viernes, 27 de junio de 2008

¡Cuidado con esos gringos... que se nos vaaaan!!!!

Resulta que el pasado 19 de junio, en ocasión del Natalicio de nuestro prócer, José Gervasio Artigas, escribí un texto acerca del hipotético destino que hubieran tenido estas tierras, si se hubieran respetado los ideales artiguistas. Debido al inesperado éxito de público y crítica especializada (los otros bloggers, bah) que me sorprendió enormemente porque a decir verdad no me parece que sea uno de mis textos mejor logrados, si es que alguno de ellos aspira a ser considerado siquiera como texto, vuelvo en la misma línea (debo confesar que el éxito fácil me tienta, así como el incremento en mis ya abultados ingresos, tanto es así que la DGI empezó a vigilar con interés mi capital).
La cuestión es que entre 1806 y 1807, el Río de la Plata fue visitado por expedicionarios británicos, que intentaron aliviar a los españoles de la pesada carga de las colonias ubicadas en ambas márgenes de este río ancho como mar. El episodio, conocido como las Invasiones Inglesas, tuvo en jaque a los ¿pacíficos? pobladores de las colonias, que tras una serie de enfrentamientos y escaramuzas expulsaron a los británicos, quienes debieron poner los pies en polvorosa, o a decir verdad, en sus navíos, y los promitentes invasores se volvieron a su motherland chiflando “Jack the sailor” entre dientes.
Y... ¿qué sería de nosotros si no hubiéramos expulsado a los británicos? Muchos dirán que seríamos ingleses de segunda, que el Reino Unido nunca nos consideraría verdaderos hijos de la madre Inglaterra, que bla bla bla... Me ando sospechando que ser inglés de segunda tiene más beneficios que ser uruguayo de primera, pero claro, eso es una mera especulación, y puedo estar equivocadísima como de acá a Newcastle, mirá si no lo mal que les ha ido a los australianos y a los neozelandeses, y lo bien que nos va a nosotros. En fin...
Como sea, aquí dejo algunas ideas que se me han ocurrido acerca de cómo seríamos hoy si no hubiésemos expulsado a los ingleses:
· Para empezar, mis padres no me hubieran mandado a estudiar otro idioma durante la mitad de mi infancia y toda mi adolescencia; en caso de que mi mamá hubiera tenido una visión distinta de las cosas, yo hubiera estudiado español en el Instituto Hispano
· El territorio estaría dividido en condados, no en departamentos, que tendrían nombres tales como Flowers, Black River, Saint Joseph, Long Hill y Thirty-Three
· Carmelo Vidalín sería intendente del Condado de Peach
· La ciudad de Young se llamaría igual, pero se pronunciaría “iang” y no “yun”
· La infusión más popular sería el té, y Artigas hubiera disfrutado del exquisito Earl Grey que le preparaba Ansina
· La religión mayoritaria sería la anglicana (Oh... my... dog! ¡Nos perderíamos los consejos y recomendaciones de Cotugno!)
· En Navidad comeríamos el tradicional budín inglés
· La semana de turismo sería célebre por la cacería del zorro
· La National Comedy actuaría en el Drake Theatre
· El diario de mayor tiraje sería The Southern Star, y los domingos publicaría el célebre libro de los clasificados Louis the Rooster
· Los vehículos circularían por la izquierda
· Los ómnibus de CUTCSA serían de dos pisos, y los guardas, en vez de gallegos, serían galeses
· Los taxis serían amplios y cómodos, y estarían pintados de negro (¡Fuera ese amarillo horroroso!)
· Los principales equipos de football serían el Uruguay Athletic Club, el Central Uruguay Railway Cricket Club, el Albion Football Club y el Kennel Club
· En vez de truco, jugaríamos al bridge
· En vez de empanadas criollas comeríamos kidney pie (pastel de riñones)
· Los Beatles hubieran imitado a los Shakers, y los Rolling Stones a los Mokers
· Mónica Farro, Claudia Fernández y Abigail Pereira serían las próximas “Chicas Bond”
· En Halloween habría rituales en la gruta del Arequita, con murciélagos y todo
· Abel Carlevaro sería un célebre gaitero
· Jaime Roos sería el autor de “A toast for the Clown”
· En los colegios caros de Carrasco se estaría imponiendo la celebración de la Noche de San Juan con hogueras y todo
· En los boliches de Bartolomé Mitre, el día de Sant Jordi se celebraría por todo lo alto, y se les regalarían rosas rojas a los clientes
· Gardel habría nacido en Tacuarembó, y sería hijo del Coronel Plaster, pero los argentinos insistirían con que es de Southampton

