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martes, 1 de marzo de 2011

¡Qué porquería es el glóbulo!*

Como planteaba en mi última entrada (si no la leíste, primero tendrías que avergonzarte, y luego, leerla acáel número de comentaristas y de visitantes de este blog es bastante exiguo, si lo comparo con el otro blog que tengo en mi calidad de docente de Ciencias Biológicas: en cuestión de un año, ha recibido más de 50.000 visitas, en tanto que este que ahora estás leyendo, en tres años apenas si sobrepasa los 45.000. Por lo tanto, y sacando conclusiones apresuradas, deduje que la gente quiere leer temas científicos, propuesta que fue secundada por Marple.  Entonces, allá vamos.

Imagino que a estas alturas, estimado lector, sabrás que tanto vos como yo tenemos sangre, al igual que pasa con muchos otros animales; es más, como se sabe desde el siglo XVI,  esa sangre circula, es decir, se desplaza. Nosotros, que somos mamíferos (sí, no pongas esa cara, ¿o acaso naciste de un huevo?) tenemos circulación cerrada, esto es, que la sangre siempre se desplaza dentro de vasos sanguíneos, que pese a que el nombre sugiere otra cosa, son  conductos, tubos o cañerías, que se comunican unos con otros, de forma ordenada.

Ahora, por más que una cañería esté llena de líquido, el líquido no se desplazará a menos que algo lo obligue; ese algo es el corazón, que es nada más que un órgano muscular y hueco que funciona como bomba, que no se parece en nada a la representación gráfica pedorra  que se hace y que tiene tanto que ver con los sentimientos como la uña del dedo gordo del pie.


 Hasta ahí, todo bien, pero… ¿Por qué caracho se desplaza la sangre dentro de la cañería vascular? 
Pues bien, entre las muchas funciones que tiene la sangre, está la de servirle de medio de transporte al cuerpo; por ella van los nutrientes, el oxígeno, los anticuerpos, los medicamentos y todos los etcéteras que se te ocurra incorporarte, y por ella vienen a la vuelta los desechos, pero de una forma ordenadita y prolija: no se le ocurre jamás a un desecho que una célula acaba de tirar meterse a contramano como un perfecto pelotudo y armar bruto lío en el tránsito.

Pero el tema que nos ocupa hoy no es otro que el análisis de la composición de la sangre: ese líquido rojo y viscoso no es granadina ni nada que se le parezca, y hasta el más abombado habrá  notado alguna vez que ni siquiera es siempre bien rojo su color, sino que a veces la sangre es más bien morochona. Lo que pasa es que cuando va cargada de oxígeno es de un rojo brillante, y cuando vuelve cargada de dióxido de carbono es de un rojo oscuro, más adecuado para hacer morcillas.

La sangre tiene dos componentes básicos: la parte líquida, que es la obvia, es decir, el plasma, y la parte formada por células, que de obvia no tiene nada, porque si la querés conocer tendrás que mirar por un microscopio. El plasma es algo así como un caldo: agua con ingredientes, la mayoría de los cuales son proteínas, y es la mayor parte de la sangre; de lo contrario, más que líquida sería algo así como una mermelada de frutillas, y no quieras imaginar la fuerza que tendría que hacer el corazón para bombearla, y cómo tendrías de hinchadas las venas y las arterias.

La otra parte, la menor, está integrada por células, de las que hay tres modelitos: los glóbulos rojos, también llamados eritrocitos o hematíes, los glóbulos blancos, alias leucocitos y las plaquetas, también conocidas como trombocitos. El porcentaje de las células en el total de sangre se llama hematocrito, y en una persona bien nacida anda alrededor de un 40 o 45 %.  (¡Ah! ¡Era eso lo que decía el análisis!) 

Los glóbulos rojos se caracterizan por varias cosas, en particular por lo numerosos que son: en un milímetro cúbico de sangre (un cubito así chiquitito de 1 mm de lado) caben cómodos unos 5:000.000. Pero así como son numerosos, son chiquitititos, y tienen forma de disco bicóncavo, algo así como un ojito de panadería pero con dulce de los dos lados. Por supuesto que no son rojos, como cualquier suspicaz habrá sospechado desde un principio; son amarillentos, pero al ser taaaaantos, dan ese efecto “rojo sangre” de las películas de Tarantino. 

