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domingo, 4 de diciembre de 2011

Porque ustedes lo pidieron


Tras la exitosa entrada  “¡Mirame el pajarito!”  recibí un montón de mensajes de seguidores (un montón de dos, Susana y Juan Pascualero) que pedían un manual que los ayudara a adentrarse en el inframundo del Twitter.
Helo aquí. Háganse cargo.

MANUAL PARA TUITEROS INCIPIENTES 


 ¿Querés tener cuenta en Twitter pero no tenés ni puta idea de cómo hacerlo, cómo se usa y para qué sirve? ¡¡¡Aquí están las respuestas a tus preguntas, dudas y plegarias!!!


1) ¿Qué es  Twitter (de ahora en más, tuíter)?
Es una red social que permite a las personas, medios y organizaciones, comunicar sus ideas en 140 caracteres.



2) ¿Qué son los caracteres?
Son letras, números, signos de puntuación y chirimbolos varios.


3) ¿Qué tipo de ideas se pueden comunicar en tan pocos caracteres?
En general, boludeces (¿o no leíste mi tuíter?)

4) ¿Por qué se llama “tuíter”?
En inglés, to tweet  es piar, gorjear; de ahí que el isotipo de la red sea un pajarito. Y en tuíter  lo que se hace, básicamente, es pajaronear. 




5) ¿Cómo hago para tener una cuenta en tuíter?
Entrás al sitio, te registrás, y listo. Tu nombre quedará precedido por una arroba, así: @tunombre. Podés subir una fotito y escribir una biografiíta, también, para que la gente sepa quién sos.

6) Ya me abrí una cuenta.  ¿Cómo hago para escribir las genialidades que se me ocurren?
Las escribís en la ventanita que aparece arriba, bajo el título “¿Qué está pasando?”; otra opción es ir a  la barra de herramientas, arriba a la derecha, que aparece un cuadradito cruzado  con una diagonal; algo así:


Haciendo clic allí se abre una ventanita que te permite escribir, y va contando los caracteres a medida que lo hacés (¡Cosa ‘e Mandinga!).  Cuando hayas terminado, hacés clic en “Twittear”, y ta. Ese mensaje que escribís es un tuít.

7) ¿Solo puedo publicar textos?
No, también podés agregar enlaces a fotos o a videos. Los sitios que alojan fotos y videos proveen esos enlaces.

8) ¿Qué es ese asunto de seguir a alguien?
Muchas personas famosas e importantes tienen tuíter; si querés chusmear qué es lo que escriben, las tenés que seguir, en una actitud que no deja tener algo de voyeur  socialmente aceptado. Para ello vas a su perfil de tuíter y hacés clic en el rectangulito que dice “Seguir” y que tiene una cruz verde. Una vez que lo hayas hecho, mágicamente el rectangulito se volverá todo verde y pasará a decer “Siguiendo”.  De ahí en más, todo lo que tus “seguidos” escriban te aparecerá a vos en tu página, que andá sabiendo que se llama “Cronología” o “Time Line” (taimláin), también conocida como TL.

9)  ¿Y qué son los seguidores?
Los seguidores o “followers” son los tuiteros que te siguen a vos –sí, parece mentira, pero hay gente pa’ todo-. Los podés seguir a ellos, o no, según se te cante.

10) ¿Quién lee mis tuíts?
Tus seguidores, o cualquiera que entre a tuíter.  O nadie.

11) ¿Puedo interactuar con otros tuiteros?
¡Claro! Podés responder los tuíts de otros (basta con cliquear en “responder”, bajo el tuít correspondiente). También podés mencionar a otros tuiteros, citando su nombre precedido por la arroba, y ellos lo sabrán. Eso sí, ni te sueñes que Angelina Jolie lea tus mensajes, por más que la menciones hasta en la sopa de letritas.  


12) ¿Qué son las siglas y los chirimbolos que todo el mundo usa como si supiera?

@: ya te expliqué que la arroba indica el nombre del tuitero, sea persona o entidad. Ejemplos: tu prima la  Totona es @totona  y El Palacio de la Papa Frita es @papafrita 



#: en inglés hash, o sea “jash” (pronunciándose “sh” como en “shópin”) seguido de unaseriedepalabrassinespaciosentreellas termina constituyendo una hashtag o etiqueta, que sirve justamente para eso, etiquetar temas de interés, como por ejemplo #EleccionesEgipto2011 o #lasfiestasnoempezaronyyametienenpodrida. Esto permite buscar  y seguir temas.   


La estrellita aparece debajo de los tuíts; sirve para marcar como favorito lo que haya dicho otra persona, basta con hacer clic en ella. Es como un mimo que se le hace a otro tuitero, como tocarle el hombro y decirle "mirá qué lindo lo que decís". 

Algunos tuiteros no quieren que cualquiera entre y lea sus mensajes, entonces les ponen un candadito. Todavía no entendí para qué tienen tuíter, si para los mensajes privados ya se había inventado la paloma mensajera, que no deja de ser un ave, si bien se mira. 

