miércoles, 1 de mayo de 2013

Días de cine

A raíz del cierre del Cine Universitario, reedito esta entrada, que publiqué en el año 2008. 

Para los que hacen posible que estos lugares existan... todavía.

Montevideo, como es natural en una capital, tiene muchas salas de cine. Claro, ni se compara con la cantidad de cines de otros tiempos, cuando había numerosas salas de estreno en el Centro (en los tiempos en que el Centro todavía era eso, y no la zona decadente que es hoy), con plateas enormes, un estilo arquitectónico que les confería a cada una su identidad propia y una cuidada decoración, y había salas de cine en cada barrio, más populares, cuyo estilo estaba definido principalmente por el tipo de público asistente. En las salas céntricas la gente se vestía “para ir al cine” con sus mejores atuendos; en los cines de barrio se pertrechaba con abundante comida, porque el programa incluía tres o cuatro películas, entonces había que pasarse toda la tarde hasta entrada la noche.
Los cines de barrio fueron los primeros en desaparecer, dejando su lugar a iglesias evangélicas o supermercados; luego siguieron las salas del centro, dejando su preciado espacio a más iglesias evangélicas, estacionamientos o expoferias. Algunos, en el mejor de los casos, reabrieron años después como complejos cinematográficos de dos o tres salitas pequeñas, en donde antes había una enorme, con dos plateas.
¿Qué pasó? Los cines comenzaron a formar parte de los shopping centers, y se mudaron hacia el far east... Y se convirtieron en no-lugares, como plantea Marc Augé
1: todos anodinamente idénticos, asépticamente iguales. Una no sabe si está en el Montevideo, el Punta Carretas o el Portones; lo que es peor, puede ser Montevideo, Quito, Nairobi o Berlín, lo mismo da, son las mismas salitas, es la misma moquette, las mismas butacas ergonómicas con posavasos, las mismas gigantografías de las mismas películas, el mismo desparramo de pop (ya ni siquiera se llama pororó, of course!), los mismos baldes del mismo refresco, las mismas colas interminables, la misma gente, las mismas cinco sinopsis de películas que no tenés ningún interés en ver...
Pero, hasta cierto punto, Montevideo no ha dejado de ser Montevideo... al menos no todavía. Y aún subsisten, erguidas como los últimos bastiones de la resistencia, las salas del Universitario y de la Cinemateca Uruguaya. Peleando con dignidad contra los embates de la post-post-modernidad, contra los estrenos mundiales en simultáneo, el merchandising, las bebidas cola y las colas interminables. Estas salas ofrecen cine del bueno, ya se trate de una modestísima película iraní, un clásico del neorrealismo italiano o incluso un estreno comercial, pero con garantía de calidad.
Y son lugares con una marcadísima identidad... No esperes moquette, porque no la hay, y si la hay, está pelada en varios sitios; las butacas no son ergonómicas, ni siquiera cómodas; una va allí a ver la película; para descansar se queda en la casa. Y un asistente regular sabe qué butacas conviene evitar, porque se bambolean o se hunden. La pintura está un poco descascarada, ni te sueñes con que haya aire acondicionado, para qué si en verano prenden unos ventiladores grandotes y en invierno alcanza con no sacarse el abrigo. La copia de la película seguramente estará un poquitito rayada, y el sonido se escuchará con un fondo de “fritura”, pero... ¿Dónde más podés ver los Fellini o los Bergman que te perdiste en pantalla grande? ¿O dónde dan hoy en día películas de George Cukor? ¿O dónde podés deslumbrarte con un festival de cine pakistaní? ¿O dónde arman la programación de tal modo que te da bien el tiempo para salir de ver una película y meterte a ver otra? ¿O dónde podés ver los estrenos -capaz que con un par de meses de atraso- a un precio módico, y sin bancarte una cola larguísima, niños que arman un berrinche porque se agotaron las entradas para Shrek 8, consumistas de todas las edades que no pueden estar 90 minutos sin aumentar su nivel de glucosa y sin que a nadie le suene el celular durante la proyección, eh?
Pero lo que más me gusta de estos lugares es el público asistente. En esos cines se encuentra gente que vive en universos paralelos, que sólo existe allí. Fuera de ellos, uno no se encuentra jamás con estos personajes; se materializan al entrar. Las primeras funciones, las de las 4 de la tarde, son especialmente fascinantes. Suelo ir a ellas cuando voy sola, y en particular durante el verano, porque es una forma de autoconvencerme que es de noche y hace frío cuando en el exterior reina el maldito con su luz y su calor insoportables. A esa hora cunden las señoras mayores –una sutileza de mi parte, porque en realidad son viejísimas- ataviadas con sus mejores galas... con la moda de hace dos décadas atrás, rigurosamente maquilladas, con el labial de un rojo coral imposible sobrepasando el borde de los labios. Es el único lugar en donde en el invierno aún se ven tapados de piel y collares de tres vueltas de bolitas de naftalina. Debido a la composición demográfica de nuestra sociedad, los hombres escasean, pero aún los hay, con boina y barba, o con un traje raído y corbata de moñito.
Todo el mundo se conoce, se saluda, se recomienda películas, se rezonga: “¿Cómo que todavía no viste “Fulanita”? ¡¡¡Tenés que verla, yo la vi tres veces!!!”. Están los que comentan antes de entrar, porque se leyeron todas las críticas habidas y por haber, citando las fuentes, como corresponde. Los que se ponen a hablar con una, porque todavía no llegaron sus amigos, y les da lo mismo hablar con cualquiera, mientras tenga orejas: “¿Viniste a ver “Mengana de tal”? “No, vine a ver “Zutana de cual”” “¡Ay, es lindísima, yo la vi ayer!” . Y ni decir de las señoras que se creen impunes para hacer cualquier cosa, entonces te manotean el collar y te espetan a bocajarro: “¡Qué divino! ¿Dónde lo compraste?”, o como le pasó a mi amiga Laura, que una señora se le acercó por la espalda y le empezó a sacar pelos del blazer, y le dijo con tono de reproche: “¿Usted no se pone una toalla sobre los hombros para peinarse?” En el Universitario hay un señor que, cual John Steinbeck, va con su perro; lo deja suelto, nomás, en los escalones de la entrada, y allí se queda el pichicho, echadito, esperando que su dueño salga. Y, como dijo una vez Migue Dobrich
2: a esos lugares van viejos con bolsas. Coincido con él. Antes de empezar la película (raras veces durante la proyección), suenan varias bolsitas de nailon. ¿Qué es lo que hacen? ¿Buscan caramelos? ¿Guardan el vuelto de la entrada? ¿La tarjeta de socio? ¿Quieren perpetuarse con un último ruido final, antes de llamarse al silencio?
Una tarde de diciembre, a mitad de semana (yo ya estaba de vacaciones) fui al Universitario. Debido al día y a la hora, el cine estaba casi vacío; seríamos unas diez personas a lo sumo (me encanta, me parece que es una función especial) y respetando la norma de urbanidad no explicitada de que si uno va solo no se sienta junto a otra persona, cada uno se había acomodado en su propia fila individual. Violando esa regla tácita, una señora vino a sentarse junto a mí. La oscuridad reinante impidió que la señora viera la expresión de mi cara, que era claramente “¡Tenés todo un cine vacío, rajá de acá!”, y allí nomás se acomodó, y de inmediato se durmió plácida y profundamente, sin que hubiera pasado más que “Sombrero Productions et Mallia Films présentent...” Se despertó cuando terminó la película. Seguramente, por una módica cuota mensual, la señora había encontrado un lugar oscuro y fresquito en donde dormir la siesta, sin que la molestara nadie. Eso sí, imagino que tendría la precaución de elegir películas sin estruendo.


