sábado, 5 de diciembre de 2009

Desesperada

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No sé si será por mi personalidad ligeramente neurótica, o por la conciencia acerca de la finitud de la vida, pero desperdiciar el tiempo por razones ajenas a mi voluntad me desespera. Es decir, podré pasarme horas sacándome la pelusa del ombligo para después volverlo a llenar con la misma pelusa que me acabo de quitar, pero sólo si he decidido hacerlo, y se me canta a mí. Eso de obligarme a pasar un largo rato de nada, me resulta exasperante.
Por eso, hacer una larga cola para un trámite o viajar 50 minutos en un ómnibus para ir de A hasta B, son instancias en las que podría llegar al borde del ataque de nervios, cual chica Almodóvar, si no fuera porque cargo con una mochila llena de actividades que pueden ser realizadas en espacios públicos: corregir tareas, leer, o escribir esto mismísimo que estás leyendo, por citar algunas.
...
Ahora bien, la espera impuesta en la sala de espera de un médico, tiene el agregado de que una va allí a esperar que la atiendan, en circunstancias que habitualmente no son particularmente gratas. Sin embargo, algunas personas parecen encontrar allí un ámbito de socialización sanitaria que estoy muy lejos de comprender.
Ni que hablar de la sala de espera del ginecólogo, que suele conjuntar una fauna de lo más particular, y evidentemente femenina, salvo por uno o dos maridos que en cumplimiento del débito conyugal, se encuentran allí con signos de una incomodidad tal que parece que están sufriendo cólicos menstruales o las primeras contracciones del trabajo de parto.
Cuando me llega el momento de la visita anual a mi ginecóloga, allá voy bien provista de deberes para corregir, o del libro más gordo que encontré en mi biblioteca, o del ogo (esta última vez, llevé un fajo de deberes Y el ogo, y cuando terminé de corregir me puse a escribir algo acerca de lo que es esperar en las salas de espera del ginecólogo) pero ni aún así puedo abstraerme de la charla que se genera, de la cual suelen ser partícipes dos o tres señoras mayores, y la o las embarazadas de turno. Es así que una se entera de cuántas semanas está esa perfecta desconocida, de si es el primero, de si es nena o varón, y de cómo fueron todos y cada uno de los embarazos, partos o cesáreas de las demás pacientes. Por otra parte, se enumerarán las virtudes y defectos -si los tuviere- del médico que estamos esperando, se defenestrará a tal otro ginecólogo, se hará un análisis crítico acerca de los mejores lugares para hacerse la mamografía o el Papanicolau, alguna señora contará con el más morboso lujo de detalles la histerectomía a la que fue sometida hace ocho años, con la idea de deslumbrar al auditorio, hasta que otra que se la hizo el mes pasado le mate el punto porque no va a comparar las técnicas de antes con las de ahora.
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Por supuesto no todas las (im)pacientes participan del simposio de ginecología y obstetricia; están las que como yo llevan su novela, la revista de palabras cruzadas o el reproductor de mp3 y se ponen a escuchar música ajenas (o no tanto) a la charla, pero siempre hay al menos una o dos mujeres que cometieron la imprudencia de no llevar nada para hacer, y que no sólo no tienen interés en conocer cuántos puntos le dieron en la episiotomía a la señora de musculosa violeta, sino que les espanta saber tanto detalle.
Particularmente me preocupan aquellas mujeres que son hipocondríacas, o ni tanto, pero que no toleran mención alguna a cirugías o a procedimientos invasivos, y se tienen que bancar la charla como quien soporta una autopsia en vivo y sin anestesia, y las jovencitas que van por primera vez a un ginecólogo, con un poco de vergüenza o hasta temor, y se encuentran con esa especie de antesala de un infierno lleno de DIUs, colposcopías, espéculos y menopausias. Más de una de ellas seguramente saldrá de allí con la firme decisión de realizarse un cambio de sexo, sólo para no tener que volver a la sala de espera de un ginecólogo nunca más en la vida.
No se me ocurre cómo hacer para evitar estas jam sessions ginecológicas... ¿Poner una mampara y dividir la sala de espera en dos para “entusiastas del ateneo médico” por un lado y “ni loca que estuviera escucharía el relato de tu salpingoclasia” por otro?
Se reciben ideas.