jueves, 19 de junio de 2008

Reflexiones de un feriado gris


"A José Artigas"
Alfredo Zitarrosa

Resulta que yo tenía pensado publicar otro texto bien distinto de éste mañana viernes (soy tan obsesiva para todo que siempre tengo varios textos prontos por si viene el viernes antes de lo previsto) pero a raíz de los comentarios que dejaron dejamuchacho y ro en el último capítulo de la Guía Práctica para conocer Uruguay, y sumado a eso, que hoy 19 de junio es feriado por el natalicio de José Artigas, nuestro prócer, se me aparecieron de golpe unas ideas que son estas que ahora escribo.
Resulta que Artigas creyó siempre en la unidad de las provincias del Río de la Plata; jamás se le ocurrió pensar en que la Banda Oriental fuera un país independiente, como terminó siendo ni bien él se distrajo. (Una de las tantas particularidades del Uruguay es que su misma existencia es la prueba más fehaciente de la traición a los ideales de su héroe nacional; no sé si hay otro caso igual.) Pero los vivos que vinieron después se cortaron con lista propia, y este territorio pasó a ser lo que es, un paisito, y no lo que hubiera sido, una gran provincia que integraría, junto con las otras provincias hermanas, un país bien distinto.
¿Y cómo habría sido?
Para empezar, no se llamaría República Oriental del Uruguay, sino Provincias Unidas del Río de la Plata, o tal vez, Liga de los Pueblos Libres.
Sus habitantes seríamos rioplatenses, o unidenses, o provincianos, o ligueros, o librepopulares.
La capital sería Purificación.
Los nativos de la Banda Oriental seríamos bandidos, banderos o bandoleros.
Un importante porcentaje de nuestra población sería de origen charrúa.
Artigas no se hubiera ido al Paraguay al sentirse traicionado; hubiera muerto acá nomás, con la satisfacción del deber cumplido.
El “árbol de Artigas” sería un ceibo o un jacarandá, no un ibirapitá.
El Día de la Independencia sería el 29 de junio (por el Congreso de 1815) y no el 25 de agosto.
La bandera Nacional sería tricolor (¡Jijiji!)
El departamento de Rivera se llamaría Vaimaca.
El himno no empezaría diciendo “Orientales, la patria o la tumba” sino “Provincianos, la unión o la tumba”.
La avenida principal de Montevideo se llamaría 19 de Junio, y no 18 de Julio.
Colón de Santa Fe, Mandiyú de Corrientes o River Plate de Montevideo tendrían serias posibilidades de ser Campeones de la Divisional A.
Los balnearios más conchetos serían Las Cañas y Ñandubaizal.
Fontanarrosa hubiera sido habitué del Sorocabana de Montevideo, y Galeano se tomaría su café en El Cairo de Rosario.
El Che hubiera fumado La Paz suave.
Jaime Roos cantaría “cerca, Rosario siempre estuvo cerca”, Fito Páez cantaría “la calle Llupes raya al medio enfrenta Belvedere”, Jorge Nasser hubiera dedicado su “amo este lugar” a la provincia de Corrientes, Juan Carlos Baglietto sería negro y cantaría “la mandanga” y Ramona Galarza cantaría “a mi Tacuarembó porá”.
José Carbajal sería santafesino, y le dirían Sabalero por ser hincha de Colón.
Olmedo hubiera actuado en Telecataplum.
Antonio Tarragó Ros haría milonga, y Alfredo Zitarrosa sería famoso por sus chamamés.
Horacio Quiroga se habría ido a vivir a la Patagonia.
Valeria Mazza sería la estrella de Valentino Bookings.
El túnel subfluvial Paraná-Santa Fe sería obra de Eladio Dieste.
Chiquita Legrand haría sus eternos almuerzos en Canal 10.
El “Potrillo” Morena sería ídolo de Rosario Central.
Hugo Corazón de León sería ídolo de Newell’s Old Boys.
Nuestro carnaval sería el más famoso del mundo.
Nuestros alfajores, los más ricos.
Claudia Fernández sería vedette en Carlos Paz, e Ingrid Grudke sería vedette en las Llamadas de Sur y Palermo.
El puente San Martín no estaría cortado desde hace dos años, porque Botnia se habría instalado en Neuquén o en La Pampa.

Ahora les toca a ustedes.

sábado, 14 de junio de 2008

No dejen de ver...

Nuevo capítulo de Ágata: http://agatahistorietaimpresentable.blogspot.com/
y nuevo episodio de la Guía Práctica para conocer Uruguay (aquí abajo, nomás).

viernes, 13 de junio de 2008

Guía práctica para conocer Uruguay – Episodio VIII: Frases (des) hechas

Como el Uruguay no hay

No, claro que no, y lo mismo puede decirse de Zimbabwe, Tadjikistan, Islandia o Samoa, sólo que éstos son más difíciles de rimar.
Entre las cosas que acá no hay podemos contar con los terremotos y las erupciones volcánicas, tan frecuentes en otros países de América, no sé si debido a un suelo particularmente duro e inconmovible, distinto al del resto del continente, o por puro afán de diferenciarnos y que no nos confundan.
No hay mucha corrupción, pero básicamente creo que se debe que lo que no hay es mucho para robar. No hay tampoco indígenas; los uruguayos descendemos de los barcos, no de quienes poblaron originariamente estas
tierras; Rivera, allá por 1830 ordenó exterminar a los indígenas, no fuera cosa que algún día se les ocurriera reclamar los territorios a los cuales tenían derecho, es decir, todo el país, y los pobres criollos hijos de españoles tuvieran que volverse a la Madre Patria con una mano atrás y otra adelante, cosa que hoy en día muchísimos uruguayos hacen, y muchos otros sueñan con hacer, paradoja que le dicen. Claro, como el genocidio fue hace tanto y en un paisito medio insignificantón, nunca tuvo mucha prensa, pero de repente convendría de vez en cuando ir pensando en que una de nuestras señas de identidad debería dar más vergüenza que otra cosa. Sin embargo, para lo que nos conviene, sí que somos tremendos indios, pero de la garra charrúa me ocupo en párrafo aparte.