Porque me encanta el cine, porque estos siguen siendo lugares de resistencia, porque aún quedan pruebas vivientes de aquel “público culto” que caracterizó al Montevideo de antaño, porque en los boletines dan información detallada y criteriosa de las películas -aunque no sean en papel satinado- es que cuando voy al cine –nunca más de dos veces en el mismo día, eso sí- prefiero ir a uno de éstos.
Ojalá dentro de 30 años sigan existiendo las salas del Universitario y de Cinemateca. Y espero estar allí, con mi boina, mis pieles y mi collar de tres vueltas de bolitas de naftalina, para encontrarme con mis amigas -otras “chicas” como yo- y disfrutar de aquel clásico del año 2010, que ya habremos visto seis veces.
Creo que va siendo hora de comenzar a ahorrar para comprarme el tapado de nutria.


1 Marc Augé, antropólogo francés autor de “Los no-lugares. Espacios del anonimato Una antropología de la sobremodernidad”
2 Miguel Ángel Dobrich, comentarista de cine del programa “No toquen nada” de Océano FM (entre otros)

martes, 12 de febrero de 2013

A Dios rogando, y con el mazo dando



Hace unos días, les contaba una historia de cartas de baraja que se encuentran tiradas en la calle; si no la leyeron, pueden hacerlo aquí

Ayer, otra vez, cuando fui a tirar la basura, me encontré con otra carta, un 6 de bastos, que no recogí porque tenía mucho barro, y porque pensé que se trataba del mismo mazo, que andaría desperdigado por allí.
Hace un rato, en mi tradicional visita al contenedor, volví a ver el 6 de bastos, ya seco por el sol. Por las dudas, lo di vuelta, y vi con sorpresa que no se trataba de una carta del mismo mazo.

Claro que estas cosas ocurren contadísimas veces; cada muerte de Obispo, o cada renuncia de Papa.




viernes, 8 de febrero de 2013

Las cuarenta del mazo


Hace varios años, en La venganza será terrible, Alejandro Dolina planteó el tema de los coleccionistas. En esa ocasión contó el caso de un caballero que empezó a coleccionar cartas, con el objetivo de lograr un mazo. Lo interesante de esto es que cada carta de la baraja debía ser encontrada; no valía comprarlas ni conseguirlas por otro método. Según parece, este hombre terminó su vida viviendo en la miseria y completamente loco, buscando la última carta -¿Un dos de diamantes, acaso?- que nunca encontró.
Recuerdo claramente que esa historia me impresionó muchísimo. Estaba -estoy- segura de que yo podría terminar como ese pobre tipo, obsesionada con esa última carta del mazo; por eso, cada vez que veo una carta tirada en la calle, en seguida la asocio con esa historia, y me da un cierto escalofrío. 

Hace poco conocí a una muchacha que tiene esa afición: colecciona cartas encontradas en la calle, y tiene un montón. Anoche, íbamos juntas caminando por Francisco Simón, hasta que en un punto yo crucé la calle porque iba para otro lado. Inmediatamente escuché que me llamaba; me di vuelta a ver qué quería, y la vi con una sonrisa de oreja a oreja y mostrándome una carta que acababa de encontrar tirada en la vereda. 

