miércoles, 13 de abril de 2011

Rumbeando pa' la Colonia...


En las entradas que pueden ver aquí y  aquí, les contaba de mis andanza por el departamento de Colonia, que incluyeron una interesantísima visita a Conchillas (si leyeron las dos entradas que aparecen en los enlaces ut supra ya saben de qué estoy hablando) y el siempre disfrutable paseo por Colonia del Sacramento. Como de Colonia se ha escrito muchísimo desde la época de Manuel de Lobo,  sólo quiero compartir con ustedes algunas fotos que tomé en esa ocasión. 
¡Espero que las disfruten! 

Para mi gusto, medio corto el trampolín

Una pena que todo esté en ruinas... 
La misma desidia que se puede observar en Roma o en Atenas

El herrero tiene trabajo asegurado 




La célebre Calle de los Suspiros... 
y una chica suspirando en mitad de la misma

No será la de los suspiros, pero es una callecita preciosa 

A sol y sombra 

Curiosas banderas colgadas por los portugueses  en 1680

Garrapiñada El Faro: "sírvase usted mismo"

Al campo de golf se le secó el pastito 

A favor de los vehículos amigables con el ambiente

El propio "Long" John Silver hace un alto para tomarse una Pepsi 

Mariposa colonial

Vendo callecita empedrada con balcón al río 

Estacionamiento en el living de la casa

Por 5 centavos, se puede tomar una bebida deliciosa y refrescante...
en las fuentes! (En Montevideo hay  fuentes que no tienen ni agua!)

Paleta de pasteles (me refiero a los colores, 
no a los de dulce de membrillo) 

Los veteranos se sientan a disfrutar del solcito de la tarde...

...aunque algunos prefieren la sombra.

Vista desde el Faro... la única que saqué antes de caer redonda del vértigo! 


miércoles, 6 de abril de 2011

This is England!

Segunda parte

En la entrada anterior, les contaba los inicios de la localidad de  Conchillas; si no la han leído, pueden hacerlo aquí.



Conchillas vivía de, por y para la compañía Walker, encargada de explotar los yacimientos de piedra y arena, cuando se produjo un naufragio. Sólo hubo un sobreviviente, un tal David Evans, el cocinero de a bordo. Evans se quedó en Conchillas, haciendo lo que sabía hacer: cocinar. Comenzó trabajando para los Walker, y pronto abrió un almacén de ramos generales, en el que  les fiaba a los trabajadores, anotándoles las compras en una libreta, sabedor que cuando cobraran su salario, le pagarían. Después, empezó a fiarles a los agricultores de las inmediaciones, a  pagar con la cosecha. Fiado va, pago viene, tuvo que construirse un galponcito para almacenar el grano. 




El edificio es una construcción particular;  su techo inclinado desagua en un canalón que permite recoger el agua… ¡Ideal para cuando llega la época del deshielo! 



De a poquito, empezó a importar alguna cosita para vender, que un par de alpargatas, que una palangana esmaltada, que un tractor. Ya que estaba en esto de los negocios, terminó acuñando su propia moneda.




Un pueblo tan próspero, en el que los negocios de Walker y Evans iban viento en popa, necesitaba un hotel de lujo… y evidentemente, lo tuvo.




El Hotel Evans abrió sus puertas en 1911, y recibió hombres de negocios y turistas de alcurnia. En la actualidad, se encuentra cerrado, y no se puede visitar. Cuando intentamos ingresar, a solicitar permiso para verlo aunque sea de afuera, primero nos salió  al encuentro un perro muy simpático que movía la cola con entusiasmo, y luego un señor que nos ladró, por lo que nos retiramos con la cola entre las patas. Por algo las cámaras tienen zoom.



La prosperidad y la idílica vida de Conchillas vio su fin tras la Segunda Guerra Mundial; el Imperio Británico dejó de ser lo que era, y a comienzos de los ’50, la compañía Walker apagó la luz, cerró y se fue.

¿Qué quedó? Una arquitectura singular, recuerdos –a estas alturas, con visos de leyenda- de un pasado próspero, y un cementerio bien diferente a los del resto del país.





El puerto parece un pueblo fantasma; los lugareños van a pescar, o a hacerse un asadito bajo los árboles.




Ni la Texaco resistió el paso del tiempo.


Aunque sí la ANCAP… ¡Al menos el cartel es nuevo!


