Mostrando entradas con la etiqueta Diccionarios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Diccionarios. Mostrar todas las entradas

domingo, 12 de diciembre de 2010

Pequeño manual para entender las invasiones inglesas

Cualquier habitante del Río de la Plata y zonas aledañas podría suponer que las antedichas invasiones fracasaron con rotundo éxito hace poco más de dos siglos; sin embargo, cualquier habitante del Río de la Plata y zonas aledañas sabe que eso no es cierto, ya que cada vez más incorporamos términos provenientes del idioma inglés a nuestra vida cotidiana, lo que provoca  distintas actitudes, desde la más férrea oposición al más conforme de los beneplácitos, pero la cuestión es que allí están esos términos, y más vale que te familiarices con ellos, de lo contrario vas a ser un extranjero en tu propia casa.
Es así que me propuse facilitarle las cosas  a aquellos lectores poco familiarizados con la lengua de Mick Jagger, y elaboré este pequeño glosario con algunos de los términos provenientes del inglés con que nos enfrentamos diariamente (con pronunciación incluída):

20% off (pronúnciese “veinte por ciento of”, y no “tuenti per cent of”): quiere decir que lo que sea que se venda allí tiene un 20% de descuento, o sea que sale más caro que en cualquier otro lado.
cd (cidí): sigla de compact disc, o sea, disco compacto, un disco igual a los de antes pero más chiquito y que tiene las canciones de un lado solo (las generaciones actuales desconocen el significado de “lado B”).
dvd (dividí): sigla de digital video disc, o sea disco de video digital, es decir, un video redondo y chato. Sirve para que los músicos puedan recaudar algún dinero vendiendo filmaciones de sus recitales, y para que las quinceañeras te regalen el video de la fiesta con la esperanza de que alguna vez lo veas.
e-book (ibúc): libro electrónico, de esos que podés tener guardados en la computadora, y leer en pantalla. Tiene la enorme ventaja que no hay que pasarle el plumero, porque no junta tierrita.
hd (pronúnciese “hachedé” y no “jéich di”): siglas de high definition, o sea, alta definción. Quiere decir que ahora vas a ver la tele con mayor nitidez y pagando mucho más que antes.
laptop (láptop): literalmente, “sobre la falda”, el término refiere a una computadora portátil que, contrariamente a lo que se supondría, no se puede usar sobre la falda porque no hay muslamen que aguante el peso y el calor del bicho ese cuando está prendido.
lcd (elecedé, no confundir con elesedé, que es otra droga): sigla de liquid crystal display, pantalla de cristal líquido, que es un material que lejos está de parecer cristal y mucho menos líquido, con el que se hacen pantallas de monitores y televisores; no confundir con las pantallas de plasma, que no sé lo que son pero cuestan diez veces más que las elecedé.
mouse (máus): literalmente, ratón, aunque no se aplica al simpático roedor amante del queso, sino a ese artefacto que se parece mucho más a una tortuga que a un ratón, que va conectado a la computadora y que permite hacer clic.
mousepad (máuspad): literalmente “almohadilla para el ratón”, es esa superficie generalmente rectangular de un indefinible material flexible, sobre el cual se desliza el máus de la computadora.
netbook (nétbuc): computadora portátil pero así de chiquita, como la que tengo yo.
notebook (nótbuc): literalmente, “libro de notas”, o dicho de otro modo, cuaderno; computadora portátil pero un poco más grande y más pesada que la anterior. Tiene otras funciones, pero ni yo ni vos sabremos jamás distinguirlas si no es por el tamaño, así que para qué explicar más.
pendrive (péndraiv): es un cuchufletito del tamaño de un encendedor común y corriente, que se conecta a una computadora de escritorio o portátil, y que aunque parezca mentira, permite almacenar información y traspasarla de una computadora a otra. Cosa 'e Mandinga que algo tan chiquito pueda guardar tanta cosa, como dijo Oppenheimer al reventar el átomo.
ringtone (rínton): cada uno de esos ruiditos, en su mayoría cacofónicos, que emiten los teléfonos celulares para avisar que ha llegado un mensaje u otro acontecimiento similar. Suele sonar en los momentos y situaciones más inconvenientes.
sale (séil): No, pedazo de bestia, no viene del verbo salir (como podría creerse al escuchar una frase tal como “El Yónatan sale del ComCar el mes que viene”); significa literalmente, venta. Quiere decir que allí se vende algo mucho más caro que en cualquier otro comercio que tenga menos pretensiones. Suele acompañarse de 20% off.
shopping center (yópin cénter; en particular los locutores de radio pronuncian yyyyópin como si se escribiera con j y no con sh): centro comercial, o centro de compras, es decir, un lugar grandote que reúne cientos de comercios pequeños o medianos, de distintos rubros. Como acá no entendemos que en inglés los adjetivos se colocan delante de los sustantivos, decimos “voy al yópin”, en lugar de decir “voy al cénter”, sin saber que esa acción es gramáticamente imposible.
sms (esemese): sigla de short message service; se trata de esos textos breves y generalmente ininteligibles que la gente se envía de un teléfono celular a otro.
touch screen (tachscrín): pantalla táctil, que tienen algunos teléfonos celulares y los meteorólogos de la televisión. Los comandos del teléfono o del mapa con la situación sinóptica se manejan con los dedos, por lo que la pantalla al final queda toda pegoteada, en particular si uno acaba de incorporarse una bomba de crema bañada en caramelo.

Seguramente me olvidé de un montón, pero por ahora, es lo que hay. Have a nice day!


