porque se te ocurrió ahorrar unos pesos y ponerte una bombacha cualquiera!
¿Viste que mucha gente de diversos países cuenta cómo son las ferias allí? Bueno, yo estoy acá, esperando que me manden pasajes para corroborar!

amelie dijo...

Me encantó el relato que hiciste de la feria. A mí sí me gustan las ferias y más desde que voy a Montevideo. Acá a las ferias barriales (o de pueblos) las llamamos "mercadillos" y tenemos la gran feria de los domingos (equivalente a Tristán Narvaja, aunque no sé si puede superar a ésta en tamaño y sobre todo en cosas bizarras para encontrar), que es el Rastro.

Tengo fotos increíbles tanto de Tristán como del Rastro, con esas cosas que sólo se pueden encontrar ahí. Y sí, como bien decía tu amiga, también acá se encuentran las cosas que un buen día desaparecieron de la propiedad...

Besos desde Madrid

andal13 dijo...

Amelie:
Bueno, verdaderamente sos una valiente -o una inconsciente- si te animás a llevar la cámara de fotos a la feria de Tristán Narvaja! Confieso que yo no llevé la mía al rastro.
En ambas ferias una encuentra cosas que no entiende que alguien pueda comprar... y cada tanto, algún tesoro oculto.
¡Gracias por pasar!

Peter Parker dijo...

Yo disfruto mucho de la feria de Villa Biarritz, Parque Rodó y Tristán Narvaja. Cada una de ellas tienen su encanto, ya sea por sus ubicaciones o por su público.
Las dos primeras las tengo más como paseo y la otra para buscar herramientas baratas y cómics (como no podía ser de otra forma).

Pregunta, ¿de qué están hechas las milanesas al pan que venden a $10 en T. Narvaja?

¡Felices vacaciones!

cr dijo...

A mí me gusta recorrer las ferias de los lugares que visito y también las de la ciudad donde vivo, pero me cansan bastante esos rios de gente en que se convierten las calles.
Mi visita a Tristán Narvaja fue truncada por un rio de agua, donde flotaban algunos de los artículos previamente destinados a la venta, tengo que volver; ya tomé nota de las otras que mencionás.

Siempre recuerdo la pequeña feria que a mi barrio llegaba los domingos; pero disfruto más de las de pulgas, esas que te sorprenden con alguna rareza a buen precio, o un objeto que uno supo tener tirado en el fondo del patio a un valor imposible.

Proyecto María Castaña dijo...

Andrea, igual me compré una bombacha roja este año para romper con las tradiciones y fue un episodio que bien puedo contar en María Castaña.
¡¡Qué empieces este año increíble!!

andal13 dijo...

Peter:
¿Y en cuál de ellas te comprás las calzas ajustadas?
;-)


Cr:
Imagino que ante la llegada del diluvio a Tristán Narvaja ya estarían los vendedores de arcas dispuestos a hacerse unos mangos...

María:
Como para empezar el año discretita, jijiji!