Sí hay panadería y fábrica de pastas…


…y club, por supuesto...


…en donde se organizan campeonatos de “tuti” y “pul”.



También hay servicios médicos; en la puerta de la policlínica había un papel con el número de celular del médico; el edificio es lindísimo. 


Una pequeña hostería y restaurante.

Y unos alrededores lindos y tranquilazos.








Por supuesto, no falta el Banco República, que más que banco es taburete.
.....

Y para que nadie dude de que llegó el siglo XXI, hay ciber.


¿Qué pasará en Conchillas? Pues se avizoran vientos de cambio; la empresa Montes del Plata pretende instalar una planta procesadora de celulosa… 



Seguramente los escasos habitantes de Conchillas sueñen con la  vuelta de la prosperidad perdida…

Habrá que ver si a orillas de esa playita mansa los lugareños podrán seguir pescando con todo el tiempo del mundo, o llegará el momento en que eso sólo sea un recuerdo –a esas alturas, con visos de leyenda- de un pasado incontaminado. 


lllll

miércoles, 30 de marzo de 2011

This is England!

Primera parte

Esta entrada podría ser un capítulo más de la "Guía práctica para conocer el Uruguay" o de  la saga "Cómo hacer turismo en Uruguay y no morir en el intento", pero para que no me quedara un título larguísimo, opté por el que le puse. Cualquiera podrá afirmar que hay una contradicción flagrante, pero ese mismo cualquiera que siga leyendo se dará cuenta que no necesariamente es así.

La historia comienza con una invitación que recibí de una amiga que es profesora de Historia del Arte; con otras colegas amigas suyas había organizado una visita a Conchillas y a Colonia del Sacramento, en la que ella oficiaría de guía. Con lo que sabe de arte y arquitectura, con lo que me gusta Colonia del Sacramento (a la que hace bastante tiempo que no iba, entre otras cosas por aquella lluvia tremenda que nos agarró a mi amiga Laura, a su fiel auto el rojito y a mí cuando íbamos hacia allí en plena sequía*, que casi perecemos ahogadas) y con el interés que me despertó conocer Conchillas, localidad a la que solo conocía de nombre y por el revuelo que se armó cuando la empresa “Montes del Plata” comunicó que iba a instalar una planta procesadora de celulosa allí, no dudé ni un segundo en aceptar la invitación.
El último domingo del verano, por la mañana, rumbeamos pa’ la Colonia; la primera parada era Conchillas, un pueblo situado a 50 km de Colonia del Sacramento, a 40 km de Carmelo, a 7 km de la orilla del río y a 7 km de la ruta… ¿A quién se le ocurrió poner un pueblo lejos de todo? ¡Pues a los ingleses!


Resulta que Conchillas –cuyo nombre se debe a las mismas, que hay por todas partes- es un pueblo fabricado a prepo como consecuencia de la construcción del “nuevo” puerto  de Buenos Aires, allá por 1880 y poco; para construir un puerto que compitiera con otros de la zona, se necesitaba piedra y arena, materias primas que se encontraron no allí sino en la orilla de enfrente. Dado que esa zona era rica en yacimientos de caliza y de granito, como quien dice, una de cal, y una de arena, hacia allí  dirigieron sus miras los ingleses de la compañía de Charles Walker. Claro que la explotación requería algunos detallecitos, como embarcaciones que transportaran la piedra y la arena hacia Buenos Aires, un puerto desde donde partieran las embarcaciones, una línea de ferrocarril que transportara la materia prima desde la mina hacia el puerto, y mano de obra que hiciera todo esto. Así que ni corto ni perezoso, como lo indica su apellido, Mister Walker** recorrió media Europa ofreciendo trabajo, y es así que llegaron a ese lugar aún inhóspito personas de los más variados orígenes: rusos, búlgaros, austríacos, italianos… y es así que en 1887 oficialmente nace Conchillas. La idea era hacer un asentamiento pasajero, por lo que se construyeron barracas para que vivieran los obreros. 


Las casas se hicieron de piedra, con techo de zinc a dos aguas; las ventanas tienen los vidrios por fuera y los postigos por dentro, así durante el crudo invierno “británico” se pueden abrir para que entre luz sin tener que congelarse.



Como el suelo resultó muy duro, las casas se construyeron sin cimientos; las paredes tienen una inclinación tal (más anchas en la base que en la cima)  que les  permite sostenerse sin problemas (la prueba es que ciento veinte años después ahí están, muertas de risa).