A pedido del público:


outlet (áulet): entre otras cosas, quiere decir tomacorriente, pero aquí utilizamos el término para referirnos a una tienda en donde se vende al por menor. O sea tienda. O comercio.

sábado, 4 de julio de 2009

Le salieron mal los anales y lo mandaron al siete i

Si el lenguaje de los partes policiales –que luego repite la prensa ¿especializada? en crónica roja- nos resulta críptico (ver artículo sobre el tema publicado en este mismísimo blog la semana anterior), qué podemos decir del lenguaje de los médicos. Claro que los profesionales de la salud (¿o debería decir “de la enfermedad”?) tienen su propia jerga y sus términos técnicos, pero de entenderlos dependen nada más y nada menos que nuestra salud, cuando no, nuestra vida, cosa que no ocurre en los partes policiales, porque honestamente un dolo más o un acometimiento menos me dan igual, pero con un proteinograma electroforético no se juega.
De la supina ignorancia que tenemos los pobres mortales de los términos médicos, y de la incapacidad de algunos galenos de traducir al español qué esfigmomanómetro quieren decir, surgen malos entendidos, muchas veces jocosos, como hacerse los anales, andar con la honda o sufrir neuralgia del trigésimo.
Como la docencia es, antes que nada un apostolado, y entre los objetivos de este humildísimo blog está el de educar a las masas (y a los sánguches), aquí van algunas aclaraciones de orden práctico:

Aguda: en este caso, no se refiere a las palabras acentuadas en la última sílaba, sino a una fase de una enfermedad. Se dice que está en fase aguda cuando es imposible obviar que una está enferma, porque le vino flor de patatús (de la índole que sea).

Azúcar: uno de los monstruos del imaginario colectivo; tener “azúcar en la sangre” produce un pavor completamente infundado. No hay modo de que un cristiano tenga azúcar en la sangre; quienes tienen azúcar circulando por su cuerpo suelen ser plantas, en particular la caña de azúcar y la remolacha azucarera-oh, sorpresa-. Lo que una tiene es glucosa, y el nivel de tan dulce sustancia en la sangre se llama glucemia o glicemia. Como casi todo en esta vida, hay que tener lo justo, porque tanto el exceso o el defecto perjudican. Cambiá los waffles de chocolate por una manzana, y después me contás.

Colesterol bueno / colesterol malo: parece el título de una película de Kusturica, pero sin embargo es la denominación vulgar e incorrecta de HDL y LDL, que como todo el mundo sabe, quieren decir High Density Lipoproteins y Low Density Lipoproteins. Hay que tener ambas lipoproteínas en niveles de normalidad, y dejarse de joder con concepciones maniqueas.

Colesterol: especie de monstruo legendario de la posmodernidad. Tildado de “malo” por el vulgo, el colesterol no sólo no es malo, sino que es imprescindible para las membranas celulares, para que las neuronas te funcionen rapidito y para un montón de cosas más. Lo que es malo no es tener colesterol, sino tenerlo en exceso. Aflojale a las milanesas con papas fritas, a los bizcochos y a aplastar el culo en la silla, y vas a ver cómo en seguida se te amansa.

Crónica: se dice de la enfermedad que se aquerencia y no se va, por más que una insista en negarla. Conviene asumir la condición de enfermo crónico de una buena vez, y aburrir a familiares y amigos con los detalles cada vez que sale el tema en una conversación.

CTI: siglas de Centro de Terapia Intensiva o Centro de Tratamiento Intensivo. No insistas con decirle "siete i", por más que se encuentre situado en el séptimo piso del hospital. A este centro se derivan los pacientes en condiciones críticas -es decir, más jodida- o aquellos cuyo estado de salud se ha visto seriamente perjudicado por acciones cometidas por sus insoportables familiares o por un jefe tóxico, dado que en el CTI el paciente está solo y tranquilo. El personal técnico cuenta con entrenamiento especial, pero suelen seleccionarse más que por sus capacidades, por su taciturnidad, dado que la mayoría de los pacientes de un CTI no son dados a conversar.

Es un virus: muletilla que utilizan algunos médicos cuando no pueden determinar con precisión el diagnóstico, pero sospechan que lo que tiene el paciente no es muy grave. Nunca es un virus: los virus son patoteros y siempre andan de a chiquisientillones. Y lo que tienen de bueno los virus es que cuando se aburren de enfermarte, se van (cuando no te matan, claro).

Hemograma: examen de sangre que consiste en que un técnico que está muy aburrido se entretenga en contar cuántos glóbulos y plaquetas tenés. Supongo que en el laboratorio hacen apuestas para ver quién le emboca al número de leucocitos, como para agregarle emoción a la cosa.

La clínica es soberana: expresión que utilizan algunos médicos cuando revisan al paciente y éste tuvo a bien llevar un montón de síntomas parecidos a los del libro, por lo que el diagnóstico se cae de maduro. Cuando la soberanía de la clínica está en duda, agarrate pa'l temblor: se viene una andanada de análisis y estudios paraclínicos que podrás pagar sólo sacando el 5 de oro.

Mamografía: técnica utilizada para diagnosticar cáncer de mama. Hay muchos chistes que comparan lo que una siente al hacerse la mamografía con aplastarse una teta con la cortina metálica del garage; nada de eso es cierto. Es mucho peor, pero andá igual.

PAP: nombre cariñoso con que se designa al Papanicolau, examen que todas las mujeres tenemos que hacernos anualmente. No es nada del otro mundo y te puede salvar la vida, así que ponete la bombacha de ir al doctor y andá de una buena vez.

Próstata: órgano de la anatomía masculina que nadie sabie bien qué es, dónde está y para qué sirve, pero que suele joderles la vida a los caballeros, en particular a los de mediana edad en adelante. Nada malo pasaría si el señor se hubiera empezado a controlar a los cuarenta y poco, pero es más fácil convencer a Mahmud Ahmadineyad de que asuma públicamente el fraude electoral que a otro individuo cualquiera de que vaya al urólogo.

UCI: Unidad de Cuidados Intermedios. Lugar de internación para pacientes indecisos, ni tan graves como para CTI ni tan leves como para sala común. Viene a ser como un hospedaje clase turista, ni un 5 estrellas ni una pensión.

