Una de las costumbres más difundidas y arraigadas en el Uruguay –y una de las más incomprensibles para mí, que por más que haya nacido y viva aquí, en realidad soy extranjera- es la de amargarse y quemarse lengua, faringe y esófago al menos una vez al día. No, no hablo de la práctica del tragafuegos, que a esa le veo una cierta gracia, porque no deja de provocar un aumento en la secreción de adrenalina y tiene sin duda un gran impacto visual, sino que hablo de la costumbre de tomar mate.
La costumbre del mate no es privativa de los uruguayos, sino que es compartida por argentinos, paraguayos, algunos brasileños y sospecho que algunos chilenos y bolivianos –para comprender la vinculación entre estos pueblos, véanse un mapa y los capítulos dedicados a la historia hipotética del Uruguay en este mismo blog-. El hecho de que sea practicada por mucha gente, no la vuelve más inteligible, empero: el autoflagelarse con agua hirviendo, y lo que es peor, amarga, implica un nivel de masoquismo que estoy muy lejos de compartir.
¿Qué es el mate?
Es una infusión que se consume en un recipiente también denominado “mate” -lo que evidencia una total falta de creatividad y/o ánimo de confundir a los no iniciados en el culto, porque sin ir más lejos yo tomo café con leche y al recipiente le llamo “taza”, y no “café con leche”-. El mate, entendido como recipiente, es el fruto de una cucurbitácea (una calabaza, bah), ahuecado y seco, cuyo nombre más correcto no sería “mate” sino “porongo”, y que, por increíble que parezca, es de origen asiático (vayan llevando los puristas defensores acérrimos de lo autóctono). Se sabe que hay quienes toman mate en recipientes de loza, metal o vidrio, con una total falta de respeto por la tradición, que los hace merecedores del escarnio de los verdaderos consumidores de mate, comúnmente llamados “materos”. Aunque ahora que lo pienso, estos transgresores irreverentes, y siendo consecuente con lo antedicho, no toman mate, sino que toman “jarro” o “vaso”, porque claramente esos recipientes distan de ser mates.
Al igual que las personas, hay mates con capacidades diferentes: algunos son pequeños como pelotas de tenis y otros grandes como guantes de boxeo, discúlpenme las alusiones deportivas; pueden estar ornamentados de las más diversas formas, incluyendo el estar recubierto por la bolsa escrotal de un bovino –que ahora muge con voz aguda- o estar montado sobre la pezuña del propio animal (¡Qué día tuvo ese toro! ¿Dónde estaba la Sociedad Protectora de Animales?)
El recipiente se llenará hasta unas tres cuartas partes de su capacidad con “yerba mate” (otro alarde de ingenio) que es el resultado de la molienda –previo secado- de las hojas de un arbusto denominado Ilex paraguayensis, que como cualquiera puede inferir, es originario del Paraguay, pero como los guaraníes no querían amargarse ellos solos, empezaron a difundir la costumbre por zonas aledañas. La yerba mate tiene el aspecto del orégano seco molido, un olor acre y penetrante muy característico (no sé cómo a alguien se le pudo ocurrir alguna vez que algo con ese olor podía ser apto para el consumo humano), y un sabor sumamente amargo.
La yerba mate se humedece en primera instancia con agua a temperatura ambiente, y posteriormente se vierte agua a punto de ebullición –es decir a 100ºC, temperatura incompatible con la vida tal como la conocemos- . Un mate correctamente preparado –“cebado” es el término de uso- deberá estar rematado por una corona de espuma de un matiz verde claro. Se procede entonces a su ingesta a través de una cánula –de metal o de caña- conocida como “bombilla”. La succión de este adminículo trae como consecuencias el ascenso de la infusión y un sonido característico, algo así como “ssssjjj”. Dicen los expertos que el primer sorbo no se deglute, sino que se escupe, lo que no mejora en lo más mínimo mi opinión acerca del consumo de esta infusión. El mate se seguirá cebando e ingiriendo hasta que se acabe el agua caliente (cuya temperatura mantendrá el “termo”, recipiente en el cual se habrá tenido la precaución de almacenar el agua una vez hervida), o hasta que pierda su sabor (yo diría que es lo mejor que le puede pasar, pero según entienden sus adeptos, esto no es así). Se puede volver a “ensillar”, es decir, acondicionarlo para que recupere su sabor, o dejar de lado el consumo para pasar a hacer alguna actividad más constructiva.
El mate puede ser de uso individual o colectivo; en este último caso, se deberá entender que varias personas succionarán sucesivamente por la misma bombilla, con el consiguiente intercambio de fluidos corporales.
Existe toda una serie de rituales acerca de cómo se ceba, cómo se sirve, qué significado tiene según se cebe y se sirva y demás, pero para ello deberán leer a otros autores que sean iniciados en el culto, o que tengan un mayor interés que yo en el conocimiento de estas cuestiones.
¿Cuáles son las ocasiones y dónde se toma el mate?
El mate se puede consumir como desayuno y/o merienda (algo así como el five o’clock mate), solo o acompañado con la ingesta de sólidos con alto contenido de glúcidos, como pan, galletas o bizcochos. Se puede consumir también a lo largo del día, como estimulante para mantenerse despierto, como acompañamiento de profundas reflexiones en solitario o como forma de comunión en una charla entre amigos, o vaya a saber qué otras oscuras razones tendrán los materos. En el Uruguay, se toma no sólo en la intimidad del hogar, sino en los ámbitos más diversos, que van desde la Cámara de Senadores hasta el transporte capitalino, pasando por la fábrica, la oficina, la facultad de Humanidades, la cancha de Basáñez, el Parque Rodó, o en la misma vía pública.
El organismo del Homo uruguayensis ha sido genéticamente modificado para poder ir por la calle con la “matera” (especie de bolso para transportar los enseres que se lleva colgado de un hombro), el termo sujeto por uno de los miembros superiores mientras se sostiene el mate con la mano de la extremidad opuesta , se ingiere la infusión, se camina y se conversa, todo a la vez. (En el caso de los conductores de rodados, se aconseja que sujeten termo y mate con la misma extremidad, a fin de disponer de la otra para sostener el volante y hacer los cambios.)

Los que toman mate afirman que lo hacen por costumbre, para hidratarse, para facilitar la evacuación intestinal (no sé si debido a efectos colaterales de la yerba o a la fuerza que se ejerce con la succión), para acompañarse cuando se está solo, para compartir con otros, para mantenerse despierto, para engañar al estómago... y como son tantas las mieles de las que disfrutan, básicamente imagino que lo hacen para amargarse un poco la vida.