Ahora bien… ¿Para qué tenemos tantísimos glóbulos rojos? Pues ni más ni menos que para transportar oxígeno. Cuando un glóbulo rojo pasa por los pulmones, “atrapa” el oxígeno que está entrando, con un anzuelo especial, la hemoglobina. El oxígeno “enganchado” es llevado a las células del cuerpo, quienes lo utilizan para producir energía. Esto hace que si baja el número de glóbulos rojos (anemia, que le dicen) hay pocos camiones que transporten oxígeno, y las células les falta materia prima para producir energía, por lo que se generará una sensación de cansancio. Esto da una buena excusa: “Señor Jefe, no puedo trabajar al ritmo que usted me pide, no porque sea boludo, sino porque tengo anemia. “

Los glóbulos blancos son muchísimos menos que los rojos (unos 7.000 por mm3), pero a su favor tienen que son grandotes y variados: hay linfocitos, monocitos y granulocitos. No son blancos (¡Cuac!) sino incoloros, y se encargan de defendernos del ataque de otros organismos tales como virus, bacterias y protozoarios  (no así de suegras o exnovios pesados). Claro que en la defensa los glóbulos blancos a veces ganan y a veces pierden, pero a no preocuparse que de algo hay que morir.

Las plaquetas no son verdaderas células, sino fragmentos; con unos 200.000 por mm3 de sangre te arreglás bien. Se podría pensar que si son cachitos de células, no sirven para nada… ¡Craso error! Son las plaquetas las que van a actuar de sellador cuando la cañería se rompe, ya que participan en la coagulación. 

Evidentemente, las células se van muriendo, porque no hay célula que viva cien años ni cuerpo que la resista, pero continuamente se van formando nuevas células, no en la Fábrica Nacional de Células Sanguíneas, sino… ¿a qué ni te imaginás dónde? ¡En el interior de los huesos! La elaboración de las células sanguíneas se llama nada más y nada menos que hemocitopoyesis o hemocitopoyesis para los amigos, que como todo el mundo sabe quiere decir “formación de células de la sangre”.


Para decorar esta entrada, les dejo estos avances de la película "Bodas de Sangre", de Carlos Saura, con el divino Antonio Gades, y olé!


Y con esto culmino esta entrada que seguramente será la más extraña que se haya visto en este blog, pero no se podrá decir que no cumplo con  lo que prometo. 


* Compilación realizada por el Maestro  José María Firpo, publicada en 1976 por Editorial Arca