Queda abierto el consultorio: dejanos tu pregunta, y en breve responderemos tu duda. Recordá que estamos para servirte.
(Lo que no aclaremos aquí, ya se aclarará en la autopsia.)
...

sábado, 27 de junio de 2009

Cómo transformarse en un occiso de un momento a otro

Una cuestión que me ha llamado la atención desde mi más tierna infancia es el lenguaje que se emplea en la elaboración de los partes policiales. Claro que entiendo que cada profesión u oficio tiene su jerga, que puede llegar a resultar críptica para los no iniciados; lo que en realidad me sorprende es que se emplee exactamente el mismo lenguaje técnico en las crónicas policiales de los medios de comunicación, que se supone que están para eso, para facilitar y no para dificultar la comunicación, pero quién soy yo para decirle a nadie lo que tiene que hacer con su canal de TV o con su diario.
Lo que sí puedo hacer en mi blog -y ahí sí que no hay comisario ni periodista que me lo impidan- es tratar de aclarar algunos términos para que de ahora en más, estimado lector, entiendas de qué caracho habla la crónica roja.
Para empezar, se le llama crónica roja a la que refiere a los delitos cometidos y denunciados, tal vez en alusión al color de la sangre de los vertebrados, que es roja debido a la presencia de hemoglobina. Ahora bien, en la enorme mayoría de los delitos que se cometen no hay presencia alguna de sangre, así que no se entiende el por qué de ese remoquete. Podría referirse, se me dirá, al rojo como el color simbólico de la pasión; me pregunto qué pasión puede haber en un delito de fraude, pero capaz que es mi absoluta carencia de tendencias delictivas la que me hace ver la cosa en blanco y negro.
En el relato de cualquier delito que se cometa, el dato que realmente importa es la edad de la víctima; jamás es una persona: es un sexagenario el que fue embestido, o una septuagenaria la que fue rapiñada. Honestamente, creo que cualquier individuo que a sus 60 años esté en plena actividad, lo que más teme en la vida no es ser víctima de un crimen, sino ser recordado como el sexagenario.
Quien comete un crimen violento, por otra parte, especialmente si se trata de un asesinato o de una violación, no es un hijo de puta, sino un incalificable sujeto. Si yo no le entendí mal a mi profesora de Español, el sujeto puede contener uno o varios adjetivos, por lo que es de lo más calificable que hay, amén de que a una se le ocurren un montón de calificativos para aplicarles a esos tipos.
En cambio, quien comete un delito de robo, jamás es un ladrón, sino un malviviente, en una idea preconcebida que necesariamente los chorros viven mal, en tanto que los robados vivimos espléndidamente.
Quien encuentre la muerte como consecuencia de un accidente o de un asesinato, no será "el muerto" sino la víctima fatal -lo que da un tufo de tragedia griega que reíte de Sófocles- o, lo que es peor, el occiso, que habrá tenido la precaución de yacer en posición de decúbito dorsal, que no me dirán que es lo mismo que estar echado panza arriba, que parece que estuviera durmiendo la siesta, lo que es una falta de respeto para el finado.
El delito no puede cometerse en una casa o en un apartamento; el lugar apropiado para delinquir es un inmueble sito en la calle Tal número Cual.
Las causas de la muerte del occiso pueden ser varias, entre ellas, la causada por herida de arma blanca, que una jamás imaginaría que se trata de un cuchillo o de una navaja, porque estos utensilios suelen ser más bien plateaditos, o podría tratarse, en otro caso, de una herida de arma de fuego, por lo que yo me imagino un soplete o una antorcha, pero parece que se trata de un revólver o de una pistola, cuando no de una escopeta, pero en este caso el incalificable sujeto en un rato de ocio previo al homicidio habrá tenido la prolijidad de modificar, porque se sabe que siempre se usa una escopeta de caño recortado, y nunca de una escopeta de caño entero. Como sea, habrá ultimado a balazos a su víctima, porque ya se sabe que con matarla, no era suficiente. El delincuente siempre extraerá de entre sus ropas el arma; nunca podrá ir por la vida con el arma en la mano o en un bolso, lo que además implica que nunca un homicida va desnudo.
Las riñas que terminan en homicidio invariablemente se producen por cuestiones del momento; nadie en su sano juicio mata a otra persona por cuestiones pasadas, por más que Jaime Roos insista que Emilio Gauna murió “acuchillado en un mano a mano / que se arrastraba de años atrás”.
[1]
Un homicidio puede ser intencional (como es obvio, es aquel en que el homicida le tenía unas ganas bárbaras al ahora occiso), ultraintencional (que suena como que el tipo le tenía muchas más ganas, pero en realidad quiere decir que lo quería surtir pero no ultimarlo) o culposo (que no es que le lo embargue el sentimiento de culpa, sino que fue accidental). El homicidio intencional se debe, en la inmensa mayoría de los casos, a un ajuste de cuentas, lo que me hace pensar que el incalificable sujeto necesariamente es un funcionario de la Dirección General Impositiva.
En los accidentes de tránsito jamás se involucran bicicletas, motocicletas, automóviles, camionetas, ómnibus o camiones; sólo se accidentan los rodados. Los heridos serán trasladados, como es de rigor, a un nosocomio, y nunca a un hospital o a un sanatorio.
Para finalizar, aclararé que un incendio que merezca ocupar un lugar en la crónica roja deberá ser un incendio de proporciones, lo que no deja de ser tranquilizador, porque garantiza que jamás será desproporcionado, como ha pasado en ciudades como Roma, Londres o Chicago
[2] , que no supieron manejar el lenguaje adecuado.

Y como no sé cómo cerrar este informe, lo doy así por ultimado y chau.


[1] Fragmento de la “Milonga de Gauna”, de Jaime Roos
[2] Ciudades célebres por sus incendios en los años 64, 1666 y 1871, respectivamente.

sábado, 16 de mayo de 2009

Impresentable

::::
Tiempo atrás, y debido a unas cuestiones que referí a su debido momento y no contaré otra vez para no aburrir, porque si bien la eximia pensadora Mirtha Legrand (paradigma intelectual de quien esto escribe) afirma que “el público siempre se renueva”, no me consta que así sea. De todos modos, para aquellos noveles lectores de este blog que se interesen en saber de qué corno estoy hablando, podrán averiguarlo si consultan el archivo a la derecha y abajo.
Decía, o en realidad no decía, que tiempo atrás inicié esta sección de diccionarios sui generis que pretenden redefinir términos ya existentes; primero fueron palabras que empezaran con “ex”, luego con “re” y hoy les toca el turno a las que comienzan con “in” o “im”, porque a este prefijo tanto le da una ene que una eme, que significar “para adentro” o “no”, cosa de lo más confusa sobre todo si alguien responde “in” cuando una golpea una puerta, porque no queda claro si le están permitiendo la entrada o prohibiéndosela.
Hechas estas aclaraciones tal vez innecesarias, no insisto más con insoportables introitos que resultan más un incordio que otra cosa, y voy indiscutiblemente al grano:


impío:
pollito que muere a poco de nacer, sin llegar a proferir sonido alguno.