Epílogo

Como ni Hipócrates ni Galeno quieren cosas chanchas, después de escribir lo anterior fui castigada: el domingo, cuando volvía en el 147 luego de ejercer mi derecho al voto, escuchando en mi aparatito de mp3 las peripecias de la jornada electoral, se sentó a mi lado una señora con bastón y así de gorda que me dejó como estampada contra la pared del ómnibus, y sin importarle en lo más mínimo mi pretendido aislamiento sonoro y electoral, pasó a relatarme con el más innecesario lujo de detalles los problemas que le acarrea la úlcera varicosa, con la correspondiente y más innecesaria aún exhibición del vendaje...
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23 comentarios:

Santi el de Los Divagues dijo...

Qué bueno!!
Volvieron los Sábados de Andrea!!
Bueno, como cualquier idiota que anda en vueltas de sanatorios, chequeos generales, urólogos, sacadas de órdenes, meadas en un tarrito ridículamente chico y leyendo frases entrecortadas de los libros por levantar la cabeza a cada rato para ver qué número va, te digo que te comprendo y que me conmoviste con este posteo a pesar de mi presumible falta de útero. Porque en mi papel de marido sufrido, he presenciado esos simposios.
Pero no sólo por eso.Los hombres también pasamos por cosas parecidas.
Por algún motivo los hombres no hablamos en la sala de espera del urólogo. No nos andamos diciendo: "El Dr. Fulano es es que mejor te introduce el dedo en el ano" ni tampoco reconoceremos que elegimos a ese profesional porque mide 1.20 y tiene las manos chiquitas. Diremos que es por su reputación como técnico y cambiaremos sudorosamente de color hacia un violáceo pálido cuando veamos que el enano no está y que el suplente, de 1.90 de alto y ancho, tiene brazos y dedos de estibador del puerto.Y nos pondremos a hablar de fútbol para reafirmar nuestra precaria masculinidad.
Que en los dos géneros se cuecen habas.

Peter Parker dijo...

Andrea, en tu caso se dice Gine-con-Ogo ;)

Creo que aún no has visto lo peor, o sea, mujeres que llevan sus Netbooks y comienzan a mostrar las ecografías 2D, 3D, 4D y 5D del embarazo anterior y otra muestre un PowerPoint con las fotos de la evolución del feto hasta la caida del primer diente (acompañado con un tema de Enya) y ahí sí que se transforma en un verdadero ateneo médico... de cuarta.

A las chicas "menos sociales" como vos, les tendrían que hacer una salita aparte, con sillones de lectura, cafetería y alguna mesita donde apoyar el Ogo (con todo respeto) o el Netbook y así poder adelantar trabajo, actualizar blogs o simplemente para matar el rato con el Solitario.

Peter Parker dijo...

Del epílogo:
Me parece que la abultada señora te vió cara de profesora de Biología y creyó que con eso sería suficiente para contarte toda clase de dolencias y mostrarte hermosas vendas con pus y sangre... ¡PUAJ!


¡Pero la gran siete, me ganó el Santi de los Divagues!
Por suerte yo aun no he tenido que visitar al Dr. Octopus o Dr. Calamardo.
Además como no me gusta el futbol y no se nada sobre la materia, ¿de qué carajo voy a hablar con el resto de los caballeros?, ¿de cómo el Duende Verde tiró a Gwen Stacy del puente de Brooklyn o de como Iron Man traicionó al Capitán América?

Estaría bueno que en la sala de espera para el urólogo, hayan afiches de E.T. (con el dedito LED), de Freddy Kruger y otro del Dr. Manhattan, jua, jua, jua ,jua...

andal13 dijo...

Santi:
No festejes, que un solo sábado no hace semanario.
Sin dudas todos los humildes mortales pasamos una parte de nuestro tiempo vital en las salas de espera de los médicos, pero me llama poderosamente la atención el microclima que se genera en las de los ginecólogos (imagino que las de los pediatras es igualmente terrible, pero a esas hace 30 años que no voy).
No pongo en duda el amargo trance de la revisación urológica, pero cambio colposcopio por cualquier dedo, y ni que hablar del mamógrafo: entro en cualquier plan de canje!