sábado, 18 de julio de 2009

Disculpame el eufemismo

Hace un tiempo Ro, la de El cristal con que se mira, me propuso el tema de los eufemismos. Muy rico todo, pensé, pero como yo soy muy ordenada, decidí empezar por el principio. ¿Qué es un eufemismo? Según el incalificable Diccionario de la Real Academia de la Lengua –faro que guía a esta escribidora perdida en las tinieblas de la ignorancia, como podrá ver y apreciar cualquiera que pase por este blog- un eufemismo es una “...manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante.” Ah, bueno. Así que un eufemismo es una forma de decir algo pero con otras palabras. Una especie de hipocresía sinonímica, ya que estamos. Ahora bien, si mal no recuerdo, las ideas cuya recta y franca expresión es dura o malsonante, tienden a ser recta y francamente corporales: suelen referirse a la anatomía, a la fisiología o a la patología del propio cuerpo humano.
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Por ejemplo, la premisa que dice "todos los hombres son mortales" que una tenía por verdadera, parecería ser que no es así. Mucha gente es inmortal, dado que no se muere, sino que pasa a mejor vida. Sin duda, hay algunas vidas mejores que otras, pero no deja de ser un poco injusto que los que ya se daban la buena vida pasen a tener una aún mejor, en tanto que se les podría dar una mejoría a quienes tienen una vida espantosa. Se me dirá que la expresión alude a una vida mas allá de la existencia terrenal, que una ni siquiera tiene la certeza de que exista, y quién te dice que no te toque ir a rostizarte con Don Lucifer, que será que a mí me mata el calor que no me parece que ésa sea mejor vida, o al menos no desde el punto de vista térmico.
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Pasaron a mejor vida
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Las personas que sí se mueren, a veces lo hacen por causa de una terrible enfermedad. Ahí es que yo me planteo cuál sería la enfermedad que aquejaba al difunto: ¿Un dengue hemorrágico, acaso, que lo hizo desangrarse en medio de unos espasmos tremendos? ¿Una enfermedad pulmonar obstructiva crónica, que lo tuvo durante mucho tiempo respirando por las orejas mientras lucía un tono de piel azul? ¿Un cólera, que se lo llevó en medio de la indignidad de una diarrea apocalíptica? Enfermedades terribles yo diría que hay muchas, pero parece –según me informan- que la expresión refiere exclusivamente al cáncer, que ya es un eufemismo, porque no es una enfermedad sino que pueden ser varias, y que además, suelen ser identificadas por su nombre y apellido, ya que no es lo mismo un linfoma de Hodgkin que un sarcoma de Kaposi. O como decía mi abuela, "parece que Fulano tiene algo malo", con lo que a una le quedaba la idea de que Fulano tenía un perro mordedor o un prontuario frondoso.
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Algunas de las personas que permanecen con vida, lo hacen con serias dificultades e inconvenientes, dado que no cumplen con las funciones orgánicas que hacen a la condición de ser un ser vivo. Por ejemplo, no defecan, ni mucho menos cagan, sino que mueven o movilizan el vientre. En realidad, las únicas personas que sí mueven el vientre son las bailarinas de la danza del mismo, que se reducen a un escasísimo número de personas.
En los últimos tiempos, ha surgido un nuevo eufemismo referido a la frecuencia y velocidad de evacuación de la materia fecal: el tránsito. Si a mí me hablan de tránsito lento, me imagino la ruta interbalnearia un domingo de verano a las 7 de la tarde, y no que Mengana está de pésimo humor porque hace cuatro días que no caga, perdón, que no moviliza el vientre.
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Mueve el vientre sin problemas
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La edad es otro tema del cual no se puede hablar sin rodeos; el envejecimiento dejó de ser un proceso natural para convertirse en un oprobio, que hay que ocultar a como dé lugar. De ahí que un individuo no sea más un viejo, por más que tenga una antigüedad probada sobre el planeta, sino que es un adulto mayor. Ahora bien, se alcanza la mayoría de edad a los 18 años, y la adultez unos pocos años después, por lo que un tipo de 31 años es un adulto y es mayor, mal que le pese, es decir que entró en la misma categoría del bisabuelo que el otro día festejó los 97.
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En lo que respecta a la sexualidad y a la actividad sexual propiamente dicha, comprendiendo los aspectos eróticos, genitales, reproductores y aledaños, prácticamente una no entiende cómo sigue existiendo la especie humana, si todo es puro eufemismo. Las mujeres no menstruamos, sino que estamos en esos días (es decir, que no sé en qué estoy cuando no menstrúo... ¿En esos otros días que no son esos días, tal vez?), en los cuales hay que tener particular cuidado con la higiene íntima (¿Me tendré que cepillar el esófago?) Por supuesto que una jamás de los jamases tendrá vagina, clítoris o quién sabe qué otros vericuetos malsonantes, válgame Falopio.
Por su parte, lo hombres no tienen pene (bueno fuera) sino que tienen órgano viril. Ahora bien, dado que viril quiere decir perteneciente o relativo al varón, cualquier órgano que tenga un ser humano de sexo masculino es un órgano viril, por lo que bien podríamos estar hablando del ojo o del páncreas.
Las personas decentes jamás practican el coito o cópula; como mucho, se acuestan... Para mí que acostarse quería decir algo así como ponerse en posición horizontal para descansar o dormir, y de ser posible en una cama, pero parece ser que no es así. Cuando alguien dice “Mengano se acostó con Zutana”, por poner un caso, parece ser que quiere decir que dichas personas mantuvieron trato carnal o se conocieron en el sentido bíblico, no sé si me explico. O sea que es incorrecto –y yo diría, inmoral y censurable- decirles a los niños pequeños “Es hora de acostarse”. Debe decirse, por lo tanto “Es hora de ir a tenderse o echarse con el objetivo de dormir.”
En los últimos tiempos ha cundido un anglicismo, que es tener sexo. ¡Caramba, y yo que creía que tenía sexo femenino desde que un espermatozoide de papá que tenía un cromosoma X se unió con un óvulo de mamá que también tenía un cromosoma X...! Pues no. En estos momentos que estoy tecleando este texto, te juro que no estoy teniendo sexo (no soy tan habilidosa, lamento confesar).