Hace un rato fui, como cada mediodía después de almorzar, a tirar la basura. Al acercarme a "mi" contenedor, vi que había una bicicleta con un carrito de recolector, y que del interior del contenedor salían ruidos. Me parece horrible levantar la tapa y tirar la bolsa cuando adentro hay una persona, así que me fui hacia otro contenedor. 
Y fue allí que lo vi. Bajo el sol del mediodía, por la calle Islas Canarias, un rectángulo de cartón amarillo con una publicidad de margarina. Supongo que fue el hallazgo de la carta por parte de mi amiga la coleccionista ocurrido pocas horas antes que me llevó a pensar que eso podía ser una carta. Me agaché, lo di vuelta, y allí estaba, muerto de risa, un 7 de espadas.  






Para Inés Nogueiras


lunes, 14 de enero de 2013

EL GRAN SUR O LA SOLEDAD Y EL ARTE



Encantada con la idea de una Bienal de arte en Montevideo -por fin- esperé su inauguración con ansias. Las locaciones elegidas para las muestras me parecieron un acierto, porque además de ver las obras expuestas, se podrían visitar edificios emblemáticos. Así que, a poco de inaugurada, fui en diciembre, junto con un grupo de amigos. La idea era, por un lado, ver la muestra, por otro, juntarnos un rato, y por qué no, disfrutar de algunas obras y reírnos socarronamente de otras.
No llevé cámara, pensando que no se podrían sacar fotos, por lo que saqué unas fotitos pedorras con el celular (bah, lo digo como si yo pudiera sacar otro tipo de fotos). Cristina que sí fue con su cámara, sacó unas cuantas, que luego compartió.
Decidí entonces volver en cualquier momento con mi cámara, cosa que hice en la tarde de hoy. Llegué poco después de las 4 a la Casa Central del Banco República (la muestra abre a las 14:00 hs.), y lo primero que me llamó la atención fue que no estuviera abierta la puerta principal, así que entré por una de las laterales, que estaba custodiada por varios guardias, como es natural en la sede de un banco que además aloja una muestra de arte. Una vez adentro, en donde había más guardias tras un mostrador, me dirigí al Gran Hall, como perico por su casa. No había nadie. Cuando digo nadie, digo eso: yo sola con la muestra. Ni público, ni guardias, ni guías, ni curadores, NADIE. Extrañada, y a la vez un poco molesta -no se puede dejar que entre cualquiera que sea capaz de tocar/estropear alguna de las obras- procedí a volver a ver las exposición, y a sacar todas las fotos que quise, con la mayor tranquilidad, ya que nadie se me cruzaba por delante de la cámara. Debo decir que hasta me produjo cierta indignación que las luces estuvieran apagadas, lo mismo que los monitores que exhibían videos; me parece que se le falta el respeto al artista y a su obra si ésta no está presentada adecuadamente. 
Cuando terminé de ver y fotografiar la muestra, me fui, con esa mezcla de extrañeza y comodidad. Al salir, vi el cartel de la entrada, y allí encontré la frase reveladora que explicó mi completa soledad: LA MUESTRA NO ABRE LOS LUNES.



Más información sobre la Bienal: http://www.bienaldemontevideo.com/

lunes, 20 de agosto de 2012

Mirá quién volvió

Algunos viejos bloggers están volviendo. No es mi caso, no por ahora, al menos. Mirá quién volvió ahora.
 ------- 
She's lost control 
------
Es el viejo Fede, con nuevos bríos.
 Sea bienvenido.

domingo, 25 de marzo de 2012

Los intrépidos hombres y sus máquinas voladoras*

Ese es el nombre de una película que daban cada dos por tres cuando yo era chica  (casi segura que en "Casino Montecarlo", el espacio de las películas los domingos de noche en canal 4, en la época en que solo había cuatro canales y la TV era en blanco y negro) cuya acción transcurría en los albores de la aviación. Pues ya bien entradito el Tercer Milenio, por mi barrio anda, domingo sí, domingo no, uno de aquellos intrépidos  hombres en su máquina voladora, haciendo las delicias de grandes y chicos en lo que a humanos se refiere,  y provocando el pánico entre perros y pájaros. 
Asumiendo mi papel de "la loca que anda con la cámara sacándole fotos a cualquier porquería", aquí les dejo una muestrita fotográfica del hombre volador.  









*Nombre original: Those Magnificent Men in Their Flying Machines, 1965, dirigida por Ken Annakin

viernes, 24 de febrero de 2012

¿Cómo que no actualizo?

Si pensás que hace mil años que no actualizo... tenés razón. Es más, ayer fue el cumpleaños de Ajito, y ni se me ocurrió celebrarlo, y sí, me hago cargo. Ahora bien, como te digo una cosa, te digo la otra: en mi otro blog,  LÁPIZ Y PAPEL, hace unos días comencé una serie de semántica ilustrada. ¿Qué estás esperando para verla, eh? 

Para ver las viñetas, criticarlas y/o tirar ideas, clic ACÁ.    

viernes, 23 de diciembre de 2011

Saludo navideño

Si tienen interés en ver mi saludo navideño, lo encontrarán acá.
¿Dónde?
¡¡¡ACÁ!!!

domingo, 4 de diciembre de 2011

Porque ustedes lo pidieron


Tras la exitosa entrada  “¡Mirame el pajarito!”  recibí un montón de mensajes de seguidores (un montón de dos, Susana y Juan Pascualero) que pedían un manual que los ayudara a adentrarse en el inframundo del Twitter.
Helo aquí. Háganse cargo.

MANUAL PARA TUITEROS INCIPIENTES 


 ¿Querés tener cuenta en Twitter pero no tenés ni puta idea de cómo hacerlo, cómo se usa y para qué sirve? ¡¡¡Aquí están las respuestas a tus preguntas, dudas y plegarias!!!