#FF

No, no son las iniciales de la finada Farrah, sino de follow Friday,  costumbre un tanto en desuso, que consiste en sugerir tuiteros interesantes para seguir. Eso sí, los viernes (no me pregunten por qué).

RT: significa “retuitear”, es decir, difundir un tuít de otra persona.  Eso se hace cliqueando la palabra “retwittear”, bajo el propio mensaje.


TT

¡Qué noche, TT!

En este caso no se alude a la exMiss Siete Días, sino a trending topics, esto es, temas candentes, o temas del momento, como por ejemplo qué pasará con el euro o si Sarkozy engaña a la Bruni con la Merkel. Los TT se agrupan por países, pero eso vale para países en serio, así que no busques los TT de Uruguay, que no hay.  


TW: vaya uno a saber por qué, significa tuíter.




¿Te quedó más o menos claro? ¿No? ¡Entonces preguntale a alguien que sepa!




sábado, 21 de marzo de 2009

Acerca de la limpieza de los comedores

Mi amigo e hijo de la vida el Fede hace mucho tiempo me sugirió como tema para abordar en el blog el asunto de los cepillos de dientes. En un principio no le di bola alguna; no sabía qué escribir, porque la verdad es que no me parecía que un cepillo de dientes tuviera mucho interés ni que diera demasiado jugo desde el punto de vista humorístico. Tiempo después –casi un año, para qué te voy a mentir- la idea de escribir un texto sobre el cepillo de dientes comenzó a renacer en mi corteza cerebral, tal vez estimulada por el ocio vacacional, o por la canícula, o andá a saber por qué, y a resultas de ello, surgió esta monografía que ahora estás leyendo.
La higiene bucal es antiquísima; desde tiempos inmemoriales, astillas o espinas de pescado fungían de escarbadientes; la crema dental –por llamarla de alguna manera- también era utilizada ya desde el antiguo Egipto, pero se pasaba con un trozo de tela, o con el dedo, y contenía ingredientes tales como piedra pómez, uñas de buey y cáscara de huevo, que tanto pulía los incisivos como las piedras para construir las pirámides. En Grecia preferían el enjuague bucal a base de orina, y por razones que no alcanzo a comprender, dicho hábito no llegó hasta nosotros, que seguimos leyendo a Platón como si tal cosa.

La cuestión es que el cepillo de dientes es un invento relativamente reciente (si lo comparamos con la rueda, es novísimo; si lo hacemos con el mp5 que todavía no sé bien qué es, es antediluviano). Como siempre, fueron los chinos los que dieron el puntapié inicial (aunque hablar de puntapié en relación con la dentadura puede resultar un tanto doloroso) pero en occidente se le atribuye al británico William Addis que allá a fines del siglo XVIII reinventó lo que ya estaba inventado desde hacía 200 años.
Como fuere, el cepillo de dientes –es decir, un mango de hueso con cerdas de pelo de cerdo o de caballo- se fue popularizando en el siglo XIX, y ya entradito el siglo XX, pasó a ser de plástico, mucho más higiénico y que no requiere que un suino o un equino pasen por la peluquería para que nos podamos cepillar los comedores.
Cuando yo era chica, había que cepillarse los dientes después de cada comida; los cepillos eran todos más o menos iguales, con la única diferencia del tipo de cerdas que poseyeran: cerdas blandas para los más mimosos, duras para los de espíritu espartano, y al igual que ocurre en política para los que no quieren votar ni a Danilo ni al Pepe, estaba la tercera opción de las cerdas ni tan blandas ni tan duras. Pero en algún momento de la posmodernidad, o de la evolución darwiniana, no fue suficiente tener tres variedades de cepillos dentales. Por eso ahora cuando vas a la farmacia o al supermercado te encontrás con un universo de cepillos de mango curvo, de mango flexible, de mango en ángulo de 62,5º, con cerdas cortas y largas entremezcladas o en mechones, con masajeador de encías, con raspador de lengua, con cerdas blanqueadoras, con mango anatómico, con mango recubierto de goma para que sea antideslizante, cepillos para adultos, cepillos para niños y hasta cepillos para bebés que son como un dedil con cerdas para cepillar los inexistentes dientes del lactante. Y además, están los cepillos eléctricos, para los amantes del sedentarismo extremo. Y enfrentada a esa parafernalia una no sabe qué elegir, porque con suerte una tiene a lo más 32 dientes, en tanto que el número de especies de cepillos tiende al infinito.
Como no alcanza con el cepillo –si bien lo que limpia es el cepillado- aparecen los dentífricos, pastas o cremas dentales o como se le quiera llamar a ese producto blanduzco, dulzón y refrescante, que se coloca sobre las cerdas del cepillo para que haga espuma y vuelva más sabroso el acto del cepillado. Y allí otra vez aparece una amplísima gama de posibilidades, entre las que duran 12 horas (no entiendo qué estás haciendo que no podés parar para lavarte los dientes en tanto tiempo, cuando un cepillo cabe en cualquier bolsillo), blanqueadora, para dientes sensibles, para encías inflamadas, anticaries (¿las otras son procaries?), para limpieza de sarro, máxima frescura, múltiple acción, reforzada con flúor y a estas alturas no me extrañaría de que hubiera pasta dental reforzada con titanio, eso sí, con sabor a menta. Afortunadamente, en los últimos años, los fabricantes de dentífricos cambiaron sus envases, porque aquellos tubos metálicos que los inadaptados de siempre apretaban por el medio, y que fueron causantes de más de un divorcio, fueron sustituidos por unos de material plástico indeformable, que no sé si serán mejores pero sí son más estéticos, porque siempre están infladitos.
Por supuesto que cepillarse correctamente los dientes –y ahora la lengua, y la cara interna de las mejillas; dentro de poco habrá que cepillarse las amígdalas- con un buen cepillo y una buena crema dental no es más que el comienzo; luego viene el uso del hilo dental, y en este caso no me estoy refiriendo a modelos de tangas para lucir la celulitis en verano, sino ese piolín mentolado que se utiliza para limpiar los intersticios dentales. La psicosis por el hilo dental ha llegado a tal punto que si no lo tengo a mano soy capaz de descoserme el dobladillo del pantalón para usar el hilo de la costura. Para el caso sirven también las hierbas, pero debe tenerse en cuenta que el uso prolongado de material vegetal fresco produce el desgaste de los dientes, y una puede terminar con una sonrisa de vampiresa, literalmente hablando.
Al correcto cepillado con la pasta adecuada y al pasaje del hilo dental se le agrega el enjuague bucal -que desde que me enteré que también se llama “colutorio” me da un asco bárbaro- que viene siendo una poción con propiedades mágicas para provocar un genocidio bacteriano. Nada nuevo, por cierto, porque ya mi admirado Anton Van Leeuwenhoek se había dado cuenta en el siglo XVII que el brandy mataba a los “animáculos”, y se mandaba unos buches cada dos por tres, por si acaso.