La garra charrúa

Se ve que mi desconocimiento en materia de antropología es tan vasto como profundo, porque que los charrúas tuvieran garras escapa a lo que yo sé, pero como los pobres fueron exterminados, me voy a quedar con la duda. La cosa es que en un país en el que todos somos caciques porque ya no quedan indios, traemos a colación esa frase que viene a ser que en momentos difíciles somos arrojados y valientes, y damos la vida por la causa, sobre todo en cuestiones futbolísticas. Jugamos partidos usando la garra charrúa, es decir, corriendo para empapar la camiseta, trancando al contrario sin importar las tibias que se fracturen, metiendo huevo; de jugar con ingenio, planificando cada jugada, ni hablemos, para qué si a fuerza de garra y corazón salimos adelante... Salimos de los mundiales, salimos de las copas continentales, salimos de los juegos olímpicos... El día que entendamos que al fútbol se juega con la cabeza y los pies, sin garras de ningún tipo, capaz que las poderosas escuadras de Venezuela, Australia, Dinamarca o Senegal dejan de llenarnos el arco de goles.

Los uruguayos somos todos directores técnicos

En el segundo episodio de la guía, ya había mencionado esta curiosa circunstancia: en un país cuya población asciende a tres millones de habitantes, hay aproximadamente unos tres millones de directores técnicos, principalmente de fútbol, aunque nadie le hace ascos a dar directivas en el básquetbol, el ciclismo, el tenis o la fórmula uno, que todo da igual, porque nadie mejor capacitado que un uruguayo para dar órdenes e indicarle a otro lo que tiene que hacer y cómo hacerlo. Nunca ganamos a nada, pero esta circunstancia se debe –corríjanme si me equivoco– a que a dirigir los equipos deportivos ponen a cualquiera, en vez de llamarme a mí.

Carnavales eran los de antes

Los carnavales de antaño, célebres urbi et orbi porque venían orquestas de otras partes del mundo, la gente organizaban bailes de máscaras –fastuosos en los clubes de la alta sociedad o modestos en alguna casa del barrio, que a éstos se les llamaba “asaltos”-- y los desfiles o corsos implicaban gran participación popular, eran, según dicen, bien diferentes a los de ahora; eso sí, antes cualquiera cantaba en una murga, y ahora si no sos primera voz en el SODRE o egresado de la Escuela Nacional de Música o coreógrafo con una pasantía en el Bolshoi o trabajaste como escenógrafo en el off-Broadway, no podés presentarte al concurso oficial de agrupaciones carnavalescas con serias aspiraciones de ganar. Eso sí, las murgas actuales cantan muchísimo mejor, tienen unos vestuarios y maquillajes que ya quisieran en la Scala de Milán y hacen unos espectáculos que los podés pasear por todo el mundo con total garantía de calidad, pero claro, era mejor cuando un grupo de amigotes cantaba desafinado y vestido y pintarrajeado de cualquier manera, que ya sabemos que todo tiempo pasado fue mejor, sobre todo porque vos tenías 18 años y no 75.


M’hijo el dotor

La frase no alude a la obra del dramaturgo Florencio Sánchez, que planteaba la brecha generacional, el cambio de los valores, los conflictos campo/ciudad y tradición/modernidad, sino esa especie de manía obsesiva de los sectores medios del Uruguay de hace unas décadas de que el hijo llegara a la Universidad y saliera con un título a como diera lugar. “Yo no tuve la oportunidad de estudiar, pero a mi hijo no le va a faltar nada” era una frase casi obligada en los hogares uruguayos, en la época en que se creía que la educación podía cambiar al mundo, y se hacía cualquier sacrificio por darles a los hijos -- y a los nietos—una vida mejor. Partiendo de las mejores intenciones, se fue empedrando el camino hacia el infierno de la frustración de ser abogado o ingeniero para no defraudar a los viejos que tanto hicieron por mí, pero yo quería ser actor o diseñador de interiores, el infierno del superávit de profesionales al punto de casi haber más médicos que pacientes, y a que los taxistas tuvieran título universitario, porque ni pensar en ejercer la profesión con tan pocos puestos de trabajo. Y así se generó el exilio de cerebros y de títulos, y tanto sacrificio andá a saber para qué, y como dijo Javier Armentano –-que es argentino pero pa’l caso es lo mismo-- dentro de poco las nuevas generaciones hablarán de “mi viejo, el doctor”.


El Uruguay de las vacas gordas

Hernandarias introdujo la ganadería en estas tierras allá por 1603, y parece que a las vacas y a los toros les gustó el nuevo emplazamiento, y se reprodujeron con prisa y sin pausa. De ahí en más, la ganadería cobró tal auge que mucho depués, pasadas las luchas por la independencia y constituida la República, cuando se crea el escudo patrio, en él figura un buey, que es un animalito de lo menos autóctono que conozco, pero sí muy representativo, o al menos lo era hasta que las sucesivas crisis económicas, que se reprodujeron con prisa y sin pausa, transformaron a los bovinos en animales sagrados, y el tradicional churrasco que frecuentaba la mesa de los uruguayos pasó a ser parte de las leyendas que cuentan los mayores, cuya veracidad las nuevas generaciones ponen en duda. En el paisaje campero, las vacas gordas dejaron lugar a los eucaliptos flacos, para alimentar las procesadoras de celulosa para hacer papel. Tal vez ya sea hora de rediseñar el escudo patrio, y permitirle al buey que discretamente haga mutis por el foro.



La Suiza de América

En la legendaria época en que el Uruguay era un país pequeñito pero próspero, con altos niveles de escolarización y con una legislación de vanguardia, se ganó el apodo de “Suiza de América”. Por aquellos tiempos el peso valía más que el dólar, ganábamos campeonatos mundiales y les vendíamos carne a los europeos; los extranjeros de todo pelo que por distintas razones tenían que emigrar de sus países, encontraban aquí una tierra tranquila y un trabajo digno, con gran amplitud de criterio con respecto a religión e ideología. Claro, como todos los cuentos infantiles, esto es “había una vez... Ahora, de Suiza lo único que nos queda, probablemente, es el caldo en cubitos.