imponer: poner, pero para adentro (lo opuesto a exponer). En otras palabras, mantener las apariencias.

impresión: hacer presión para adentro, impidiendo la libre expresión. Casi lo mismo que represión, diría.

impresionante: según nos desasna el lingüista español Jesulín de Ubrique, sinónimo de “dos palabras”.

improbable: la comida de la tía Raquel, cuando se le da por ensayar las recetas que ve en el Canal Gourmet (en particular, cuando trata de seguirle el tren a Martín Rebaudino).

imputar:
ejercer la profesión más antigua del mundo de puertas adentro, a diferencia de exputar, que es lo mismo pero en la vía pública.

inclemencia: ya lo dijo Artigas –o dicen que dijo- al sonar la campana que marcó el último round de la Batalla de Las Piedras: “Clemencia para los vencidos”. Bueno, sepamos de una buena vez que no todos los que comandan un ejército son Artigas.

incorporar:
reencarnar; hacerse acreedor a un cuerpo en caso de ser uno un espíritu, claro.

increpar: (de crepar, morir). Ser inmortal.

informar: perder la forma. Sinónimo de deformar. Para recuperar la forma, hay que reformar.

inhóspito: poblado tan alejado de la mano de Dios y del gobierno, que ni hospital tiene.

inmundo: originario del planeta Tierra; su antónimo es extraterrestre.

inocular: realizar un enema o lavativa.

insólito: acompáñado.

intenso: que está tenso, pero disimula.

intimar:
timar a un pariente o amigo. Ya se sabe que los del círculo cercano son los peores.

intimidar:
vencer la timidez. Se logra con psicoanálisis o con vodka.

intrascendente:
que trasciende para adentro. De los que saben guardar un secreto, por escandaloso que pueda parecerle.

intríngulis: parte de la anatomía humana que queda justito ahí donde la espalda cambia el nombre, en donde suele meterse la intrusa.

intrusa: trusa, bombacha o bikini que se te mete allá donde te dije (de las cosas más molestas que le pueden ocurrir a una en la vida).

inventar: ventar por dentro. Si ocurre más de una vez, se transforma en reventar.
::::::

domingo, 1 de febrero de 2009

Aquí está su diccionario

A partir de la publicación del anterior capítulo de mi diccionario personal (que va por su cuarta edición, si no conté mal), que en esa ocasión abordaba palabras que empiezan con re, algunos amigos bloggers (no diré que entre ellos se encontraban Germán y Peter para que no se agranden y se hagan los lindos más de lo habitual) en sus respectivos comentarios, y como quien sí quiere la cosa, tuvieron el tupé de sugerir definiciones para determinadas palabras. En otras mismas, me trataron de mercenaria, como si yo trabajara a demanda y al mejor postor, lo escribo sin que me tiemble el pulso. Mi arte no tiene precio, señores, así que en forma totalmente gratuita, y porque se me da la gana a mí, no porque me deje influenciar por otros ni porque sea verdad que no se me ocurre nada de nada, que a mí el calor me sienta horrible, va esta segunda entrega del rediccionario.
Y como el celebérrimo e incalificable programa radial “Aquí está su disco”, trataré de complacer los pedidos de mis fieles lectores, amén de haber agregado otros términos de mi propia cosecha.
Que se pita todas las veces que quieran, o sea, que se repita.

real: academia que rige los destinos del idioma español (no digo los destinos de la lengua, porque seguramente todo el mundo empezando por mí piense en otra cosa). Por supuesto que va muy por detrás de todas las innovaciones del lenguaje, porque ya se sabe que sus integrantes no se caracterizan por su rápida adaptación a los tiempos que corren.

recámara: cámara propia de artistas dedicados a la fotografía erótica, cuando no lisa y llanamente pornográfica (aunque no debe de haber nada menos liso y llano que la pornografía).

recapacitar: dictar cursos de postgrado. En los de grado, sólo te capacitan.

recargar: ser una persona insistente en su solicitud de favores amorosos a otra. No le bastó con cargarla y que le dijeran que no, que vuelve a la carga.

rechazar: aunque parezca mentira, el verbo chazar existe. ¿Y qué es chazar? Detener la pelota antes que llegue a la raya señalada para ganar. En el caso de rechazar, se trata de la acción que hace el arquero (portero, guardameta) cuando frena el pelotazo con las dos manos, o los más audaces, con los dos pies.

recular: argentinismo. En Uruguay decimos recoger, y en España, refollar. Carezco de conocimiento acerca de cómo se dice en otros países hispanoparlantes.

retén:
orden que se le da alguien para que sujete una cosa con fuerza. En el Río de la Plata se dice “retené”.

refresco: frío; para qué hablar con prefijos si hay palabras que dicen lo mismo ellas solitas.

repuesto: que se puso allí y no habrá Dios que lo mueva de ese lugar. Como la chivita de la canción.

retardado: impuntual. Lema de las compañías de transporte colectivo en este país, y del público en general salvo los neuras que somos retempranados.

resumen: al igual que rerresten, remultipliquen o redividan, conviene que comprueben las cuentas, por las dudas.

resuello: italianismo (pronúnciese “resuelo”). Suelo estratificado, que se coloca sobre uno previo (por ejemplo, parquet sobre baldosa). Puede ser flotante, o no.

recatado: vino premiado en varias catas. Mucho más caro y no necesariamente mejor que otros vinos más impúdicos. No confundir con recatar.

recatar:
actividad propia de los enólogos novatos. A los verdaderos connaisseurs les basta con una sola probadita.

recorrer: lo que hace Usain Bolt, en tanto que los demás atletas apenas si corren.

retomar: recatar cuando uno es aficionado a la bebida o incluso borrachín.