Peter:
Mirá que estoy pensando seriamente en comprarme un netbook, aunque más no sea para usarlo en las salas de espera (para batir el récord de "carta blanca", por ejemplo).

La idea de los afiches me parece excelente, aunque los repartiría de otro modo: el de ET en la sala de espera del urólogo, el de Freddy en la del cirujano y el del Dr. Manhattan en la del sexólogo!
;-)

Fernando Terreno dijo...

Che viendo los comentarios de tu platea masculina no puedo menos que recordar el chiste ese acerca de las diferencias entre un proctólogo y un ginecólogo...

Me gustó esa auto-clasificación de "ligeramente neurótica", pero ánimo Andrea, la espera del dentista no es menos angustiosa y sin embargo son un mal necesario. De modo que apechugue, aguante y transforme toda esa fobia en otras entraditas para sábados venideros!!!

Si de consuelo te sirve, andá sabiendo que el cambio de sexo sólo te cambiaría de especialista, pero no de dispensarle sus cuidados. Aunque la idea de Peter de con esos leds tiene su atractivo...

Un abrazo

Santi el de Los Divagues dijo...

Peter:
No sabés lo que te perdés.

andal13 dijo...

Fernando:
Temo preguntar cuál es la diferencia entre ambos especialistas... sospecho que la respuesta amerita que me marquen el blog!
Con el dentista no tengo problemas, y raras veces la gente que va confiesa sus tratamientos de conducto o muestra las radiografías de la raíz de la muela del juicio que no le terminó de salir...

Santi:
Seguramente Peter está ansioso por (NO) tener su primera consulta con el urólogo!

Germán dijo...

Yo no sé... me pongo en el lugar de Andrea y me da tedio, pero después leo al Santi y... qué sé yo... uno va llegando a los lugares que otros describieron poco menos que como espantosos, y pa pior la inexorabilidad de las cosas no da muchas opciones. Es como que uno por el momento pertenece al club de Peter pero sabe que en cualquier momento lo rajan y se tiene que asociar al de Santi. Eso sí, al club de Andrea no tiene que ni pisarlo, así que tampoco sabrá nunca de planes canje ni otras minucias por el estilo. Pregunto: ¿no es muy sábado a la mañana pa angustiarlo a uno? Habrá que pensar en algo. Se me ocurre, por ejemplo, que en el listado de urólogos de la obra social o la prepaga, además de la dirección del consultorio, el teléfono y otros detalles, se agregue también longitud, diámetro y todo eso. Digo nomás, qué sé yo. No va a faltar el que pa decidir utilice los parámetros opuestos.
Muy lindo Andrea, gracias por todo

andal13 dijo...

Germán:
No sé si se da en Argentina, pero aquí existe la Liga Universitaria, en donde participan un montón de equipos de fútbol integrados por estudiantes o egresados universitarios. Tal vez sería interesante saber si el urólogo ha sido arquero de uno de esos equipos, por ejemplo.
Igual, no creo que nada se compare con la sala de espera del ginecólogo... dificulto que aún el más baboso de los papás lleve encima la ecografía de su hijo y se la muestre al señor del asiento de al lado!

juan pascualero dijo...

Aja!...

Marple dijo...

Volvieron los sábados de Andrea, y aunque parezca raro no coincido con ella.
Pertenezco al Club de Damas "Una vez al año"que va al ginecólogo por las dudas .
Estas damas han cambiado el miedo al parto y al examen ginecológico por el miedo al cáncer y a la muerte.
En momentos así, una siente que está en un grupo de sobrevivientes, así que los lazos se estrechan inmediatamente entre las concurrentes y de golpe, no más, la sala de espera se vuelve un ateneo surrealista, o un simulacro del programa "Esta boca es mía" . El nivel de las pavadas es el mismo pero no está Viky Rodriguez.
Generalmente los hombres no acompañan a estas viejas militantes de la vida, así que hay un intercambio de historias y fapreciaciones femeninas medio despectivas que van desde "me tienen harta con la pavada de la prevención" y "guardame el lugar que voy a salir a fumar" y apuestas tales como "vas a ver que no tengo nada" .
En fin...ventajas que da la vejez, ja, ja ...Esa cierta certeza de que ya se está en edad de merecer la visita fatal y final (muerte, a secas) se combate con la risa y unos buenos chismes.
Por supuesto, que después que salgo con el buen resultado en la mano , me doy cuenta que estaba al borde de un ataque de nervios y que conversé como una loca.Creo que a las otras viejas les pasa lo mismo.
Es una forma de volver a nacer como cualquier otra.