El uruguayo es un pueblo culto

¡Sin duda! Por eso mismo, las listas de libros más vendidos están encabezados por “El horóscopo chino” de Ludovica Squirru, el último opus de Paulo Coelho o Jorge Bucay o el imprescindible “Yo, Paco”; la revista “Caras” (que debería llamarse “culos”) tiene desde hace poco su versión uruguaya porque las colonoscopías de las argentinas no nos eran suficientes; al estreno de Spiderman o de Harry Potter van muchas más personas que a todos los festivales de Cinemateca de todos los tiempos juntos; no te podés subir a un ómnibus sin que el conductor esté escuchando “Malos pensamientos” o una selecta audición de Rascaman ("Si querés ir a una fiesta, vení y llevate esta, que te la apoyo por delante y por detrás"), y nadie se pierde un solo programa de un prohombre de la cultura como Marcelo Tinelli y su “Bailando por un caño”, amén de aderezarlo con los foros académicos conducidos por Jorge Rial y Viviana Canosa.
¡Periclaro!, dijera Jota Erre... Y el auditorio SODRE sigue sin terminar, y nos quejamos por la plata que se gastó en remodelar el Solís...


Cómo va a ser bueno/importante/famoso/destacado si vive a la vuelta de casa

Un uruguayo jamás puede ser famoso o importante; la escasa población del país hace que nos conozcamos todos, por lo tanto Fulano no puede ser un científico de renombre si el otro día lo vi en la feria comprando zapallitos, o cómo le van a dar un premio internacional al escritor Mengano si el domingo estaba en la cancha gritándole barbaridades al árbitro.
Eso sí, el científico Fulano y el escritor Mengano están encantados de vivir en Uruguay, por esta circunstancia que les permite seguir haciendo mandados y puteando tranquilamente, sin que la fama los moleste.



Frases de éstas en el acervo cultural uruguayo hay muchas más, pero lo dejo por acá para no aburrir. Y con esto doy por terminado el octavo capítulo de esta novela por entregas titulada “Nunca quise conocer Uruguay pero después de leer esto, se me fueron las ganas”.

viernes, 6 de junio de 2008

Tirreno

piel dorada
cuerpos esbeltos
sumergidos
en aguas claras

calor y sal
rumor de olivos
etruria y roma
en su pasado

un nombre prohibido
o casi

piel dorada
cuerpos esbeltos
que yacerán
sobre la albura

aroma de hierbas
bocas húmedas
el delicioso tormento
de la espera

olores prohibidos
o casi

el momento que llega
el oro líquido
que se derrama
lluvia balsámica

piel dorada
cuerpos esbeltos
la espera
ha concluido

sabores prohibidos
o casi





Cuando los penne rigate, dorados y esbeltos, están al dente, retirar la cacerola del fuego, colar y servir sobre nívea fuente; verter generosamente sobre ellos aceite de oliva, agregar mozzarella en trozos y tomates cherry cortados en mitades; aromatizar con hojas de perfumada albahaca fresca, y dejar caer una lluvia de pimienta negra molida... Buon appetito!


viernes, 30 de mayo de 2008

Ágata

ATENCIÓN: ÁGATA TIENE BLOG PROPIO...
AQUELLOS QUE QUIERAN VISITARLA, PODRÁN HACERLO EN
Desde hace algún tiempo, Rossana me viene sugiriendo (asediando, persiguiendo, acosando!) con que tengo que hacer una historieta. Para empezar por el principio, yo sé tanto de historietas como de física cuántica, o tal vez menos. Para seguir, mi capacidad de crear ficción es tan grande como mi cultura de historietas, así que andá llevando. Pero la cosa es que cada tanto, Rossana me largaba aquéllo de "Dale, con la chispa que vos tenés, y tus dibujos, cómo no vas a poder hacer una historieta", y a mí me sonaba igual que si me dijera "Dale, con la altura que vos tenés (1,57 m) cómo no vas a jugar al básquetbol". Bueno, la cuestión es que cuando ella lanzó la idea de hacer una telenovela colectiva en su blog (véase "El cristal con que se mira", vínculo a la diestra) y a mí se me ocurrió que la mala se llamara Ágata Amatista Ámbar, ella volvió a insistir: "Ves, la historieta tiene que ser de un personaje que se llame Ágata y que haga jijiji", y como yo no la podía matar en ese momento porque me daba pereza ir hasta su casa, sólo putée para mi coleto. Y lo peor de todo fue que un rato más tarde, cuando me duchaba, se me presentó Ágata y su historieta, y chorreando agua me senté a dibujar, y le mandé los bocetos a Rossana, que me hizo la crítica más constructiva del mundo, y entonces le hice unos retoques (a la historieta, no a Rossana), y bueno... Acá está Ágata.
Por quejas, dirigirse a "El cristal con que se mira" (vínculo a la diestra).
¡Jijiji!