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El embarazo, el parto y el puerperio, hechos naturales y por demás deseables sobre todo en este país que somos tan poquitos, pueden llenar de felicidad a una persona o a una pareja, pero no por ello se podrá hablar de esos temas a calzón quitado, aunque suelen involucrar varias quitas de calzones, que no será imprescindible pero sí más cómodo. Perengana puede estar embarazada, cómo no, pero jamás parirá a su hijo, sino que tendrá familia, con lo que padres, hermanos, tíos y primos pasan automáticamente a un estado de no-existencia. Luego de tener familia, la mujer no pasará a ser una puérpera, sino que estará en la cuarentena, por lo que el maravilloso acto de tener un hijo pasa a convertirse en sinónimo de haber padecido la peste bubónica.
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Perenganita tuvo familia
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Y no sé si corresponde que acabe este texto, porque como sabemos, acabar también es un eufemismo.
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sábado, 11 de julio de 2009

La pandemia de la prensa amarilla



Siguiendo con el apostolado de mantener a la población debidamente informada, van aquí una serie de aclaraciones acerca del ineludible tema de la gripe del chancho.


Para empezar por el principio, los virus no son seres vivos, no insistas; no los podés matar. Los virus son... virus, existen y están allí, y una tiene que asumir su existencia, como asume la existencia del átomo, de los impuestos y de los comentaristas de fútbol.
Lo que tienen los virus es que se hacen los vivos, y cada tanto se les da por invadir verdaderos seres vivos. Invaden sus células, obligan a éstas a hacer copias de ellos, y así hay cada vez más virus, para invadir nuevas células, hasta que al final se aburren y se van, o ya no quedan más células por invadir, porque el ser vivo que los alojaba –llamado huésped- decidió morirse de una buena vez.
Ahora bien, los virus son específicos: invaden a un tipo de célula determinada de una especie determinada, es decir, que se aquerencian en el huésped. El inconveniente es que los virus mutan con gran facilidad, y es así que un virus que durante años invadió células de una especie en particular -pongamos por caso, el chancho- un buen día mutó (es decir, cambió) y decidió que el chancho le resultaba poca cosa y se le dio por invadir cristiano.
Ahí es que entra en juego la palabrita zoonosis: una zoonosis es una enfermedad propia de una especie que se le da por atacar a otra. Según el Diccionario de la Real Academia, es una “enfermedad o infección que se da en los animales y que es transmisible al hombre en condiciones naturales” con lo que queda claro que los integrantes de la Real Academia no son animales, y andá a saber a qué Reino pertenecen, si es que son seres vivos, y que a las mujeres, por suerte, no nos pasan esas cosas.
La cuestión que el virus A (H1N1), que como todos sabemos pertenece a la familia
Orthomyxoviridae, hasta hace poco infectaba a los cerdos, hasta que le vino el berretín, y decidió abandonar al modesto suino para ir a alojarse a otra especie tanto o más chancha, pero con mayor estatus zoológico. Así fue que la gripe porcina, que ya existía, se humanizó, en el peor sentido del término, por lo que ya no es correcto seguir llamándola gripe porcina o gripe del chancho, a menos que quien la padezca sea inspector de tránsito.
Y tampoco le alcanzó con llamarse gripe, y comenzó a llamarse influenza, siendo términos sinónimos, sólo que gripe es de origen francés e influenza de origen italiano; será que a este virus le caen simpáticas las fiestitas de Berlusconi. Es decir, que estamos en presencia de la Influenza A (H1N1), y no de otra cosa.
¿Qué diferencia tiene con la gripe común, que después de haberla padecido durante siglos, aprendimos que se llama “estacional”? Ninguna, salvo el virus que la causa. La gripe estacional puede ser causada por virus A, B o C, que a su vez pueden tener variantes, según las proteínas que tengan en su superficie. Por lo demás, da lo mismo tener una que otra, siendo mejor no tener ninguna de ellas, si me dan a elegir. Los mismos dolores musculares, la misma fiebre, el mismo decaimiento, los mismos estornudos... Una falsificación capaz de engañar a cualquiera, salvo a los expertos.
¿Cuál es el problema, entonces? El problema es la globalización. Siempre hubo virus y enfermedades infecto-contagiosas, muchísimo peores que la humilde influenza. Claro que en épocas anteriores, había menos gente, menos traslados y nada de información. La mayoría de las personas nacía, vivía y moría en la misma comarca, y ni sabía qué había unos pocos kilómetros más allá. Hoy no. Hoy un tipo estornuda en Veracruz y a las pocas horas otro es contagiado en Jakarta, y un rato más tarde otro se resfría en Casablanca. Los virus viajan en avión de una parte a otra del mundo, y sin que los afecte el jet-lag. Y son seguidos por los medios de comunicación, que con esto de los satélites, las cámaras digitales, los teléfonos celulares, las laptops y la mar en coche. Como si cada virus tuviera un GPS, que permitiera ubicarlo al instante, no importa en la nariz de quién acabe de colarse.
Y se desata la pandemia. Que quiere decir que la enfermedad se extiende a muchos países, y no que es algo terrible. El problema, en este caso, es que “pandemia” suena a “pandemonio”, que no tienen nada que ver, ni tampoco es tan grave, sino que es el nombre que este muchacho Milton le puso a la capital del Infierno en su “Paraíso Perdido”, como bien le podría haber puesto Montevideo, si no fuera porque por ese tiempo todavía no estaba fundada, y ni siquiera Zabala había nacido.
[1]
Entonces, como decía el Chapulín Colorado, que no panda el cúnico, que la cosa no es tan grave. Me dirás que muchas personas han muerto por esta pandemia. Bueno, sí. Ahora bien: ¿tenés idea de cuántas personas mueren anualmente por gripe estacional? Y no voy a traer a colación las muertes por accidentes de tránsito, enfermedades vinculadas al tabaquismo, cáncer, violencia doméstica, guerras, hambre y otras pandemias que sí son infernales, porque escapa al tema de este artículo y a las posibilidades de esta escribidora. Ni tampoco me voy a poner a hacer disquisiciones acerca de las ganancias de las multinacionales de la industria farmacéutica con la venta de antigripales y antirretrovirales. Y menos que menos voy a decir que las farmacias se hacen su junio-julio vendiendo alcohol en gel y tapabocas, que después de todo es un negocio y de algo hay que vivir.
Así que menos bola a la prensa, que bien puede ocuparse de otros temas muchísimo más serios e importantes como el funeral de Michael Jackson, el pase de Cristiano Ronaldo al Real o el inminente estreno de la sexta película de Harry Potter.
Y vos cuidate del frío, alimentate adecuadamente, lavate las manos seguido –que siempre viene bien- y salí corriendo si alguien estornuda cerca.
Y si ya estás con estornudos, dolores musculares y fiebre, metete en la cama y aprovechá para quedarte vagando unos días, que es lo mejor que podés hacer en el invierno.
¡Achís!