domingo, 18 de enero de 2009

Retomando el tema del diccionario

No sé si es que me viene fallando la inspiración, si es que se me agotaron las ideas, si es que estoy muy cansada o qué, pero lo cierto es que últimamente estoy escribiendo algunos de mis textos a partir del hurto.
Esta vez, la víctima es el entrañable –y extrañable- Juan Pascualero, el mítico habitante de Santo Pepe, el que me “prestó” la idea, o debería decir la flexión, que si se hace más de una vez, se vuelve una reflexión.
Para ir redondeando, lo cierto es que no supe resistirme a armar un nuevo diccionario, porque no por reiterada y repetitiva una idea deja de ser útil, si una la recicla y la presenta bajo una luz diferente. Como constantemente nos recuerda la filósofa santafesina Mirtha Legrand, el público siempre se renueva.

rebajar: descender abruptamente, por ejemplo como cuando una iba bajando tranquilamente la escalera, pierde pie y temina bajando a mayor velocidad de lo deseable.

rebelde: adjetivo camaleónico que se adapta tanto a James Dean como a Laurent Nkunda o a tu hijo de 14 años que hace tres días que no se baña.

recapitular: volver a rendirse ante el enemigo, actitud propia de pueblos sin mucho carácter o con muy pocas ganas.

reciclar: volver a emitir ciclos de programas viejos. Lo que hacen los canales de TV durante el verano.

recoger: reconocer.

recóndito: que queda allá donde te dije, que es por donde el diablo perdió el poncho.

reconocer: conocer a una persona en el sentido bíblico, más de una vez.

recórcholis: expresión utilizada cuando no hay Cristo que logre descorchar esa maldita botella.

reformatorio: clínica estética en donde te dejan con la forma que vos elijas (o al menos, eso te hacen creer).

regalo: francés patriotero, como Asterix o Sarkozy, sin ir más lejos.

regresar: volver a gresar. No confundir con gresar hacia dentro (ingresar) y mucho menos, para afuera (egresar).

regreso: procurar tenerlo con Gloria, aunque esta mina es de hacerse la difícil.

remedio: un medio más un medio. Cualquier abombado con matemática de jardinera aprobada sabe que un medio más otro medio es un entero.

reparar: parar más de una vez. Acción estrechamente vinculada con reconocer.

repicar: cortar vegetales en cubitos chiquitititos, o sea, en brunoisse.

repollo: pollo de doble pechuga, de esos alimentados a prepo y llenos de esteroides.

resignar: corregir los signos ortográficos de un texto, tarea propia de correctores de diarios y de profesores de idioma español.

retener: tener mucho. Acción propia del que comete el pecado de la avaricia.

retirar: tirar por fin aquel trasto inútil que guardamos por las dudas, “capaz que alguna vez nos sirve”.

retorta: dama prefiere la compañía de otras damas, desconozco si para jugar a las mismas.

revisión: lo que te ocurre cuando por fin te decidís a consultar al oftalmólogo.

domingo, 7 de diciembre de 2008

¡Exijo una explicación!

La cuestión más o menos es así: hace cosa de dos o tres semanas atrás, Santi colgó en su blog un cuento de Fontanarrosa, escritor muy admirado por el propio Santi, como hasta el menos avispado venía sospechando, y por una servidora. A raíz del antedicho colgamiento, o colgadura, en una de las conversaciones eruditas que solemos mantener con Germán, el escritor sabalero - gran admirador del polígrafo rosarino también- disertábamos ambos, los dos, o sea, Germán y yo, acerca del texto de Fontanarrosa, y en determinado momento de la plática, yo califiqué de "excelente" el cuento antedicho. Fue en ese momento que Germán me salió al cruce diciendo que mal podría yo calificar de "excelente" una cosa, si no tenía prueba alguna de que esa misma cosa hubiera sido celente con anterioridad, y ya no lo fuera más. Ante mi angustia intelectual, consulté al propio Santi en persona, de cuerpo y blog presentes, quien con su sabiduría tan vasta como larga y profunda -o sea, cúbica- me desasnó acerca de la celencia o excelencia de las cosas.
De ahí que esta modesta escribidora se lanzara a pergeñar el diccionario de las cosas que fueron y que ya no lo son, o sea, el diccionario de las ex.
Como creo que quienes leen estas líneas fueron pertos alguna vez y dejaron de serlo, es decir, son expertos, no necesitarán más explicaciones que las ya dadas, porque no debe de haber nada más deprimente que una plicación vencida.

exabrupto: Territorio que otrora fuera abrupto, pero que la erosión ha suavizado.
exactitud: Desgano, astenia. Por ejemplo, lo que me pasa a mí con el calor… ya no tengo la positiva actitud rompehuevista que me caracteriza.
exacto: Acto suspendido por la poca concurrencia.
excitación: Convocatoria que quedó sin efecto. Tal vez porque provocaba nervios innecesarios.
exclamar: Dejar de clamar, actitud sabia por demás, particularmente en el desierto.
exhortar: Cosechar en la huerta. Arrancar de raíz las hortalizas.
exhumar: Sacar el humo (lo que hacen las chimeneas y los decretos de Tabaré, por poner ejemplos).
exilio: (deformación de íleo, enfermedad aguda, producida por el retorcimiento de las asas intestinales). Término médico que significa que el paciente estuvo más cerca del arpa que de la guitarra con bruta oclusión intestinal, pero se salvó.
exótico: (De ótico, relativo al oído). Dícese de un objeto o insecto que se había alojado imprudentemente en el conducto auditivo, de donde fue sacado por un profesional de la salud.
expedir: Dejar de solicitar algo. Buena cosa, sobre todo si uno pide y no le dan.
expedito: Antiflatulento.
expirar: (de pirar, enloquecer) Recobrar la cordura.
exponer: Como es más que obvio, dejar de poner; más tarde o más temprano, les pasa a todos los avechuchos.
exposición: Aquella que se practicaba cuando uno era joven y el cuerpo aguantaba más.
expresión: Alivio… ¡Aaahhh!
expreso: Tren que ha estado detenido, pero que ahora rueda libremente por las vías.
expuesto: Que perdió el puesto que ocupaba. Como el que se fue a Sevilla.
expulsar: Dejar de latir el corazón, una arteria o cualquier órgano pulsátil.
extender: Volverse desaseado y no tender más la cama, conducta propia de los adolescentes y los recién divorciados.
exterminar: Volver a empezar algo que se suponía terminado.
extorsión: Artrosis; el sólo imaginarse la torsión, duele.
extractor: Chatarra de maquinaria agrícola.
extraído,a: Bien o mercancía que era traído de contrabando, y fue incautado en la aduana.