¿CONTINUARÁ?

viernes, 23 de mayo de 2008

Guía práctica para conocer el Uruguay – Episodio VII Costumbres uruguayas, tercera parte: la casita de la playa

De las costumbres humanas y particularmente uruguayas más inexplicables para mí (me atrevería a decir que constituye uno de los misterios más grandes del mundo, junto con el de las figuras de Nazca), está la de tener una casita en la playa, lo que implica que todos los fines de semana largos y todas las vacaciones de tu vida las tendrás que pasar en el mismísimo lugar, en la misma casa, con el mismo paisaje, los mismos vecinos... y eso si es que no vas desde antes de nacer, porque seguramente ahí mismísimo fuiste concebido, entre el sonido de las olas y el zumbido de los mosquitos. Será que yo soy más bien partidaria de Heráclito, aquel muchacho que no se bañaba dos veces en el mismo río y que dijo que no hay nada permanente, excepto el cambio, que la rutina y la repetición no las practico ni en el trabajo, mucho menos en las vacaciones.
Hace unas décadas atrás, en el mundo occidental se empezó a poner de moda la costumbre de pasar el verano en la playa; que los beneficios de los baños de mar, que el sol, que los huesos y la vitamina D... Como suele suceder, una moda trae la otra, y comenzó el boom de construir hoteles, bungalows, cabañas, apartamentos y casas al borde del mar. Fue por ese entonces que el uruguayo medio, en aquellas épocas que hoy parecen tan lejanas, en las que las reses de ganado bovino eran más voluminosas que ahora, comenzó a soñar con la casita de la playa. Una vez que concretaba el sueño de la casa propia, comenzaba a soñar con la casa propia, pero en un balneario, y así se fueron poblando de cimientos, ladrillos y tejas las playas de Canelones, primero, las más cercanas a la capital; luego las de Maldonado y finalmente las de Rocha. Con el correr de los años, la costa se fue poblando cada vez más y más lejos, a medida que las carreteras y los medios de comunicación fueron mejorando, de modo tal que en breve habrá que invadir Brasil porque la costa uruguaya ya está toda loteada.

A aquel Uruguay de las vacas gordas le pasaron gobiernos de todos los colores, una dictadura sangrienta, crisis económicas, exilios políticos, exilios económicos, las vacas gordas fueron sustituidas por los eucaliptos flacos, el trabajo de cuarenta años en la misma empresa fue sustituido por el multiempleo, el cambio de empleo y el desempleo, el matrimonio para toda la vida fue sustituido por el matrimonio a plazo fijo y el concubinato, y la familia tipo de papá, mamá y los dos nenes pasó a ser papá con su esposa, los nenes de él, los nenes de ella y los nenes de ambos, mamá con su esposo, los nenes de ella, los nenes de él y los de ambos, más las dos docenas de abuelos, que como ahora los viejos son jóvenes y ya no se mueren como antes, cada niño tiene más abuelos de los que puede soportar. Y la gente igual sigue soñando con tener una casita en la playa, si es que aún no la tiene.
La cuestión desde los puntos de vista cronológico y arquitectónico funcionaba --y funciona hasta el día de hoy-- más o menos así: primero se deberá comprar un terrenito de 50 metros por 50 en Las Toscas, o uno de 500 por 500 en San Rafael, o agarrar uno de límites imprecisos en el Cabo Polonio; el terreno antedicho podrá estar ubicado a la vera del mar o a 5 km de la costa con vista a la ruta interbalnearia según gusto, poder adquisitivo y conveniencia de cada cual. Como acto fundacional se construirá en él el parrillero (que uno podrá ser un sin-techo, pero jamás un sin-asado); posteriormente, se construirá --cuando se pueda-- un cubículo techado que será a la vez galpón de herramientas y materiales y casa de veraneo hasta que se contruya la verdadera; luego se irá construyendo la casa definitiva, que por regla general, jamás se terminará, salvo que uno no sea un verdadero uruguayo por más que su partida de nacimiento así lo afirme. El estilo será de lo más ecléctico posible, y en discordancia con las demás casas del balneario, si las hubiere. Así es que hay unos chalecitos con techos de teja, porche con arcada, abundancia de piedra laja y canteros con hortensias junto a palacetes moriscos con muros encalados, cajones prismáticos salidos de la escenografía de Star Wars junto a casonas estilo Tudor con vigas de madera, ventanas abuhardilladas y techo a dos aguas, casas con techo de quincho a la sombra de un espeso pinar y casas de ladrillo visto con ventanales enormes protegidos por venecianas de PVC.