[1] “Paradise Lost”, la obra de John Milton, fue publicada en 1667, en tanto que Bruno Mauricio de Zabala, el fundador de Montevideo nació en 1682, y Montevideo fue fundada en 1726.

sábado, 23 de febrero de 2008

El ello, el yo y el superyó (que soy yo todos esos)


Bueno, que al final me animé. Ahora, ajo y agua. Que se hagan cargo Rossana, Germán, la Flaca y mi tío Eduardo. ¿Vos no escribís? ¿No tenés blog? ¡Dale! ¿Por qué no tenés blog? ¡Cómo no te vas a animar, con ese humor que tenés, con lo bien que escribís, con lo lindo que dibujás...! AGRANDADORES DE LOROS, eso es lo que son. Que una ya tiene bastante con una autoestima que tiende a cero, una enorme capacidad de autoflagelarse y meaculparse y de creerse que lo que una hace, dice y es no le interesa a nadie. A veces pienso que mi neurosis mejoraría con el psicoanálisis, pero en seguida me doy cuenta que a ningún psicoanalista le puede importar lo más mínimo mi ello, mi yo y mi superyó, y me los guardo. Ah, claro, después están las máscaras, y las armaduras, esas que permiten salir al mundo real y enfrentarlo con sonrisa de azafata y aires de superada, que más de uno se los cree, nomás. Pero acá no puedo ponerme la máscara, porque me impide ver bien el monitor, así que me la saco. No sé qué saldrá de todo esto. Por quejas, dirigirse a sus propios blogs, que para quejarse en este, estoy yo.