1) ¿Qué es  Twitter (de ahora en más, tuíter)?
Es una red social que permite a las personas, medios y organizaciones, comunicar sus ideas en 140 caracteres.



2) ¿Qué son los caracteres?
Son letras, números, signos de puntuación y chirimbolos varios.


3) ¿Qué tipo de ideas se pueden comunicar en tan pocos caracteres?
En general, boludeces (¿o no leíste mi tuíter?)

4) ¿Por qué se llama “tuíter”?
En inglés, to tweet  es piar, gorjear; de ahí que el isotipo de la red sea un pajarito. Y en tuíter  lo que se hace, básicamente, es pajaronear. 




5) ¿Cómo hago para tener una cuenta en tuíter?
Entrás al sitio, te registrás, y listo. Tu nombre quedará precedido por una arroba, así: @tunombre. Podés subir una fotito y escribir una biografiíta, también, para que la gente sepa quién sos.

6) Ya me abrí una cuenta.  ¿Cómo hago para escribir las genialidades que se me ocurren?
Las escribís en la ventanita que aparece arriba, bajo el título “¿Qué está pasando?”; otra opción es ir a  la barra de herramientas, arriba a la derecha, que aparece un cuadradito cruzado  con una diagonal; algo así:


Haciendo clic allí se abre una ventanita que te permite escribir, y va contando los caracteres a medida que lo hacés (¡Cosa ‘e Mandinga!).  Cuando hayas terminado, hacés clic en “Twittear”, y ta. Ese mensaje que escribís es un tuít.

7) ¿Solo puedo publicar textos?
No, también podés agregar enlaces a fotos o a videos. Los sitios que alojan fotos y videos proveen esos enlaces.

8) ¿Qué es ese asunto de seguir a alguien?
Muchas personas famosas e importantes tienen tuíter; si querés chusmear qué es lo que escriben, las tenés que seguir, en una actitud que no deja tener algo de voyeur  socialmente aceptado. Para ello vas a su perfil de tuíter y hacés clic en el rectangulito que dice “Seguir” y que tiene una cruz verde. Una vez que lo hayas hecho, mágicamente el rectangulito se volverá todo verde y pasará a decer “Siguiendo”.  De ahí en más, todo lo que tus “seguidos” escriban te aparecerá a vos en tu página, que andá sabiendo que se llama “Cronología” o “Time Line” (taimláin), también conocida como TL.

9)  ¿Y qué son los seguidores?
Los seguidores o “followers” son los tuiteros que te siguen a vos –sí, parece mentira, pero hay gente pa’ todo-. Los podés seguir a ellos, o no, según se te cante.

10) ¿Quién lee mis tuíts?
Tus seguidores, o cualquiera que entre a tuíter.  O nadie.

11) ¿Puedo interactuar con otros tuiteros?
¡Claro! Podés responder los tuíts de otros (basta con cliquear en “responder”, bajo el tuít correspondiente). También podés mencionar a otros tuiteros, citando su nombre precedido por la arroba, y ellos lo sabrán. Eso sí, ni te sueñes que Angelina Jolie lea tus mensajes, por más que la menciones hasta en la sopa de letritas.  


12) ¿Qué son las siglas y los chirimbolos que todo el mundo usa como si supiera?

@: ya te expliqué que la arroba indica el nombre del tuitero, sea persona o entidad. Ejemplos: tu prima la  Totona es @totona  y El Palacio de la Papa Frita es @papafrita 



#: en inglés hash, o sea “jash” (pronunciándose “sh” como en “shópin”) seguido de unaseriedepalabrassinespaciosentreellas termina constituyendo una hashtag o etiqueta, que sirve justamente para eso, etiquetar temas de interés, como por ejemplo #EleccionesEgipto2011 o #lasfiestasnoempezaronyyametienenpodrida. Esto permite buscar  y seguir temas.   


La estrellita aparece debajo de los tuíts; sirve para marcar como favorito lo que haya dicho otra persona, basta con hacer clic en ella. Es como un mimo que se le hace a otro tuitero, como tocarle el hombro y decirle "mirá qué lindo lo que decís". 

Algunos tuiteros no quieren que cualquiera entre y lea sus mensajes, entonces les ponen un candadito. Todavía no entendí para qué tienen tuíter, si para los mensajes privados ya se había inventado la paloma mensajera, que no deja de ser un ave, si bien se mira. 

#FF

No, no son las iniciales de la finada Farrah, sino de follow Friday,  costumbre un tanto en desuso, que consiste en sugerir tuiteros interesantes para seguir. Eso sí, los viernes (no me pregunten por qué).

RT: significa “retuitear”, es decir, difundir un tuít de otra persona.  Eso se hace cliqueando la palabra “retwittear”, bajo el propio mensaje.


TT

¡Qué noche, TT!

En este caso no se alude a la exMiss Siete Días, sino a trending topics, esto es, temas candentes, o temas del momento, como por ejemplo qué pasará con el euro o si Sarkozy engaña a la Bruni con la Merkel. Los TT se agrupan por países, pero eso vale para países en serio, así que no busques los TT de Uruguay, que no hay.  


TW: vaya uno a saber por qué, significa tuíter.




¿Te quedó más o menos claro? ¿No? ¡Entonces preguntale a alguien que sepa!




domingo, 27 de noviembre de 2011

¡Mirame el pajarito!

Hace un tiempo atrás les explicaba por qué no tengo facebook, en esta entrada.
¿En cuál?
En ésta.