Gracias por tu crónicas.
En el otro post no opiné porque el estado de trance que me produjo la "supervictoria" me dejó el cerebro un poco más vacío.

un abrazo

Goliardo dijo...

Por mi parte, no tengo mucha experiencia en el rubro, por que le huyo a todo lo que ostente guardapolvo blanco, a pesar (o quizás por eso mismo) de ser docente, y tener contacto con la prenda. Pero tengo suficiente como para haber pasado más de una vez por esa desagradable espera. La situación "varón en el ginecólogo" me abstrae por completo, y siendo de por sí poco comunicativo entre extraños circunstantes, logro cerrar mis oídos casi hasta la sordera, y gesticular una hábil batería de gestos impávidos y balbuceos que convencen a quien quiera darme charla de mi absoluta idiotez. Es decir, me neutralizo volviéndome aburridísimo para el diálogo, y logro encerrarme en mi mismo a tratar de resolver una ecuación del cuarto grado (que no tengo idea de lo que es), o a repasar el sentido de mi vida según el dasein heideggeriano (que tampoco sé de qué trata), o hasta incluso a corregir. Desde ya, el mp3 y algo para leer (libro e incluso pc portátil que además permite escribir), y hasta el humilde celular con sus sms, son benditos escudos que nos provee la madre tecnología.
Pero como tal parece que son situaciones que hay que pasar, bien vale sacarles provecho: ¡mirá qué buen post que te salió! De valor universal, no dudo que se podría traducir hasta el uzbeco, y seguramente más de una mujer en Singapur podría identificarse.
Pinta tu sala de espera, y pintarás el universo entero.
Un abrazo y bendiciones por el regreso.

FLACA dijo...

No comento, porque de sólo pensarlo me angustio.

dejamuchacho dijo...

Andrea, como siempre un placer leerte.
A decir vrdad no tengo muchos recuerdos de la sala de espera del ginecologo a pesar de haber estado en ellas unas cuantas veces.
Si tengo la sensacion de haberme sentido un tanto incomodo entre tanta mujer.

lara dijo...

Horribles las esperas en para cualquier médico, pero lo del ginecólogo es algo especial. La última vez que fui me fumé una larga charla de dos mujeres que habían perdido algún embarazo en su vida y lo describían con todos los detalles morbosos habidos y por haber. Todo esto frente a una madre primeriza que salió sintiéndose más desgraciada que nunca en su vida, estoy segura...

Peter Parker dijo...

Bueno veo que se han formado un par de clubes: el de Peter (nunca vieron a E.T.) y el de Santi (ya sintieron a E.T.).

Es un honor que me hayan elegido como presidente del club, pero sabiendo de ante-mano que en cualquier momento aparece el Urólogo, te señala con el dedo (ojalá fuera solo eso) y quedás afuera del club.
Creo que para que eso pase aún me quedan unos cuantos años... ¿no?

andal13 dijo...

Juan:
¿Es lo que le dijiste al urólogo?

Marple:
Entiendo la postura de las "viejas militantes", pero el problema es que lo que hace mal es la mezcla!
Las que somos un poco más jóvenes (y las jovencísimas) también tenemos un riesgo altísimo de cáncer de cuello uterino y de mama, así que podemos estar allí con el mismo chucho... pero creo que lo que me jode es que me obliguen a escuchar detalles íntimos de unas desconocidas!