Porque la cuestión de la higiene bucal se reduce al combate sin cuartel contra la placa. ¡Tiembla occidente!!! La placa dental es esa materia pegajosa e incolora que se adhiere a los dientes y en donde miles de millones de bacterias de nombres preciosos como Streptococcus salivalis y Lactobacillus casei –sí, los mismos del yogur- conviven en armonía en un ambiente cálido y húmedo, con grandes porciones de los más ricos alimentos, algo así como unas perpetuas vacaciones en Playa del Carmen. Estas bacterias causan las caries, el mal aliento, la gingivitis y no sé cuántas otras pestes apocalípticas, que atentan no sólo contra la estética de los dientes y la vida social del propietario de los mismos, sino contra la existencia misma de incisivos, caninos, premolares y molares.
Así que, estimado lector, si tenés algún interés en mantener tus comedores en buen estado, tendrás que superar el pánico que te sobreviene al enfrentarte a la cuasi infinita parafernalia que habita la góndola de los productos para higiene bucal en el supermercado, elegir qué cepillo, dentífrico, hilo y colutorio se adaptan mejor a tus necesidades o combinan mejor con los azulejos de tu baño, y dedicar parte del tiempo que generalmente volcabas a tareas improductivas como dormir, trabajar o tener una vida, a la limpieza de tu cavidad bucal.
Y no olvides que los odontólogos también tienen que vivir, así que visitá al tuyo un par de veces al año, para que pueda hacerse unos pesos con los que comprar, por su lado, su propio cepillo de dientes.


viernes, 6 de junio de 2008

Tirreno

piel dorada
cuerpos esbeltos
sumergidos
en aguas claras

calor y sal
rumor de olivos
etruria y roma
en su pasado

un nombre prohibido
o casi

piel dorada
cuerpos esbeltos
que yacerán
sobre la albura

aroma de hierbas
bocas húmedas
el delicioso tormento
de la espera

olores prohibidos
o casi

el momento que llega
el oro líquido
que se derrama
lluvia balsámica

piel dorada
cuerpos esbeltos
la espera
ha concluido

sabores prohibidos
o casi





Cuando los penne rigate, dorados y esbeltos, están al dente, retirar la cacerola del fuego, colar y servir sobre nívea fuente; verter generosamente sobre ellos aceite de oliva, agregar mozzarella en trozos y tomates cherry cortados en mitades; aromatizar con hojas de perfumada albahaca fresca, y dejar caer una lluvia de pimienta negra molida... Buon appetito!


martes, 11 de marzo de 2008

Estallido

Para el Santi,
que insistió tanto.
Tanto.
mis manos se demoran
en su tersa redondez
tan perfecta
mis manos se deslizan
y se pierden
mis manos sienten
su dureza
y se demoran
y demoran el momento
del estallido
que mis manos
presienten
pero es urgente
ya no espera
y estalla y se rompe
y se libera
el momento mágico
y se vierte incontenible
líquida y viscosa
su blanca espuma
su preciado tesoro
su contenido oculto
y solo queda
exhausta y vacía
su cáscara
...

el huevo
finalmente
ha develado
su secreto

Aclaración innecesaria (por eso la hago):
Este poema en verso libre bien podría haberse llamado: “Instrucciones para romper los huevos” pero pensé que alguien podría tomárselo a mal, porque nunca falta quien busca el sentido figurado hasta en la más literal de las afirmaciones.