Ahora les explico por qué tengo tuíter.
¿Dónde?
Acá.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Tres son multitud


Para Juan Pascualero, que reclama mis crónicas
Y por supuesto para Ariel,  Lourdes y Vicky, directos responsables de esta crónica en particular

Resulta que a fines de septiembre  se comenzó a anunciar un peculiar espectáculo que tendría lugar en noviembre en el Teatro de Verano: en un mismo escenario actuarían la popular murga autóctona Agarrate Catalina, la también popular banda vernácula de rock No Te Va Gustar (o NTVG, para los amigos) y la  popularísima banda de ska y ramas afines de la vecina orilla, Los Auténticos Decadentes. Confieso que ni se me ocurriría ir a semejante ménage à trois, pero sí se les ocurrió a mi primo y a su esposa, a lo que sumaron su  intención de llevar a la nena, que viene siendo mi sobrina.


Pero… en estos tiempos de soles y temperaturas que se van elevando, resultó que llegada la fecha del recital, a la nena la familia de una de sus amiguitas la  invitó a pasar el fin de semana en la playa, y ante semejante perspectiva, la borrega se calzó las ojotas, largó todo a la mierda y se fue tan campante, dejando a sus padres con una entrada de clavo. Fue entonces que mi primo recordó que no es sobrino único, y me llamó a ver si yo quería ir.  Como sugerí en el párrafo anterior, no soy lo que se dice fanática de ninguno de esos artistas, aunque todos ellos me provocan simpatía, y como de arriba igual acepto una piña, la cuestión derivó en que  el sábado me apersoné en el Teatro de Verano, dispuesta a lo que fuera, incluso a divertirme.


 Una de las tantas fotos horribles que saqué con mi teléfono;
en castigo voy a escribir cien veces: “Debo ir a los recitales
con la Canon porque la cámara del celular es una mierda”

Una noche espectacular, temperatura agradable, y un Teatro de Verano lleno por dentro y por fuera, con un público de lo más variopinto, tanto de acá como de Argentina. Arrancaron Los Decadentes… y de allí en más, todo el toque parados y agitando, porque pusieron toda la fuerza, con sus canciones y con la onda y el desparpajo que los caracterizan.

En segundo lugar actuó la Catalina, con un surtido de temas de varias temporadas (tengo menos carnaval que Kabul, así que no puedo precisar). Me divirtieron mucho los cuplés (¿Se dice así?) como el de la perra Manuela y el del novio de la nena, pero las canciones de murga me aburren un poco, qué le voy a hacer… No son ellos, soy yo, así que sigan en lo suyo. Igual el Zurdo Bessio despertó encendidas demostraciones de afecto y admiración por parte del público, y Martín Cardozo encendidas demostraciones de altos niveles de hormonas por parte de cierto público femenino. 

Otra foto horrible



Para el final quedó  la actuación de NTVG; parafraseando al torero Jesulín de Ubrique, “en dos palabras: im presionante”. La energía que desplegó esa gente en el escenario fue tremenda; cantaron canciones de todos sus discos, invitaron a los Decadentes y a los Catalinos en más de una oportunidad (bah, todos intervinieron en los toques de los demás), y también actuó Mateo Moreno, un exNTVG, que vino con un corte de pelo espantoso (qué necesidad, un botija tan lindo). Ni que decir que siendo la noche siguiente a los CUATRO GOLES DE LUISITO SUÁREZ CON LA SELECCIÓN NACIONAL, el teatro entero estalló con “Cielo de un solo color”. Hasta hubo un momento bastante particular, que solamente puede ocurrir en esta ciudad imaginaria que es Montevideo, en que todo el mundo cantó a capella “Zafar” de la Vela Puerca, que no tenía vela alguna en este entierro, ni puerca ni de ningún otro tipo, bajo la batuta de Emiliano Brancciari, que estaba con todas las pilas.

 Así que al final, la providencial ausencia de mi sobrina redundó en una noche atípica, pero de lo más disfrutable. Estoy dispuesta a que se repita, así que Vicky, andá sabiéndolo.

Para finalizar, los dejo con este maravilloso video de los Decadentes; corran los muebles, y pónganse a bailar ya.



martes, 11 de octubre de 2011

¿No fuiste? ¡Perdiste!