domingo, 30 de noviembre de 2008

Haciendo uso de mi libertad de expresión

Muchas veces se habla de la libertad como condición inherente al ser humano, como esa facultad de decidir hacer algo o no hacerlo, según voluntad e inteligencia; que la libertad de pensamiento, que la libertad de expresión, que la libertad de conciencia y que la mar en coche.
Ahora, dejando de lado los vuelos filosóficos y pasando a algo más terreno y reptil si se quiere (usualmente se simboliza la libertad como un ave volando a gran altura, o como un caballo corriendo por la pradera, jamás como una tortuga o un lagarto overo, vaya una a saber por qué, si tanto aves como mamíferos evolucionamos a partir de los reptiles), decía, pasando a un pensamiento más rastrero, a una le imponen cosas desde el útero, y minga de libertad si estás anclado a la placenta por el cordón umbilical y tenés que nutrirte de lo que te da tu mamá, y dónde quedó la libertad si no podés optar por no comer coliflor si no te gusta y a tu vieja le encanta, que hay gente para todo. Y en ese mismo orden de cosas, e irrespetando totalmente la libertad de expresión, a una también le imponen el idioma desde que está dentro del saco amniótico. La mamá, el papá, los hermanitos, los abuelos y la tía Celeste le hablan al feto sin consultarle si quiere o no aprender ese idioma que ellos hablan. En mi caso, fue uruguayo, una versión modificada del español, en su variedad montevideana, el idioma que me inculcaron a prepo y andá a saber si yo no prefería que me enseñaran chino mandarín o farsi, que ahora no me acuerdo, pero me juego a que no me dejaron elegir.
Se me dirá que un feto o un recién nacido no tiene elementos de juicio suficientes como para elegir el idioma que quiere de entre los que hay, o si quiere incluso inventarse uno propio, porque entre otras cosas, no se puede pensar sin palabras, pero eso lo decía Vygotski
[1], que hablaba ruso y hace rato que no dice nada, no sé si debido a que se reserva el derecho a réplica o porque se murió en 1934.
Bueno, la cuestión es que una no es libre de elegir el idioma, que no sólo se lo imponen, como he dicho anteriormente, sino que ya viene más o menos encaminado desde hace varios siglos, y una tampoco es libre de cambiarle nada que ya vienen los de la Real Academia a patotear.
Y es entonces que una aprende a hablar, a escuchar, a leer y a escribir un determinado idioma, y a medida que avanza en la vida, va aumentando su caudal léxico, y al final hasta le gusta, porque una cosa es que a una no le guste que le impongan una cosa y otra muy distinta es que no le guste la cosa en sí.
Pero volviendo al tema de la libertad, resulta que una a veces no está de acuerdo con determinadas palabras, es decir, que significan algo, pero a una le remiten a un significado totalmente diferente. Y ahí es que me tomo la libertad de redefinir algunos conceptos del idioma español y darles el significado que creo se merecen, que para eso tengo un blog, para escribir lo que se me canta.

abulia. f. Flor del abulio, muy perfumada; hay abulias blancas, rosadas y rojas. “La novia llevaba un precioso ramo de abulias e ilusión”.
aljaba. f. Arma arrojadiza. “… recordaban con horror el terrible sonido de miles de aljabas que surcaban el aire y oscurecían el cielo…”
atolón. m. 1. Derrumbe.
2. Acción irreflexiva y precipitada (de ahí deriva “atolondrado”).
baranda. f. Danza popular caribeña. “Bailaron toda la noche cumbia, mambo y baranda”.
bucólico. m. Acceso doloroso que se localiza en la cavidad bucal. Igual de horrible que un cólico menstrual o nefrítico. “Jimena no vino a trabajar; está con bucólicos”.
cacumen. m. (Del latín cacumen) Nombre vulgar con que se designa la porción terminal del intestino grueso. “Ando con el cacumen revuelto”.
carcaj. m. onomatop. Esputo.
cardumen. m. Instrumento empleado para cardar lana.
chambelán, na. m y f. Vendedor ambulante que pregona sus mercancías. “…y allá iban el chambelán ofreciendo ollas y sartenes por las plazas de los pueblos…”
corpúsculo. m. Pústula dolorosa que se forma en el intríngulis.
crótalo. m. Vergonzante lesión producida por una infección de trasmisión sexual. “…tenía el cuerpo cubierto de crótalos purulentos…”
envidia. f. Planta leguminosa de vaina comestible. “Acompañaremos el pollo con una ensalada de envidias y zanahorias”.
filatelia. f. Buena disposición del ánimo. “La filatelia de don Pedro es por todos conocida.”
gentilicio. m. Nobleza de cuna. “Es un hombre de rancio gentilicio”.
hipocampo. m. Cada uno de los lados cortos de un triángulo rectángulo. Ya lo dijo Pitágoras, “La suma del cuadrado de los hipocampos es igual al cuadrado de la hipotenusa”.
idiosincrasia. f. Enfermedad del páncreas, generalmente mortal. “La tía Goya murió de idiosincrasia”.
incunable. adj. Bebé que llora continuamente y sin razón aparente, para beneplácito de familiares y vecinos. “Ricardito anoche estuvo incunable”
insólito. adj. Desierto, desolado, devastado. “Era aquel un insólito paraje”
interpósito. m. Especie de parche de gasas y algodón que se utiliza para cubrir una herida.
intríngulis. m. Parte de la anatomía humana que queda justito ahí donde la espalda cambia el nombre, entre la nalga derecha y la izquierda.
majada. f. Acción necia o infantil. De ahí que uno sea un majadero.
occipucio. m. Parte innombrable de la anatomía humana. “Te vamo’ a romper el occipucio” es de las peores cosas que se le pueden gritar al árbitro del partido escudándose en el anonimato de la Ámsterdam.
preservativo. m. Aditivo que se le agrega a los alimentos para conservarlos por más tiempo. “Juliana es naturista; come sólo alimentos sin preservativos ni colorantes artificiales.”
sopapa. f. Especie de croqueta de papa. “A la abuela le quedan muy ricas las sopapas”.
suntuario,a. adj. Relativo a los rituales fúnebres. “Le rindieron honras suntuarias”.