Por qué no tengo un blog


Decime de qué se trata, que me opongo. Qué horrible eso de vivir dentro de la computadora. Que ya es vicio. ¿Computadora? No, no tengo. Y de ahí una retahíla de injustificables argumentos de por-qué-una-es-una-mejor-persona-si-no-tiene-computado-ra que yo esgrimía hasta hace unos años. Y un buen día me di cuenta que necesitaba ese artefacto demoníaco para trabajar, y me compré una computadora –eso sí, con escáner, impresora, frigobar y microondas-, con la firme intención de usarla sólo para armar trabajos para mis alumnos, archivar planificaciones y enviar algún que otro mensajecito a los cuatro o cinco amigos que ya tenían PC por ese tiempo, y sin tener ni la más puta idea de cómo prenderla pero con una testarudez y una fuerza de voluntad dignas de mejor causa, me encerré con ella en mi cuarto durante un enero, la miré fijamente al monitor apagado y le dije: Date por dominada. La prendí, y ni bien se iluminó su monitor color de 15 pulgadas, ronroneó su ventilador, me hizo dingdingding al abrir o cerrar un programa, que me entregué por completo a su embrujo. Me dominó por completo, me hechizó, me subyugó, me sometió a sus más oscuros designios, hizo de mí lo que quiso... En un plazo mínimo, sin hacer curso alguno ni siquiera de manejo-de-PC-para-imbéciles armaba presentaciones en power point, bajaba programas de todo tipo, me comunicaba con amigos virtuales en los anillos de Saturno... Dora –que así se llama- lleva ya siete años conmigo –y yo con ella-. Tenemos nuestros días, no lo voy a negar, que a veces me avisa que Esteprogramanorresponde o Memoriainsuficienteparainiciareseprograma y se queda como en trance, y yo la puteo, me rasgo las vestiduras, me cubro con cenizas y la reinicio de un saque, pero en definitiva esta adicción, esta relación sadomasoquista, esta obsesión me ha hecho enormemente feliz. I know, it’s only rock’n’roll… but I like it. Y ya estoy en ese punto en que no voy al cine si antes no vi avances de la película, leí quince entrevistas al director y leí dieciocho comentarios de críticos y aficionados y no soy capaz de hacer un huevo duro si no leo al menos cuatro recetas distintas. Y me bajo novelas y las leo, y me actualizo en páginas de ciencia, y me informo de cómo van las cosas en Kosovo, y escucho música, y juego, y supe tener una página de viajes y tengo una en la que subo mis garabatos, y leo y comento en los blogs de mis amigos. Por eso no tengo un blog. Para no vivir pendiente de la computadora.

Digestión Química y Mecánica

Esto del blog lo vengo procesando desde hace años; bueno, desde que las bitácoras, weblogs, diarios online, comenzaron a difundirse urbi et orbi. La idea me seducía –si seré una mina triste y desgraciada que últimamente sólo las ideas intentan seducirme – pero a la vez me daba cosita. Bueno, no voy a inventar al Dr. Jekyll y a Mr Hyde ahora, pero como que algo de eso había. Dale, animate, que ese humor satírico que muchos dicen que tenés puede gustarle a más gente... Que vos escribís bien, clarito, sin faltas de ortografía y con una sintaxis más que respetuosa... Que hay cada boludo que tiene blog... Que cómo voy a tener un blog, si es lo único que me falta para estar prendida a la computadora 25 horas al día... Que estoy segura que al segundo día ya no tengo más nada que decir... Que igual a nadie le importa y lo bien que hacen. Y fue allí cuando aparecieron los émulos de Mr Hyde, no ya en mi cerebro cuasi esquizofrénico, sino de cuerpo presente. Y Rossana primero, la Flaca después y luego Germán, que tienen sus preciosos blogs en este lugar sagrado donde escribe tanta gente, insistieron, e insistieron, y al final me decidí a pegarle una mordidita a la idea, la mastiqué y la insalivé, la saboreé, la deglutí, y permití que la digestión siguiera su curso, hasta que la idea fue absorbida y aquí anda ella, circulando por mi torrente sanguíneo, infiltrándose en mis neuronas. Y en estos últimos días, la idea comenzó a tomar forma, y fui creando una introducción absolutamente genial para el blog, y un título creativo y provocador, pero como soy de digestión lenta, no registré nada de nada, ya ahora que finalmente mis dedos golpetean el teclado y la idea comienza a corporeizarse, lo que queda de ella es sólo esto. Que ya todos sabemos cómo termina todo proceso digestivo que se precie.