El pasado 10 de octubre (o sea, ayer) tuvo lugar, en Montevideo, la fiesta del Bicentenario, que vino a sumarse a los festejos iniciados en febrero en el departamento de Soriano, y a los de mayo en la ciudad de Las Piedras. No me voy a poner a analizar aquí la pertinencia de la celebración del Bicentenario, ni qué estamos festejando si no son 200 años de la Independencia sino del comienzo de la gesta independentista, y que cómo va a ser Artigas la figura central  si  el mero hecho de la existencia de este país indica que los ideales de Artigas nos los pasamos por el forro del poncho y lo bien que hizo Don José en irse a vivir al Paraguay y en mandar mudar tuitos a la puta. De esos intríngulis histórico-histéricos que se ocupen los historiadores, antropólogos y opinólogos, que de esos hay bastantes; tampoco me voy a ocupar de los festejos, y que si había de todo o no, que no hubo murgas, que faltó Rada, que por qué La Vela y no la lámpara de bajo consumo y que si mi abuela tiene un biombo o carece por completo del citado adminículo*. ¿De qué carajo me voy a ocupar entonces? Pues de quejarme, que para eso soy uruguaya mal que me pese, y que por lo mismo tengo un blog y al que no le guste que se remita al nombre del mismo**.
La cuestión es que los festejos comenzaban a las 4 de la tarde en cuatro escenarios simultáneos, todos ellos ubicados en el Centro, lo suficientemente cerca unos de otros como para recorrerlos sin morir en el intento ni tener que entrenarse como para una maratón; la propuesta artística era variada y para gustos diversos -no rompan de nuevo los parches diciendo que no había murgas, que yo no tuve nada que ver con la organización, y para el caso tampoco había cumbia villera ni música de cámara-, pero como fuera, yo no tenía intenciones de ir, pero sí de seguir la fiesta desde la comodidad de mi casa, ya que la iban a transmitir por TV.
Llegué a las 5 de la tarde, y prendí la tele con la esperanza de ver aunque más no fuera el final de la actuación de Las Pelotas, que abría uno de los escenarios... Pues eso mismo: transmisión ¡las pelotas!, ya que ninguno de los canales de aire o de TV para abonados pasaba nada de nada. Prendí entonces la PC, entré a la página del Bicentenario, y allí un anuncio muy colorido decía “la transmisión televisiva comienza a las 21 horas, ¡abombada!” Bueno, lo de abombada lo agregué yo, pero sé leer entre líneas. Tras un rápido cálculo mental concluí  que, para las 21 horas, ya muchos de los espectáculos habrían terminado, y recontraterminado, muchas gracias. Con la fe un tanto mermada, a las 21 volví a instalarme frente al televisor, y ahí fue que comenzó mi verdadero calvario, y el de tantos televidentes de aquí y de allá, porque me consta que la transmisión fue seguida por orientales y occidentales, que de todas partes vienen sangre y coraje.
Veamos… ¿Cómo andan para la aritmética, nivel jardinera de 3 años? Si hay cuatro escenarios, y cuatro canales de aire… ¿Cuántos escenarios le tocan a cada canal? Pues bien, la transmisión era una solita, y todos pasaban un ménage à quatre, que dejó insatisfechos a todos, en la más democrática de las pésimas decisiones. ¿Cómo decirlo de manera clara y sin resultar ofensiva para los organizadores y tanta gente que trabajó con denuedo para transmitir la fiesta? ¡¡¡NO VIMOS UN PUTO CARAJO!!!! Que un fragmentito de la actuación del Cuarteto de Nos, que un fragmentito de la de Malena Muyala, que un fragmentito de la de Drexler… y mucha parla de periodistas, figuras políticas y la madre que me parió. ¿Era necesario tener un panel de cuatro periodistas*** -uno per cânalis- en un pseudoliving en la Plaza Independencia además de los cuatro movileros, también uno de cada canal, en sendos escenarios? Como si fuera poco, los periodistas del living tenían invitados, el Presidente de la República, la Senadora/Primera Dama, un antropólogo y una historiadora. Muy rico todo, las opiniones de los cuatro son interesantísimas, pero ¿eso es la fiesta? ¡Un panel se puede armar cualquier ocasión, pero Gilberto Gil actuaba solamente esa noche, y los integrantes de Rumbo tal vez no vuelvan a encontrarse en sus vidas, o lo que es aún peor, en la mía! En un momento llegamos a ver los siguientes fragmentos: la emotivísima “A redoblar” de Rumbo (¡Snif!!!), la declaración del expresidente Batlle (¡#@€*&!) y “El viejo” de la Vela Puerca… No, no es joda, ni es un adelanto de la próxima película de Emir Kusturica, no señor, borrará duras muecas pintadas sobre un frágil cartón de silencio we are fantastic va caminando sin rumbo lleva la calma del vagabundo.
No emitiré comentario alguno acerca de la marioneta gigante que intentaban hacerla bailar candombe, el parto de la patria, las oservaciones de la pashadora (sic) y la torcacita voladora, que ya han corrido ríos de bits al respecto, como tampoco mencionaré la completa omisión de unquesea un fragmentito de la actuación de Bajofondo que según se dice dieron un espectáculo del más alto jardín (¡Cuac!). Tampoco diré nada acerca de los comentarios de la gente que sí fue, y que disfrutó como loca, porque todo estuvo  eso, espectacular.
 Ta, ya está, ya me quejé. No da para más, o sí, pero no quiero aburrir (aunque seguramente ya lo haya logrado).  Eso sí, tengo más que claro que en tanto no mejoren las transmisiones televisivas, el próximo festejo del Bicentenario no me lo pienso perder. Dos veces no me agarran de gila. 


*¿Caen los biombos en la categoría “adminículo”?

**Voy rumbeando hacia el periodismo deportivo: puse “el mismo” para no repetir “blog”

*** ¿Vieron que puse a Fernando Vilar en la categoría de periodista? La turca Mizrahi en estos momentos está pinchando con alfileres una figurita levemente parecida a mí



domingo, 18 de septiembre de 2011

¿Querías actualizaciones...?

¡Tomá!
La actualización no la encontrarás aquí, sino ACÁ.
¿Dónde?
¡ACÁ!
Ah, ya me parecía.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Entre copas


Numerosos seguidores de este prestigiosísimo blog (bueno, tan numerosos como dos, Alvaro y CR), me enviaron afectuosos mensajes preguntando por mi paradero. Agradezco mucho su preocupación, pero la verdad es que mi alejamiento momentáneo del mundo blogueril se debió a que he estado ocupada -qué digo ocupada, ocupadísima- haciendo otras cosas, como por ejemplo, integrando la Selección Uruguaya de Fútbol y ganando Copas.

A las pruebas me remito:


domingo, 31 de julio de 2011

Antelísima Trinidad

Hace ya un tiempo Antel logró unificar sus servicios de telefonía fija, móvil e internet bajo un mismo/a nombre/empresa.
Lo que no pudo hacer aún es unificar las facturas, por lo que me siguen llegando a mi mismo nombre y a mi misma dirección mes a mes tres recibos diferentes por los tres servicios, en tres sobres también diferentes, en tres fechas distintas. 
Eso sí, todos con el mismo isologotipo.





miércoles, 6 de julio de 2011

¡Se vienen Los Putifos!

