La cosa comenzó un mediodía calurosísimo de enero, el año pasado. Era el cumpleaños de Patricia, y lo festejaba con un almuerzo. Allí estábamos sus amigas, y fue en esa ocasión en que conocí a Ro. Nos pusimos a conversar, y no sé a raíz de qué, ella me preguntó si yo no tenía un blog. Mi respuesta fue algo así como: “No, es lo único que me falta para estar 25 horas al día en internet”. Porque lo cierto es que mi adicción a la PC y a internet no era nueva, y soy capaz de empezar leyendo algo sobre el Proyecto Genoma Humano por razones vinculadas a mi profesión, para terminar con la receta de una terrina de pulpo, habiendo pasado entre tanto por la cría de esturiones en Azerbaiyán, los entretelones de la última película de los hermanos Coen y los misterios que encierra la ciudad de Petra. La cuestión fue que Ro me dijo que ella hacía poco tenía un blog, en donde se había animado a publicar sus poemas y sus cuentos.
Esa misma tarde entré a “El cristal con que se mira”, y quedé fascinada con los cuentos breves de Ro. No sé por qué razón, en seguida le escribí a Patricia, y le dije que me había encantado el blog de Ro, y le comenté que yo tenía algunos de mis dibujitos colgados en un sitio web, así que ella tenía una amiga que escribía (muy bien) y una que dibujaba (muy mal). La cuestión es que Patricia le dio el dato a Ro, y en cuestión de ¿horas, tal vez?, empecé a ilustrar los cuentos del blog de Ro.
Allí comenzó una relación no sólo con Ro, que me enviaba –y aún lo hace- sus textos para que los ilustrara, sino con otro montón de gente que visitaba su blog. La gente dejaba sus comentarios acerca de mis dibujos, y yo respondía de atrevida, y empecé a colarme en sus blogs... Y fue en esos días, a comienzos de febrero, que Ro publicó un texto acerca de cómo sería encontrarse de verdad, cara a cara con la gente que conocemos sólo de “leídas”, lo cual suscitó una cantidad de comentarios... y a Germán no se le ocurrió nada mejor que decir que estaba de licencia, y que se venía a Montevideo y que quería encontrarse con los montevideanos. Con Ro y con la Flaca armaron un encuentro, y vaya una a saber por qué, me invitaron. Yo me negué, claro, porque no era blogger como ellos, y Ro me dijo que claro que sí, que la gente me tenía “incorporada” cono tal. Y como mencionó algo así como ir a tomar uvita al Fun-fun, ya no pude negarme, y allá fui.
A raíz de ese encuentro cara a cara con Germán, la Flaca y Ro (el Santi no pudo o no quiso ir, pero en ese entonces yo no lo tenía muy junado virtualmente), y no sé si por efecto de la uvita, del Cabernet-Sauvignon o de los arrolladitos primavera mezclados con charlas sobre Borges, Jaime Roos y el Gauchito del Talud (jamás confesaré públicamente que también hablamos largo y tendido de los otros bloggers), la cuestión fue que volví a mi casa con la certeza de que tenía que tener un blog. Por supuesto que las geniales ideas que cranée en ese momento desaparecieron sin dejar rastro ni bien me senté a escribir, pero al final, el 23 de febrero de 2008, nació este Ajo y Agua, un hijo inesperado, como tantos, pero que una vez que lo tuve, me fascinó.
Y comencé con breves crónicas humorísticas, y dibujitos, y después agregué música, y algunas fotos, y a veces me atreví con poesía erótica, y hasta con poesía gauchesca. Y aparecieron los primeros capítulos de la “Guía práctica para conocer Uruguay”, y los “diccionarios”, y “cómo hubiera sido este país si...” ¡Si hasta me animé a hacer una pseudo-historieta, a insistencia de Ro, con algunos de los bloggers como personajes!
Y esos “personajes” son, sin dudas, lo mejor de todo. El apoyo incondicional y el afecto y la inteligencia y la sensibilidad y el humor de Ro, de Germán, de la Flaca, parteros y padrinos de esta criatura; del Santi que resultó flor de tipo, de Susana con su cueva de cultura y refinamiento, de mi hijo de la vida el Fede, de Marxella desde México lindo y querido, de las gurisas Lara y Skyline con su frescura, y del gurí divino de ochenta y pico que es el Tata, de Juan Pascualero con su chispa desde Santo Pepe, de Martín con su agudeza y su cinefilia, de Dejamuchacho que es de allá pero es de acá de corazón, de Peter con su humor y su arácnido alter ego, de Julia con sus historias divertidas, de Edgardo con sus reflexiones que estremecen, de Camarandante con sus fotos estupendas, de Nico con su fina ironía, de Juanma con sus historias de cine, de Media Luna con sus exquisitos textos, del Corto con sus noticias tecnológicas que me desasnan, de Roberto con su amor por el sur, de Fernando con sus vinos y sus libros... y de tantos y tantos otros que enriquecen con su presencia y con sus opiniones este espacio.
Ajo y Agua cumple un año. Están todos convidados a la fiesta. La casa invita.