La cocina era compartida… entre una familia que ocupaba una habitación (la pareja y todos los hijos que tuvieran)  y varios obreros solteros, que ocupaban otra habitación. Las amas de casa no sólo atendían a su familia, sino que también cocinaban para los “inquilinos”, y les lavaban la ropa; los solteros, eso sí, tenían que pagar por estos servicios (de otro tipo de servicios, si es que los hubo, no quedaron registros).
En esta foto, se ve la chimenea de la cocina compartida en esta especie de vivienda de solteros contra casados.


Por  supuesto que baño no había; para bañarse y lavar la ropa, estaba el arroyo; para evacuaciones diversas, había un retrete afuera de la casa, que debido a la dureza del suelo ya mencionada, no tenía pozo negro ni de ningún otro color; las  deyecciones se recogían en un recipiente con asa que cada noche era vaciado por el “nochero” (también funcionario de Walker). El nochero llevaba un carro que iba cargando con el fruto de su trabajo, y  luego iba a descargar en un vagón: por la mañana, el tren que llevaba la piedra de la cantera hacia el puerto, llevaba el vagón “cisterna”, que se vaciaba en la playa… Digamos que como balneario, dejaba mucho que desear. Fue recién a mediados del siglo XX que se prohibió ese sistema, y la playa actualmente sí puede ser disfrutada por los escasos lugareños. 


Así como instaló una mina, una línea de ferrocarril,  un sistema de agua corriente con canillas públicas, una usina eléctrica, un puerto y un pueblo, la compañía británica instaló una iglesia y una escuela; una iglesia anglicana, que en la actualidad es un templo evangélico bautista (no hay capilla católica en el pueblo, les digo por si tienen ganas de ir a confesarse).


Pero la historia de Conchillas recién comenzaba… Lo mejor –y lo peor- estaba aún por venir.
¡No se pierdan el próximo capítulo!

*Al respecto, consultar aquí
** Walker, caminante

miércoles, 23 de marzo de 2011

¡Muy pronto!

Esta entrada corresponde a una no-actualización del blog; esta vez, no se debe a mi habitual pelotudez, sino a razones de lo más válidas: por un lado, se vienen las encantadoras -y, con todo respeto,  inútiles- pruebas diagnósticas que una servidora tendrá que corregir, y por otro, a que he sido electa Presidenta (cual Cristina Fernández o Dilma Rousseff) de una "comisión receptora de votos" para las elecciones del próximo domingo, así que esta semana tendré que asistir a los cursos de la Corte Electoral, y el domingo trabajar con denuedo, ya que el pueblo así lo ha querido.
Tal vez se aproxime un nuevo episodio de "El voto que el alma pronuncia" que publicara en junio de 2009, pero esta vez visto desde "la presidencia". Lo que sí se viene próximamente es un nuevo capítulo de la apasionante saga "Cómo hacer turismo en Uruguay y no morir en el intento". 
Para muestra, este botón: 


¡No se lo pierdan!!!

martes, 15 de marzo de 2011

No, no tengo caralibro

Pues no, por el momento no tengo facebook ("caralibro")... ¿Y qué?  



martes, 8 de marzo de 2011

Hoy es el día

No estoy de acuerdo con los "días de..."; además, tener un "día de la mujer" como que fuera una fecha patria, cuando las mujeres somos más de la mitad de la población del mundo, me resulta extraño, por decir lo menos. 
Pero lo cierto es que sigue siendo necesario a estas alturas de la ¿civilización? reclamar algunos derechos básicos, denunciar maltratos, abusos y sometimientos de todo pelo, poner sobre el tapete la situación de miles de mujeres víctimas de opresiones de todos los colores... Y no sólo en Somalía o en Afganistán, también acá, a la vuelta de mi casa. Y bueno, dejé de lado el "no me gusta", y decidí hacer mi pequeño aporte a este día.



Ah, me olvidaba... ¡Feliz día!

Feliz día para todas las mujeres y para todos los hombres con los que compartimos nuestra vida con gusto, que nos respetan, nos quieren, nos admiran, nos acompañan, nos ayudan, nos consuelan, nos divierten, nos... 


(Sí, la idea y las ilustraciones son mías... ¡Ténganme un poco de fe, carajo!)