En una columna publicada siglos atrás, había planteado el tema de la incomprensible -e imperdonable- actitud de los distribuidores de películas, que en afán de andá a saber qué intereses (y hasta cierto desinterés por respetar a creadores y espectadores) les cambian el nombre a las películas al pasarlas de su idioma original al español. Para muestra, hay varias fábricas de botones, pero hoy elijo uno precioso: la película “Flickan som lekte med elden”, que aparentemente en sueco significa “la niña que jugó con fuego”, se la conoce en inglés como “The girl who played with fire” (la chica que jugó -o jugaba- con fuego) y en varios países de habla hispana como “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina”; como en Uruguay eso es imposible porque soñamos con fósforos y nafta, y aquí se le llama “Millennium 2” y a otra cosa.
La cuestión es que Fernando Terreno, en su comentario recordó que las series también se las traduce de cualquier manera, y trajo a colación la a estas alturas mítica “La caldera del diablo”, que en realidad se llamaba “Peyton Place”. Ahora bien, aún cuando en Argentina y Uruguay se la llamó del mismo modo, la palabra “caldera” significa cosas distintas en ambos países, así que Fernando, andá pensando que para nosotros se llamaba lo que para ustedes sería “La pava del diablo”, lo que no negarás que le quita dramatismo.
Pero ese comentario de Fernando me recordó que durante décadas hemos sido víctimas no sólo del incomprensible e irrespetuoso cambio de nombres de los títulos, sino de los personajes de las series. Y ahí sí que agarrate Catalina, que en la serie original lejos de llamarse Katherine seguramente se llamase Mary-Lou.
La gente de mi generación creció mirando el Batman interpretado (¿O perpetrado?) por Adam West (sí, eso explica gran parte de la situación del mundo actual). La serie aquí se llamó así, Batman, y no “El hombre murciélago” (no me dirán que la versión en italiano, “l'uommo pipistrello”, no es una maravilla). Ahora bien, a estas alturas no le pincho el globo a nadie si revelo que en realidad Batman era la personalidad secreta del multimillonario Bruno Díaz, ¿no? Y que su fiel ladero Robin, el joven maravilla, no era otro que el talentoso Ricardo Tapia. Pues una se vino a enterar, con el devenir de los años, que Batman no era Bruno Díaz sino... ¡Bruce Wayne! Y el joven maravilla era Dick Grayson... ¡Santos ravioles de ricotta! ¿A quién se le ocurrió transformar a Bruce Wayne en Bruno Díaz? ¡¡¡Que dé la cara!!! Acaso los hispanoparlantes somos tan subnormales que no podríamos entender que el tipo se llamaba “Brus Güéin”?
No se cometió esa infamia, empero, con Clark Kent ni con Peter Parker, con lo que estamos ante un claro caso de discriminación inversa, seguramente derivada del hecho que Brus Güéin es un conspicuo miembro de la puta oligarquía, y no así los otros dos, porque otra hipótesis no se me ocurre.
Con los personajes de Disney se siguió un criterio esquizofrénico: algunos se siguieron llamando como en sus versiones originales (Mickey, Minnie, Donald, Daisy), pero otros incomprensiblemente fueron avasallados en su derecho a tener un nombre: Goofy pasó a ser “Tribilín”, Scrooge* McDuck, “Tío Rico” acá o “Tío Gilito” en España, los sobrinos de Donald Huey, Dewey y Louie  pasaron a ser “Hugo, Paco y Luis” (o –agárrense fuerte-  Juanito, Jorgito y Jaimito!!!)
Pluto, en cambio, permaneció así, cuando en realidad en español sería Plutón, nombre del dios romano del infierno y de un ex-planeta, descalificado por quién sabe qué hijo de pluta.
Similar destino corrieron los personajes de la Warner Brothers: el canario cabezón Tweety pasó a ser "Piolín", y el pato Daffy, Lucas. 
The Flintstones (algo así como "Los Pedernales") tenían como protagonistas a Fred y a Wilma, y a sus vecinos los Rubble ("escombro"), Barney y Betty. ¿Que de qué joraca estoy hablando? ¡Pues de los Picapiedra, cómo no se dieron cuenta!
La popularísima serie “Los locos Addams” (The Addams Family) es otro ejemplo de cualquiercosismo traductoril: Gomez, Pugsley, Wednesday** y Fester*** nos son totalmente desconocidos; en cambio, a Homero, Pericles, Merlina y Lucas  los ubicamos seguramente en seguida.
Ahora, lo del título: se anuncia en los cines el próximo estreno de la película The Smurfs , que relata las aventuras de unos personajes pequeñitos y azules de origen franco-belga, que no son otros que los popularísimos Les Schtroumpfs, que como todos habrán deducido, no son otros que Los Pitufos. O no veo por qué no, ya que estamos para traducir y adaptar como se nos cante, Los Putifos.

Poster de la película extraído de http://www.daemonsmovies.com/

*Scrooge, tacaño, amarrete
*Wednesday, miércoles
***Fester, úlcera, llaga 

miércoles, 29 de junio de 2011

Algo anda mal

Resulta que ahora hasta el Papa tiene tuíter y yo no soy capaz de escribir una línea desde hace un mes.

sábado, 21 de mayo de 2011

El Perico Alcasotro


                     


Esta canción es del artista argentino Higinio Mena, y en nuestro país la popularizaron el Choncho Lazaroff y José Carbajal, “el Sabalero”.  
¿A qué viene esta canción? ¡Pues que tuve la ocasión de conocer a un personaje “real” que podría ser el propio Perico Alcasotro!