Luego se procederá a alhajar la casa; en la medida de lo posible, a ella llegarán todos los electrodomésticos, muebles y enseres que ya no se usen en la casa de la ciudad, de forma que la heladera Frigidaire del año 65 tendrá su lugar en esa nueva casa, no será posible encontrar dos sillas ni remotamente parecidas, y la docena de vasos constará de nueve piezas, a ser posible todas distintas, a menos que uno sea tenaz consumidor del requesón de Conaprole, que viene en un práctico vaso de vidrio, con lo que se logrará armar un juego de infinitas piezas.
Lo realmente importante de la casa no será el estilo, ni las comodidades –o incomodidades-- que posea, sino el nombre. Una casa de playa que se precie deberá tener uno. Lo más habitual será formar un nombre lo más impronunciable y cacofónico posible, con las primeras letras de los nombres de quienes habiten la casa; es así que una se encuentra con esperpentos tales como Danijorana, Marterefer, Rubalband o el increíble Anacarandalagas (este último sí existe en Cuchilla Alta, no es, como los otros, fruto de mi imaginación). También se la podrá bautizar de un modo que el nombre indique lo que representa la casa para su propietario: El remanso, Mi sueño, Gracias a los viejos o Valium 10. Los hay que denotan la más absoluta falta de imaginación por parte de sus propietarios, ya que simplemente hacen referencia a una característica más que obvia de la casa o del lugar: La loma, Los pinos, Vistalmar, Los tronquitos.
El veraneo propiamente dicho consiste en ir todo el familión junto en la misma fecha, o dividir el almanaque en una suerte de tiempo compartido, si es que no la podés ver a la insufrible de tu cuñada. Las jornadas carecerán de planificación, porque lo que se hace en un balneario ya está determinado desde el mismísimo momento del Big Bang: levantarse temprano, desayunar, bajar a la playa, instalar las sillas en el mismo sector de toda la vida, caminar por la orilla del agua hasta la roca con forma de zapato, cruzarse a la misma hora con los mismos caminantes, volver, pegarse un chapuzón, comentar cómo está el agua, sentarse a tomar mate y conversar un rato, volver cuando pega el sol muy fuerte, pensar qué se va a comer, ir al supermercado, hacer las compras, cocinar, comer, lavar los platos, dormir la siesta o leer el best-seller de moda, bajar a la playa, jugar al tejo, pegarse otro chapuzón, comentar cómo está el agua, sentarse a tomar mate y conversar, aplaudir cuando se pone el sol, volver cuando refresca, ducharse, aprontar la parrilla, hacer el asado, cenar, jugar al truco o a la conga, irse a dormir, que mañana será el mismo día. Por lo que tengo entendido, en algunos cuarteles el entrenamiento militar da muchas más opciones y sigue un cronograma mucho más flexible.
La diversidad únicamente estará dada por el cambio de modelo y color de los trajes de baño, el aumento o la disminución del número de kilogramos de los veranenates, el aumento del número de integrantes de la familia –sea por nacimiento o por boda-- o la disminución del mismo –sea por fallecimiento o por divorcio--. Las conversaciones, en cambio, versarán siempre sobre los mismos temas: los cambios en el balneario –una heladería que cerró, la pavimentación de un tramo de calle, un nuevo supermercado, por fin vendieron la casa de la esquina, qué raro que este año no hay tanta aguaviva como el año pasado-- y la vida de los otros veraneantes –a don Enrique lo operaron del corazón, viste la cicatriz que tiene, los dos musculosos de sunga que alquilan la casa de Marita para mí que son pareja, qué desperdicio, viste que Claudia volvió porque se divorció, que con el exmarido no veraneaban acá porque él no se llevaba con los suegros, Luis cambió a la mujer por una 20 años y 20 kilos menor, qué enorme está Cecilia, la hija de Mariela y Roberto, si hasta novio tiene--. De la crisis energética, del precio del dólar, de la campaña presidencial en Burkina Faso, de la adquisición de un jugador bengalí por parte del Manchester United en 30 millones de euros o de la última película de Woody Allen no se hablará jamás, que de cómo sigue el mundo nadie tiene idea, que a qué viene una a la casa de la playa, sino a desenchufarse.
Evidentemente, para mí equivaldría a que me desenchufaran el respirador, pero yo ya tengo claro que soy extranjera, por más que mi partida de nacimiento se empeñe en decir otra cosa.

Y con esto termina el séptimo capítulo de esta novela por entregas titulada “Nunca quise conocer Uruguay pero después de leer esto, se me fueron las ganas”.

sábado, 17 de mayo de 2008

La historia jamás contada del Gaucho Patarrajada


El cristal con que se mira,
el bló de doña Rossana,
hará cosa ‘e una semana,
propuso hacer sin temor
el decálogo del escritor
p’aquel que tuviera gana’.

El desafío acetaron
orientale’ y argentino’;
el Santi, con muy buen tino,
la dulce y bella Rossana,
el Fede le metió gana
y el Germán, escritor fino.

La Maga fue la ingeniosa,
y hasta la propia Andal Trece,
que de talento carece
acetó con gusto el reto,
con resultado discreto;
no sé a usté qué le parece.

Pero de golpe y porrazo
sucedió una cosa rara:
se les dio por dar la cara
a escritore' difunto’.
Fue en tropel, todo’ junto’,
cual si del cielo bajaran.

Y don Roberto Bolaño,
y el Augusto Monterroso,
y Quiroga, ese buen mozo,
suj decálogo’ dejaron.
Con su saber alumbraron
ese foro tan gozoso.

A la Flaca se le ocurrió
que andaba suelto un Marqués
y que este hombre tal vez
andaba con los finados
escritores mencionados.
¡Cosa ‘e Mandinga pa’ mí es!

Y ej entonce' que aparece
de las tinieblaj un Conde,
salido no sé de dónde,
usando una lengua estraña,
como una tela de araña
que mucho misterio esconde.


Y le’ juro que me vino
como una cosa en el pecho...
¡Ahijuna, que no hay derecho
que noj invadan lo' gringo’!
Entonce’ monté mi pingo
y al cruce me fui derecho.

Y para colmo de male’
fue que este Conde sotreta
me largó un guante en la jeta,
pensando que yo era maula...
¡Solito cayó en la jaula
y se sacó la careta!

Pero el misterio prosigue...
¿Quién es este desafiante?
¿Quién ej el gaucho atorrante
que al Conde le puso coto?
¿Quién ej el payador inoto?
Si usté lo sabe... ¡puej cante!

sábado, 10 de mayo de 2008

Cambio de rumbo



No sé si será porque me invadió la melancolía ahora que estoy por cumplir 41, o porque el último episodio de la Guía no tuvo la acogida por parte del público y de la crítica especializada que yo me esperaba, o lo que sea, pero he decidido darle un drástico vuelco a mi blog, dejarme de joder con la crónica humorística. De ahora en más, pura tragedia. Y poesía.

Inocencia interrumpida

Allí estaban
pequeñas
regordetas
su piel lozana
lisa y tersa
rubias
la madurez apenas
una sospecha
soñando quizás
con mieles futuras
ignorantes
de su destino
trágico y cruel.

Nunca llegaría a ellas
ni un atisbo del mañana.

Esas manos
enormes
toscas
esa crueldad
inhumana
segaría para siempre
su pureza.