He aquí una muestra de mi diccionario personal; sentite libre, estimado lector/escribidor, de proponer también tus propias definiciones.








[1] Lev Vygotski (1896 – 1934), psicólogo ruso autor entre otras obras de “Pensamiento y Lenguaje”.

viernes, 10 de octubre de 2008

Pequeño diccionario ilustrado uruguayo – español. Segunda parte.

Dicen que las segundas partes nunca fueron buenas, así que no te ilusiones.

bola de fraile. f. Lejos de aludir a la gónada de un hombre vinculado a la iglesia, se trata de un alimento hecho en base a harina y levadura que se amasa hasta darle forma esférica; se fríe en aceite y se sirve espolvoreado con azúcar. Los menos avezados en cuestiones culinarias suelen confundir a las bolas de fraile con los suspiros de monja.
botija. m. y f. Individuo de la especie humana menor de edad, aunque como la adolescencia en Uruguay se extiende como hasta los 42 años, hay botijas que peinan canas hace rato.

buzón. m. Jugador y/o simpatizante de la Institución Atlética Sud América, cuya casaquilla es de un brillante color naranja. Ya nadie se acuerda de la época en que los buzones eran de ese color, por lo que tampoco nadie entiende por qué se les dice así. Tampoco deben quedar muchos simpatizantes de la IASA, equipo que despierta más lástima que simpatía.

cebrita. m. y f. Jugador y/o partidario del Club Sportivo Miramar Misiones, cuya casaquilla posee un diseño a rayas verticales en blanco y negro, cual équido africano. La proximidad de la sede con el zoológico municipal refuerza la denominación. Desconozco si el apelativo refiere, además, al estilo de juego.

darsenero, a. Jugador y/o partidario del Club Atlético River Plate, que queda ubicado en el Prado, lejos de cualquier posible dársena. El nombre remonta a fines del siglo XIX, cuando un grupo de trabajadores portuarios formaron un equipo. Como los anglosajones aún imponían las reglas -igual que hoy, bah- tomaron el nombre de River Plate, que mantuvieron aún después de mudarse al Grassland Park.

jugolín. m. (De Jugolín, marca registrada). Polvo coloreado, saborizado y aromatizado artificialmente utilizado para preparar refrescos con hipotético sabor frutal al ser disuelto en agua. Al igual que ocurre con el agua jane, los championes y las medias can-can, no importa la marca del refresco, siempre se le llama jugolín.

medio y medio.
m. De este modo se designa a dos bebidas alcohólicas muy diferentes, ambas de preferencia de la autora de estas líneas. Una de ellas, se encuentra prácticamente en vías de extinción, refiere a la mezcla en partes iguales de caña con vermú. La otra se trata de un producto comercial envasado, una especie de espumante de mayor categoría que la sidra y de menor estatus que el champán.

papal. m. y f. Jugador y/o simpatizante del Club Atlético Bella Vista, cuyos colores, al igual que los del pontífice, son amarillito y blanco. Por cómo les va, se nota que la iglesia de Roma no tiene incidencia alguna en los asuntos del fútbol vernáculo.
perfumol. m. (Marca registrada) Producto líquido coloreado y perfumado para desodorizar el ambiente; por ejemplo, suele agregarse un chorrito al agua del guáter (yo lo prefiero azul, así combina con las cerámicas) . Como ocurre con tantas cosas en Uruguay, se le dice perfumol a cualquier producto similar, aunque la marca puede ser otra muy distinta.
plancha. m. y f. Integrante de una tribu urbana emparentada con los villeros argentinos. Se caracterizan por su indumentaria y particular lenguaje, y por algunas prácticas sociales de dudosa afinidad con la licitud. Plancha se nace, no se hace, sabelo, amistá. ¿Sale una chapa pa’l vino? ¡Má firme!

porlan. m. (De Portland). Cemento utilizado en construcción que guarda un remoto parecido con las rocas calizas de una isla británica del condado de Dorset. Sin ir más lejos, yo vivo frente a la fábrica de porlan, que hasta hace pocos años exhalaba cemento por cuatro imponentes chimeneas, por los que mis bornquios y bronquiolos -como los de mis vecinos- están completamente cementados.

ta. (Podría ser aféresis de “está”.) Expresión multiuso que los uruguayos intercalamos cada quince vocablos, más o menos, sin importar de qué estemos hablando. Puede afirmar: “Ta, paso por tu casa y te lo llevo” o interrogar: “Nos vemos el sábado, ¿ta?”

uvita. f. No se trata de una uva de diámetro inferior al promedio, sino de una bebida espirituosa -y riquísima- típica del bar Fun fun. Al igual que la Coca-Cola y a diferencia de la bomba atómica, su fórmula es secreta, y pasa de generación en generación.

vascolé. (De Vascolet, marca registrada) Producto achocolatado que se consume disuelto en leche. Por supuesto que se le dice vascolé a cualquier producto remotamente similar, sin importar la marca. Varias generaciones de uruguayos hemos sido alimentados con vascolé, y así nos va.
“Alejandro camina por la paré, toda la energía viene de vascolé...”



viernes, 26 de septiembre de 2008

Pequeño diccionario ilustrado uruguayo – español

Este pequeñísimo diccionario pretende facilitarles la estadía a todos aquellos visitantes hispanohablantes que vienen a Uruguay creyendo que aquí se habla español.

agua jane. f. Hipoclorito de sodio diluido, utilizado habitualmente como desinfectante y blanqueador. No importa que la marca sea Ayudín, Electrón, Sello Rojo, o la que sea: siempre se le llamará agua jane (pronúnciese “jane”, nunca “yéin”).