La cuestión tuvo su origen en mi frustrada aventura en pos de conocer la laguna Merín, que pueden leer aquí. El viaje en lancha por el río Cebollatí no tenía como destino la desembocadura del río en la esquiva laguna, ya que no conseguimos compañeros de aventuras, pero sí acordamos mis amigas y yo en ir hasta la localidad de “Las limeras”, con una pareja que se animó a acompañarnos, bajo el timón de Daniel, de la Prefectura de La Charqueada. Daniel nos propuso llegar hasta allí, para conocer a José María, un personaje entrañable que vive en el monte junto al río, y a quien le encanta recibir visitas en su “casa”.


Desembarcamos en el Puerto Las Limeras, en donde estaba atracada la embarcación de José María, quien vive de cortar leña en el monte y de hacer hornos de carbón; la leña y el carbón son transportadas en su lancha y llevadas a golpe de remo los 8 km que separan Las Limeras de La Charqueada.
Allí nos encontramos con el anuncio de bienvenida:


Y caminando por el monte llegamos al “Campamento Los Mariachis”.

                           
Varios pescadores se quedaban durante la Semana de Turismo pescando y pasándolo bomba en el puerto, con la cálida hospitalidad de José María.

                            
Me contaron que los peces los mantienen vivos en unas jaulas plásticas bajo el agua, así los mantienen fresquitos. Igual, no solo de pescado vive el hombre, así que el día anterior habían cazado un tatú, del que apenas si quedaban unos bocados.
El propio Mujica se encontraba con ellos disfrutando de un descanso:

                                     
Gran admirador de nuestro Presidente, José María le puso su apellido al gato. Aunque también con él vive la simpática Píldora, que nos hizo fiestas y se dejó mimar de lo lindo.

                           
José María nos invitó a conocer su cocina…

                                    
...y su alacena!



José María tiene una quinta en la que planta de todo un poco: cebollas, zapallos, acelgas, maíz... así que cuando tiene antojo de puchero, es cuestión de ir a la quinta y cosechar lo que necesite.


Y para darle color al guiso, nunca está demás atrapar algún plumífero, para lo cual se vale de esta aripuca, que así se llama esta trampa:


Tras la visita guiada a su domicilio, José María nos llevó hacia el horno de carbón que estaba construyendo, a través de un sendero apenas visible entre la vegetación...


No negaré que me sentí un poco como un personaje de Quiroga...
En medio de la vegetación, vimos algunos de los árboles de cítricos que le dan nombre al paraje; nos dijo que algunos de esos árboles tienen más de cien años, y siguen dando frutos.


Tras una buena caminata a selva traviesa, llegamos al horno de carbón; en mi vida había visto uno, y realmente me sorprendió el laburito que debe llevar hacer uno, para tener luego que prenderle fuego y ver cómo toda esa madera se reduce a carbón...

Aquí lo vemos a José María con un coqueto
delantal de los vinos "Pueblo del Sol"

Según nos dijo, para optimizar su labor, hizo unos cruzamientos entre abejas y bichitos de luz, cosa de poder trabajar de noche. 

Volvimos luego al puerto, nos despedimos de los pescadores, de Mujica y de Píldora, pero no de nuestro anfitrión, ya que nos pidió que lo arrimáramos hasta La Charqueada, dado que tenía que hacer algunas diligencias por el pueblo, y era más rápido en la lancha a motor que ir remando.Eso sí, el bote había que llevarlo, de lo contrario no podría volver.


Al bote le había entrado agua, así que activó la bomba de achique: una botella de plástico de dos litros cortada, con la que fue sacando el agua del fondo de a poquito...
Resuelto el problema, enganchó el bote a la lancha de motor, y así se fue con nosotros hasta La Charqueada...



Hay una casa allá entre la arboleda 
en donde vive el Perico Alcasotro,
navegando sobre siete pilares, 
la acorralan despacio los agostos, 
las aguas grávidas de la creciente, 
le traen de vez en cuando los despojos, 
de alguna lancha de contrabandistas, 
es un misterio la vida de Alcasotro. 


Ya se le puede ver calafateando, 
alguna embarcación por los canales, 
con la espátula haciendo maravillas, 
la pipa entre la boca desdentada, 
y la camisa manchada de aceite, 
y la ansiedad mordida por los vientos, 
rachas de eternidad son sus silencios, 
hacha de un sol bestial mata en su cara. 

Dicen que dio una vez la vuelta al mundo, 
que otra vez se cargó cuatro gendarmes, 
cosa triste de ver que cierta gente, 
no hable bien de quien hizo algo importante, 
carajo no hay más ley que la de abajo, 
solo la ley del pobre al pobre abriga, 
que aquel que anda en malas con los retobados, 
es que anda en buenas con la policía

Cuando el tano le da a la verdulera, 
a él le gusta bailar con la Celina, 
y esa mañana de invierno o primavera, 
toda la isla entera se endominga, 
cuando su boina viene a los chinchorros, 
se arman grandes fritangas populares, 
crece un humo violento de chupines, 
que hace de surubíes y de bagres. 

Tarde ha apagado ya su sol de noche, 
se duerme entre sus gatos y sus perros, 
y su casa navega intensamente, 
como nave de sombra en los sauzales, 
tras su bote borrachas las anguilas, 
dicen que van bailando en el verano, 
mientras su pipa ya en el mediodía  
va timoneando el pavor de los caraos...