El filo del cuchillo
cayó a plomo
desolló
cortó en pedazos
esa pureza
esa tersura
descuartizadas.
ni un gemido
tal vez una lágrima

Sus trozos grávidos
cayeron en el foso
el fuego
de todos los infiernos
ardió bajo sus restos
ni un entierro digno.
la innecesaria humillación
de un caldero burbujeante.

Finalmente
los fragmentos
dejaron
escapar sus almas
liberaron
sus póstumos fluidos
sólo quedó
la blanda dulzura.

La compota de peras
estaba pronta.



jueves, 1 de mayo de 2008

Guía práctica para conocer el Uruguay – Episodio VI Costumbres uruguayas, segunda parte: Diciembre

Este nuevo episodio de la Guía está basado en un texto que escribí hace unos años atrás para un sitio de viajes (Virtual Tourist) del que aún formo parte, si bien hace mucho que ni me aparezco por allí. Pero como dice la filósofa argentina Mirtha Legrand, “el público siempre se renueva”, así que lo publico de nuevo luego de haberle hecho algunos retoques (tantos como tiene ella, más o menos):

Diciembre no es sólo el último mes del año del calendario occidental y cristiano; para los uruguayos, es EL MES. Todo el mundo sabe que hay tres días marcados en el almanaque en el mes de diciembre: el 24, también conocido como Nochebuena, el 25 o Navidad y el 31, o Fin de año. Carece de importancia si se es cristiano o no; todo el mundo celebra, porque forma parte de los deberes cívicos de todo uruguayo festejar y despedir el año.
Durante diciembre, tenemos que asistir obligatoriamente –so pena de que nos quiten la ciudadanía-- a varias fiestas con amigos, compañeros de trabajo, ex-compañeros de trabajo porque hace 12 años que te jubilaste, familiares, vecinos, compañeros del gimnasio, del coro, de facultad, o lo que sea... sólo para decirle adiós al año que agoniza y desear un año nuevo mejor que el que se va. No tiene la más mínima importancia si a tus amigos los ves dos o tres veces por semana y te irás de vacaciones con ellos durante todo el mes de enero; menos importa aún que desprecies a tu jefe o te lleves horrible con dos o tres colegas, con los cuales competís ferozmente los otros once meses del año, ni que detestes a tu cuñadita que lo único que hace es vivirlo a tu pobre hermano, que dicho sea de paso tampoco querés mucho porque es un calzonudo, ni que estés en pie de guerra con el vecino de al lado por las ramas del paraíso que pasan para tu patio y te pasás barriendo hojas, ramitas, flores y las molestas pelotitas que larga el árbol. Lo que verdaderamente importa es que con todos ellos organizarás y compartirás despedidas de año, o sea que durante el mes asistirás a tres, cinco, diez, o todas las fiestas que sean necesarias, según lo nutrida o desnutrida que sea tu agenda social.

Las despedidas pueden tener lugar en el Mercado del Puerto –si vivís en Montevideo o zonas cercanas no te vas a salvar, seguramente-- o diversos restaurantes, bares, pubs o locales similares, siempre que se haya tenido la precaución de reservar mesa en agosto, porque después no encontrás sitio en ningún lado. Lo mismo ocurre en los clubes privados, que siempre hay alguien que es miembro de alguno y puede reservar el parrillero, el quincho o la barbacoa, según en qué zona se viva y cuánto estén dispuestos a pagar los festejantes, que es todo lo mismo pero te cobran según la palabra que designe al lugar. Y si no, queda ir a la casa de alguno que tenga fondo amplio, o incluso su propio quincho. En algunos casos lamentables, la despedida se organiza en el propio lugar al que pertenecen los asistentes, es decir, que no sólo tenés que ir todo el año al mismo lugar a trabajar o a estudiar y ver las mismas caras, sino que un día de fiesta lo pasás en la misma oficina, taller, fábrica, club o parroquia, viendo los mismísimos rostros antedichos. Como sea, la fiesta esencialmente consistirá en comer y tomar alcohol como si se tratara del fin del mundo, porque al cuarto whisky o a la sexta copa de medio y medio ya querés a todos, incluidos tu jefe, tu cuñada y el vecino insoportable.

Toda despedida de año que se precie de tal deberá incluir el juego del “amigo invisible”, que consiste en poner los nombres de todos los asistentes en sendos papelitos que irán a una bolsa de la cual posteriormente cada uno extraerá el nombre de quien va a agasajar en calidad de favorecedor desconocido. Es así que cada uno deberá comprar un regalo para obsequiar, anónimamente, al usuario del nombre que figuraba en el papelito que sacó de la bolsa. Evidentemente, este juego se debe organizar antes de la despedida, y es en ésta que los regalos serán distribuidos a sus correspondientes receptores. Es así que una sale de cada despedida no sólo con un nivel de colesterol más alto, una jaqueca importante y un ataque al hígado de proporciones, sino que se lleva, además, un nuevo imán de heladera, una nueva lapicera o un nuevo brazalete. Es muy saludable para evitar rencores y envidias el fijar un monto para el regalo, no sea cosa que a la inútil del escritorio de al lado le toque un perfume francés de 50 dólares y a vos una humildísima cajita de sujetapapeles de colores.