bizcocho. m. Alimento hecho en base a harina, levadura y grasa, salado o dulce, elaborado en panaderías, frecuentemente consumido en el desayuno o la merienda para acompañar el café con leche o el mate. Los bizcochos más comunes son los pancongrasas, los corasanes dulces y salados, las galletas dulces y las margaritas. Se compran por kilogramo o fracción.
broche. m. Accesorio de metal, madera u otro material, generalemente ornamentado, utilizado por las personas del sexo femenino para recogerse parcial o totalmente el cabello.

caldera. f. Recipiente de metal con tapa, asa y pico utilizado para calentar agua. En Argentina se le llama pava, nombre que en Uruguay se le da a la hembra del pavo y a una chica tonta. Desconozco cómo se le llama en el resto de los países hispanoparlantes.

can-can. m. Prenda de vestir femenina que consiste en un par de medias que cubren por completo las extremidades inferiores unidas a una bombacha que cubre pelvis y glúteos. Pueden ser de nailon, licra o lana, lisas o decoradas. El costo suele ser inversamente proporcional a la duración de la prenda.
caravana. f. Accesorio de metal, cerámica, madera, plástico u otro material, que suele estar adornado con piedras, perlas, semillas, plumas o lo que venga, utilizado para decorar los lóbulos de las orejas, sea por perforación o por apretuje de los mismos. Antiguamente reservado sólo para personas del sexo femenino, hoy en día también muchos hombres se someten voluntariamente a esa tortura de perforarse las orejas, sin que por eso se les encoja el cromosoma Y.caruso. (por Enrico Caruso). f. Salsa hecha en base a crema doble, champiñones y jamón; ideal para acompañar pastas, en especial, cappellettis. Se puede comer sola por cucharadas también, cosa que jamás hice ni volveré a hacer.


champión. m. Calzado deportivo, de lona o cuero, con suela de goma, que suele ajustarse con cordones, (cintas o tiras). Debe su nombre a la marca Champion, y se le designa así a este tipo de indumento, sin importar la marca. Si bien fueron creados para la práctica de actividades deportivas, su uso está extendido para otras actividades, incluso para ir a la ópera. Cabe señalar que algunos championes salen más caros incluso que el abono para toda la temporada de la ópera antedicha.

chivito1. m. Plato típico de la gastronomía uruguaya, que consiste en un refuerzo (ver) de carne, panceta, queso, huevo, lechuga, tomate, mayonesa y todo lo que ande a mano en la cocina del restaurante, bar o loquesea donde se lo prepare.

corasán.
(del francés croissant) m. Bizcocho originalmente austríaco y con forma de luna creciente, que llegado al Uruguay modificó su factura (se hace con grasa y no con manteca), forma y nombre. Suele conservar la forma de luna creciente si es salado y sin rellenar, pero si es dulce (recubierto con azúcar) o relleno (de jamón, queso, dulce de leche, dulce de membrillo) adquiere una rectitud que ni remotamente recuerda a la luna creciente que inspiró a los pasteleros austríacos. No confundir corasán con media luna, que se hace con manteca y sí tiene forma de croissant.

flauta. f. Pan francés más petiso y más gordo que la baguette.

flautín. m. Baguette sin pretensiones primermundistas.

franfrute (de frankfurter). m. Embutido de dudoso contenido, remotamente parecido a la salchicha originaria de Frankfurt. Suele comerse hervido, dentro de un pan de Viena cortado longitudinalmente, y acompañado por mostaza (aunque algunos herejes le ponen mayonesa, o lo que es peor, ketchup); así aderezado, el franfrute pasa a denominarse “pancho”.


hijo de puta. loc. Frase habitual que designa tanto a una persona execrable como a alguien que despierta admiración. Una misma persona puede reunir en sí misma ambas condiciones.

jodido, a. adj. Depende del verbo que lo acompañe. Si decimos “Fulano está jodido”, significa que está mal (con problemas familiares, económicos o de salud). En cambio, si decimos “Fulano es jodido”, queremos decir que es un hijo de puta (véase).

masita. f. Pequeño bocado dulce y pegajoso, hecho con masa de hojaldre, bizcochuelo u otra, que puede contener crema, dulce, trozos de frutas, de variadas formas y texturas, que suele servirse en los tés de las señoras mayores, las fiestas de cumpleaños, los casamientos y los velorios. Las masitas se compran por kilogramo –o fracción- en panaderías y confiterías.

pandorga. f. Vaya uno a saber por qué, así se le dice a la cometa en el litoral.

pildorita. f. Versión acortada del franfrute, que suele servirse hervida y sin pan en cumpleaños infantiles, aunque debido a la creciente hamburguesación de la sociedad, cada vez se las ve menos.

pilot. m. Prenda de vestir unisex que cubre el tronco, los miembros superiores y gran parte de los inferiores, confeccionada en un material impermeable, utilizada para protegerse de la lluvia. En Argentina se le llama piloto, que es como le decimos aquí a un señor que maneja aviones.

primus. m. Artefacto portátil que funciona a queroseno, utilizado para calentar o cocinar alimentos, que quedarán indefectiblemente con aroma y sabor a combustible quemado. Jamás sabremos cuál es el nombre verdadero de este tipo de calentador, ya en desuso, debido a que aquí siempre se le dijo por el nombre de la marca Primus.


refuerzo. m. Alimento que consiste en un trozo de pan (de tipo francés) relleno con manteca, fiambre, queso, dulce, u otros. No confundir jamás con sánguche, que es lo mismo pero totalmente distinto.
sánguche. (del inglés sandwich) m. Refuerzo hecho con pan de molde, al que habitualmente se le retira la corteza; puede contener variados rellenos (fiambre, queso, pescado, pollo, hortalizas, hongos) y diversos aderezos. Suele cortarse en triángulos o cuadrados pequeños. Al igual que las masitas, los sánguches constituyen alimentos indispensables en fiestas de cumpleaños, casamientos y velorios.

tortuga. f. Pan blandito y levemente dulzón, con una forma que muy vagamente recuerda a la de un reptil quelonio en posición defensiva. Ideal para refuerzos (a menos que prefieras el pan flauta).



1 Para más datos, véase el Episodio XIII de la Guía práctica para conocer Uruguay en este mismo blog.