Goliardo:
Admiro tu capacidad de sordera voluntaria. En un post anterior había abordado el tema de los ruidos del mundo actual, y cuánto me molesta que me obliguen a escuchar lo que no quiero... válido para ringtones, cumbias villeras, conversaciones privadas y detalles del último Papanicolau!

Flaca:
No hay problema.

Dejamuchacho:
Ah, no te preocupes, con una hipnosis traeremos otra vez a tu conciencia las experiencias vividas....! Aunque seguramente no quieras recordar la vez en que aquella señora te contó su segunda cesárea.

Lara:
¡Qué horrible, pobre mujer! Con lo sensibles que se ponen las embarazadas... La angustia que habrá sentido... Capaz que hasta cambió de médico para evitar a las otras dos.

Peter:
Pues sí, parece que sos el Presidente de los Intocados (Aún). Vos mismo podrías diseñar el poster, no?
¡Jijiji!

Proyecto María Castaña dijo...

Hay mucho de sadomasoquismo en esas esperas. Particularmente no me voy a referir a mi ginécologo porque pauta los turnos como un cronómetro y, a lo sumo, hay que esperar uno o dos minutos; además es un papito que podría hacer de doble de Richard Gere en cualquier peli.
Mi drama es la sala del gastroenterólogo a la que comencé a frecuentar asiduamenteen estos años por un típico caso de colon irritable. (en la Argentina, después de los 30, las mujeres nos dividimos en un Boca-River desagradable: las constipadasy las... mejor evitar términos inapropiados) Bueno en la sala del gastroenterólogo, el deporte favorito es contar las vicisitudesde una colonoscopia: "la previa" con los laxantes, el momento "on line" de la cámara viajando como una sonda espacial por nuestro interior desconocidoy el resultado de las múltiples biopsias que pide el especialista para asegurarse de que lo nuestro es definitivamente "hinchapelotez" y no un cáncer terminal de colon. El agravante de estos relatos en la sala de espera, es la cara de pánico de las pacientes -siempre mujeres- que esperar para hacerse el estudio: están deshidratadas y con las pocas fuerzas de su cuerpo tienen que oír estas historias de terror. Un espanto.
Lo bueno, y tomando una frase que alguna vez usaste, el gastroenterólogo está "más fuerte que cadenazo en los dientes".

andal13 dijo...

María Castaña:
¡Uy, me imagino que esa sala de espera es la antesala del infierno! Lo de la colonoscopía -con previa incluída- sospecho que es feísimo, y nada agradable de escuchar por parte de una desconocida que capaz que hasta se lo grabó en dvd y lo anda mostrando!
Bueno, por lo menos el gastroenterólogo está bueno (el que atiende en el consultorio que está junto al de mi ginecóloga está muy bien, también; dan ganas de agarrarse una gastritis a prepo!)

SUSANA dijo...

Ahhhhhhhhhhhh, yo la mato a la vieja, digo, a la señora de la úlcera varicosa!!! Es una invasión!

Por lo demás, soy una monja budista en todos los lugares donde tenemos que esperar. Libro o lapicera y papel en mano, la emprendo con tremendos viajes mentales mientras ocurre (lo que ocurra) a mi alrededor!

Y un arma secreta: cara de lunática-asesina serial cuando alguien osa interrumpir mi soledad!

Besazossssssssssss Andre!!!

andal13 dijo...

Susana:
Ah, la cara de psicópata no me la saco nunca... pero hay gente que adora el papel de víctima!

Anónimo dijo...

despues de ver este documental(GRATIS)no vas a ver las cosas como antes..
muy revelador,avajo dejo el link

http://video.google.com/videosearch?q=zeitgeist&emb=0#q=zeitgeist&emb=0&qvid=zeitgeist&vid=8883910961351786332

http://thezeitgeistmovement.com/

Alvaro Fagalde dijo...

Andrea: yo estoy del otro lado del mostrador porque soy administrativo en una mutualista.
¡Si vieras la cantidad de veces que la gente muestra las cicatrices cuando va a sacar número!. Y no solo de la mano...
Habria millones de cosas para contar. La sala de espera es uno de los lugares donde los uruguayos más amamos: el hablar al pedo.