En el correr de la despedida, a medida que el nivel de alcoholemia de los asistentes vaya subiendo, se irán haciendo proyectos para el año que se aproxima, se mentirá descaradamente el afecto que sienten los unos por los otros, y se desearán lo mejor para el resto de sus vidas, todo esto en medio de acaloradas discusiones acerca de política, economía, fútbol, reforma educativa, servicios de salud, teleteatros brasileros, programas de Tinelli y la vida y obra –con lujo de detalles-- de los que no fueron a la fiesta. Al final, y como es natural, se armará una disputa acerca de lo que hay que pagar y por qué yo que no tomo whisky tengo que pagar tu Johnny Walker, y aquella que vino con el hijo no quiere pagar su parte porque dice que es chiquito y casi no come y resulta que el borrego comió más que el resto de la concurrencia toda junta.
Si una sobrevive con cierta dignidad a cinco o seis de estos acontecimientos, ya puede dedicarse a las Fiestas propiamente dichas: Nochebuena, Navidad y Fin de Año (y ya que estamos, el día de Año Nuevo, que es el año que viene paro lo incluimos en el paquete). Las Fiestas se pasan en familia, como corresponde, en el entendido que la familia no son solamente son los padres, los abuelos, los hermanos, los sobrinos, los tíos y los primos, sino también los suegros, los cuñados, los tíos políticos, los sobrinos políticos y los primos políticos, sin dejar de considerar que, a su vez, cada uno de ellos tiene su propia familia. Ahí es cuando empieza la eterna discusión de todos y cada uno de los diciembres de la vida de un uruguayo: que si vamos a la casa de tu familia el 24, y ellos vienen el 25, y el 31 vamos a lo de la abuela Cota, y el 1º a lo del tío Enrique, pero que mi hermana, o mi primo, o los nenes, o... Que si hacemos lechón, o cordero, o los dos, no, que Fabio no puede comer, que tiene colesterol, mejor compramos pollo, y antes hacemos una picada, y después helado, o mejor ensalada de frutas, o las dos cosas. ¿Y el pan dulce? Y el budín, que a Magdalena el pan dulce no le gusta, y compramos unas nueces, ¡no! que el abuelo tiene ácido úrico... Que si uno paga todo y después arreglamos, no que tu hermano siempre se hace el vivo, mejor cada uno lleva algo. No, que Alberto compra cualquier porquería, y viste como es tu madre, que cocina divino pero después nos echa en cara todo lo que trabajó... ¡¡¡Ufa!!!!
De los regalos y de Papá Noel mejor ni hablo, porque eso es igual en todas partes del mundo, desde que el verdadero objetivo de la Navidad no es celebrar el nacimiento del salvador sino comprarle la Playstation 4 al hijo más chico y el celular con cámara de video y mp5 al más grande.
Y así llega la Noche ¿buena?, y una está muerta de cansada porque hace once meses que no tiene vacaciones, porque hace dos semanas que vive en una especie de sambódromo permanente entre tanta partusa de despedida, porque hay 32ºC –sí, estimado extranjero que lees estas líneas: ¡diciembre es en verano!!!-- y tiene que bancarse a la familia y sentarse de pésimo humor –estrenando la clásica bombacha rosada -- a comer aceitunas, maní salado, salamín, quesos, papas chips, longaniza, sandwiches de pavita y de choclo, empanaditas de pollo, chorizos, chinchulines, lechón, cordero, asado, ensalada rusa y ensalada mixta, porque como al final nadie se puso de acuerdo, hay de todo, amén de vermú, whisky, vino, cerveza y coca-cola, de la común, eso sí, porque tomar refrescos de bajas calorías a estas alturas carece de sentido. Y después vienen los postres, la ensalada de frutas que sólo la tía Elisa puede hacer porque hay que pelar y cortar frutas para 20 personas, el helado de un sabor que a nadie le gusta –¿quién fue el iluminado que compró helado de menta?-- y la famosa torta de duraznos de tu prima Sonia, que la verdad es que le queda riquísima y tiene calorías suficientes como para emprender el cruce de la Antártida caminando descalzo. Y a medida que se acercan las doce de la noche, aparecen las frutas secas –nueces, avellanas, almendras, pistachos, castañas--, las frutas glaseadas –que parece increíble pero hay quienes les gusta-- los turrones, el budín inglés y el pan dulce, todo convenientemente regado con sidra, champaña o algún otro vino espumante, si es medio y medio mejor, para mí rosado pero no le hago ascos al blanco.

Y al dar las doce, en medio de un bombardeo de cohetes y fuegos artificiales –que comenzaron a sonar el 1º de diciembre, no te vayas a creer que nos arriesgamos a hacer algo así sin ensayar durante 23 días-- todos nos saludaremos y nos desearemos “feliz Navidad”, sin que a nadie se le pase por la cabeza que es el nacimiento de Jesús, el mismo que echó a los mercaderes del templo y predicó y practicó la pobreza, porque si hay una fiesta poco cristiana por estos lares –y lo dice una agnóstica-- es la Navidad.

Después viene lo peor –siempre se puede empeorar--: hacer las cuentas y lavar los platos, que los que no hacen ni harán ni lo uno ni lo otro se sientan a decirte que por qué no te sentás un rato así charlamos tranquilos, vení a tomarte otro heladito.Cuando esto ¿termina? son las 4 de la mañana, detestás no ya a tu familia sino a todo el género humano y al canino porque las pastillas para sedar que le dio el veterinario al perro no le hicieron efecto y se ha pasado aullando y meando en la alfombra por culpa de los cohetes que le tiraron tus encantadores sobrinos que son unos verdaderos inadaptados sociales.

Ahora, a tomar cuanto analgésico y antiácido encuentres en el botiquín y a dormir un rato... no demasiado, que mañana –hoy-- es Navidad y eso sí que hay que festejarlo!!!
No te agobies... ya tendrás tiempo para descansar y para organizar la cena de Fin de Año y el almuerzo de Año Nuevo, pero para eso, faltan 7 días...

Y así culmina el sexto capítulo de esta novela por entregas titulada “Nunca quise conocer Uruguay pero después de leer esto, se me fueron las ganas”.